¿La buena o la mala suerte?

Escucho mientras viajo en un avión a una pareja de amigas de mediana edad que se hallan sentadas en los asientos contiguos a los míos. Es un viaje largo y la metralla es interminable. Una de ellas explica que hace un par de días, como cada lunes, fue a que le echaran las cartas. Necesitaba saber «lo que le deparará la suerte». ¡La suerte! ¡Cuántas veces las personas echamos la culpa a la fortuna de la buena o mala suerte de las cosas que nos suceden! Pensamos que es el azar el que guía los senderos de nuestra vida. Si es así, ¿dónde está el Dios que todo lo ha creado en la suerte de cada uno?
Todas las cosas que suceden -incluso ganar la lotería, que es cuestión de probabilidad y de suerte- están todas programadas por Dios. Dios sí interviene en todos los acontecimientos de la vida aunque muchos piensen lo contrario, aunque presupongan que no participa de las circunstancias que nos toca vivir. Porque Dios es el único y verdadero guía. Escuchando a estas dos mujeres pienso las veces que, creyendo en Él, actúo como si no interviniera en mi vida atribuyendo a la buena suerte aquello que me ha sucedido y a la mala estrella los inconvenientes y dificultades que me sobrevienen. ¿Por qué me cuesta tanto ver en todo la acción providente del Padre del amor y la misericordia? ¿Por qué me resulta tan difícil comprender que Dios todo lo guía, que conduce mi vida con un guión perfectamente escrito y estructurado aunque yo me ocupe de llenarlo de tachaduras y borrones?
Entonces interiorizo lo que Dios significa para mí, lo que ha hecho y hace en mi propia vida y no puedo más que agradecerle que haya estado presente en todo lo acontecido aunque en algún momento lo haya atribuido a la casualidad, la fatalidad, la buena suerte, el azar o la suerte. Y me arrepiento por las veces que no tuve la claridad suficiente para comprender que en cada suceso estaba la mano providente y misericordiosa de Dios que me guiaba, me protegía, me amparaba y daba luz a los claroscuros de mi vida. Y, entonces, me vienen a la mente esas palabras tan sanadoras del profeta Jeremías que te recuerdan las palabras del Padre: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del vientre materno, te consagré». ¡Sí, Señor, la buena suerte es que Tú eres mi Padre y yo una sencilla criatura tuya aunque a tus ojos soy grande y me has escogido como a todos los que leen esta página desde antes de nacer porque me amas y actúas con un amor infinito! ¿Cómo puedo atribuir a la suerte cada acontecimiento de mi vida si, en realidad, es un gran suerte ser una obra tuya?

orar-con-el-corazon-abierto

¡Padre bueno, Dios de la misericordia y del amor, hazme siempre responsable de mis actos, ayúdame a ponerlo todo en tus manos y contigo que sea mi capacidad de esforzarme, entregarme, sacrificarme, exigirme y meditar todas mis acciones la que me ayude a caminar en el camino de la vida! ¡Ayúdame, Señor, a ponerlo todo siempre en tus manos! ¡Te lo dejo todo a los pies del altar y en tus santas manos para que hagas de mi vida todo cuanto desees! ¡Pongo, Señor, todos  mis planes a los pies de la Cruz para que se haga siempre la voluntad del Padre, para que cada propósito lo viva siempre como una bendición tuya, para que mi caminar en este Adviento sea una preparación a aceptar todo aquello que quieres para mí! ¡Señor, abre mi mente, mi corazón, mis pensamientos y mis sentimientos a Ti y hazme sensible a escuchar tu voz! ¡Déjame que camine a tu lado en humildad, en verdad, en servicio, en sinceridad de corazón, en obediencia…! ¡Señor, todo lo pongo en tus manos, ayúdame a descargar mi vida en Ti porque es el único lugar donde encuentro paz y sosiego y me liberas de las angustias que me embargan! ¡Señor, qué «suerte» tenerte a mi  lado, qué «suerte» conocerte, qué «suerte» amarte, que «suerte» poder alabarte, qué «suerte» poner mi vida, mis debilidades, mis planes y mis fortalezas en tus manos! ¡Qué «suerte», Señor, que existen porque lo eres todo y lo significas todo para mí!

Oh Adonai, antífona de adviento del Magníficat que se canta en la oración de vísperas del 18 de diciembre. Hoy tenemos la «suerte»  de disfrutar de este brevísimo pero intenso canto:

Un comentario en “¿La buena o la mala suerte?

  1. Gracias Raúl. Es en gozada iniciar cada día con “tus” reflexiones. El entrecomillado NO es accidental. Felices fiestas de la Natividad de nuestro Señor. Un abrazo. Satur

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