Terminar el año al ritmo del Magnificat

El Magníficat es uno de los cantos marianos que más me conmueve porque es el canto de los sencillos, de los pobres y de los humildes. Por eso es el canto de María. La alabanza a Dios que surge de los dulces labios de la Virgen. Este cántico sintetiza de modo sublime la historia de la salvación del género humano que Dios guía con su amor grande y misericordioso. Es el canto que prueba que Dios no abandona. Nunca. En este último sábado del año lo recito lleno de esperanza saboreando cada palabra porque comprendo que Dios actúa haciendo cosas maravillosas en la vida de cada hombre. Me muestra que no utiliza a los soberbios y orgullosos si no a los pequeños y a los sencillos, a los que tratan de servir con fidelidad en lo oculto de sus vidas y en el silencio amoroso de la oración con el corazón contrito.
Por eso, en este último día del año, le pido a María que me ayude a escribir en el cuaderno de mi vida mi propio Magnificat. Empezar el año desde la sencillez y la humildad con el corazón abierto, para ir saboreando en el silencio de la plegaria tantos dones y tantas gracias que Dios pone en mis manos pobres y pequeñas y que son el signo vivo de ese amor que tantas veces cuestiono por mi falta de confianza. Pero Dios es alguien que se complace siempre en elevar lo sencillo y en aplacar lo elevado. Que sea capaz de exclamar siempre como hizo María: «proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu, en Dios mi Salvador».

orar-con-el-corazon-abierto

¡María, cómo me gustaría parecerme un poco a ti Tú que viviste al ritmo del Magníficat! ¡Enséñame, María, a vivir mi camino de interioridad como hiciste Tú haciéndome pequeño, sencillo, generoso, humilde, esclavo del Señor y siervo del Altísimo! ¡Me gustaría, Señora, aprender de ti que viviste tu vida oculta, callada, siempre entregada a los demás pero que supiste retirarte a tiempo, en los momentos en que podrías haberte llenado de gloria! ¡Enséñame como hiciste Tú, María, a tomarme en serio el plan que Dios tiene pensado para mí, a comprometerme con valentía, a entregarme con fe firme y confiada! ¡Ayúdame, Madre buena, a abrirme a la propuesta que Dios tiene para mi vida por medio de vivenciar la Palabra y de seguir los consejos del Espíritu! ¡Decir un «sí» como el tuyo aún a sabiendas de no tener la certeza de cuál es el final del camino! ¡Quiero hacer, como hiciste Tú María, a hacer camino desde la vivencia de la fe, en las situaciones alegres y en las más complejas! ¡Ayúdame a vivir siempre con el espíritu del Magníficat, que de tus labios salió lleno de amor, agradecimiento, esperanza y alabanza!

¡Feliz año a todos los lectores de esta página!

Del compositor irlandés Charles Villiers Stanford (1852-1924) escuchamos hoy su precioso Magnificat en Do, op. 115.

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