Sobre tierra santa y bendecida

La festividad que celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia me parece una de las más bellas aunque en el entorno de la Navidad quede ligeramente semioculta. ¡Honrar hoy a la Sagrada Familia de Nazaret, el ejemplo vivo de auténtica familia cristiana y de familia que tiene a Dios en el centro de su vida! Pienso hoy con qué frecuencia dejamos de maravillarnos ante el misterio vivo que es para nosotros nuestra propia familia. Cualquier familia bendecida por Dios es sagrada por la unión sacramental. No nos damos cuenta que estamos asentados sobre tierra bendecida. ¡Santa! Allí están nuestras respectivas parejas, con sus virtudes y sus defectos. Nuestros hijos que Dios nos ha puesto en custodia. Los padres que nos han dado la vida. Los abuelos que nos han regalado la estirpe y la raíz del árbol de la vida. Los hermanos con los que hemos crecido en abundancia. Todo don de Dios.
En este día me acerco a José y a María para que en mi encuentro con ellos me presenten el misterio glorioso e invisible de ese Dios que se coloca en el centro de mi vida familiar. Les pido que me enseñen esa humildad que tuvieron uno con otro, esa sencillez de corazón, esa generosidad servicial para enaltecer al otro, para darle la dignidad que le corresponde.
Pido a José y María que mi hogar se convierta en aquella cueva pobre y sencilla de Belén en la que todos los miembros seamos capaces de adorar con el corazón abierto a ese Niño Dios que se ha asomado a nuestra vida en la alegría de la Navidad.
Pido a José y María que me enseñen a dar gracias por la presencia de Su Hijo en mi corazón de piedra para que lo ablande y lo haga sensible a las necesidades de los miembros de mi familia, que lo caliente con la fuerza del amor y de la entrega.
Pido a José y María que me enseñen a ser sencillo, a vivir en la pequeñez de lo cotidiano para que el Niño Dios pueda realmente morar en lo más íntimo de mi corazón. Es desde allí, desde la humildad de los pequeños gestos y las actitudes de entrega, como en la familia se pueden construir espacios de amor y de vida cristiana. Construir sobre la base del perdón, la generosidad, la humildad, la entrega, el servicio, el olvido,  la compasión, la tolerancia, la caridad, el respeto, la fidelidad. Con Cristo en el centro es más sencillo que se aleje de la familia el orgullo, el desprecio, el desdén, el amor propio, el rencor, el resentimiento, la ofensa, el desprecio y tantos otros elementos que rompen la unidad familiar.
Pido a José, a María y al Niño Jesús que me ayuden a dar el primer paso para que mi hogar se convierta con mi actitud en una verdadera iglesia doméstica, auténtica «sagrada familia» donde, ante todo, impere el amor.

orar-con-el-corazon-abierto

¡Padre bueno y misericordioso, gracias por presentarme en esta fiesta a Jesús, a María y a José ejemplos de amor familiar y de integridad personal! ¡Gracias, Sagrada Familia, por ser modelo de familia auténtica, de comunión entre vosotros, de santidad personal manifestada en cada gesto de entrega a Dios, de glorificación y de sencillez! ¡Gracias, Padre bueno, porque habitas en cada una de nuestras familias y nos inspiras a través de tu Santo Espíritu! ¡Haz, Padre, que seamos verdaderos santuarios de amor, templos de caridad y pequeños oratorios de servicio! ¡Convierte, Padre, mi corazón de piedra para que guíe siempre mis pensamientos y mis acciones, especialmente con mi cónyuge y mis hijos, con mis abuelos, mis padres y mis hermanos! ¡Ayúdame, Padre, con la fuerza de tu Espíritu a crecer en verdad, caridad, generosidad, fe y amor! ¡Haz, Padre, que cada pequeña crisis que surja en mi familia se cure con la fuerza de tu gracia y de tu amor! ¡Haz, Padre, que con la fuerza de tu Santo Espíritu reine siempre la fidelidad y la confianza y crezca la fe para superar todas las pruebas difíciles por las que tantas veces pasamos! ¡Ayúdame, Padre, a que con la fuerza de Tu Santo Espíritu aprenda de la Sagrada Familia el recogimiento interior, la predisposición a la entrega, la vida de oración, la comunicación en el amor y el perdón desde el corazón! ¡Enséname, Padre, con la fuerza de tu Santo Espíritu y con el ejemplo de la Santa Familia de Nazaret a llevar una vida centrada en la sencillez, en lo sagrado de la autenticidad y en la comunión de amor!

Bendice mi familia Señor y te canto hoy:

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