Seguir la estrella que ilumina la vida

Hoy tres hombres siguen la luz luminosa de una estrella. Viajan guiados a la luz de la fe. No lo saben pero esos sabios que escrutan el cielo van al encuentro de la luz de Cristo, la verdadera estrella luminosa que ilumina nuestras vidas, la única capaz de indicar el camino que es preciso recorrer para alcanzar la eternidad. Esa luz transformó su corazón y su vida. Cambió la razón de su existir. ¿Por qué no puede suceder también conmigo?
Tres hombres buenos, prudentes, con principios , sabios, metódicos, esperanzados  —Melchor, Gaspar y Baltasar— en nombre de la humanidad entera, de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, van al encuentro del Niño Dios; en el camino tropiezan con numerosas dificultades e imprevistos, engaños y malicias, pero no se arredran, no reculan, no temen la aventura de encontrar a Dios en el desierto de la vida. Sospechan que esa estrella que los guía contrapone lo divino contra lo humano, la bondad contra la malicia, lo espiritual contra lo mundano. Desconocen por qué emprenden el camino, donde reside la grandeza de aquella decisión pero su corazón les invita a seguir, a no detenerse, a buscar. Y lo encontrarán en esta noche mágica. Lo encontrarán en el pobre pesebre de Belén. Aquí está Él, el Dios hecho Hombre, en forma de Niño amparado sólo por dos padres sencillos, una mula y un buey.
Han dejado atrás al rey Herodes, al que tanto nos asemejamos los hombres y mujeres de este mundo. Mucho hay de este personaje en nuestro corazón. También nosotros contemplamos a Dios en la distancia, viéndolo como un rival que pone en juego las estructuras de nuestra vida, nuestra libertad, nuestra seguridad, nuestros anhelos, nuestra lucha por poseer y tener. También nosotros hacemos oídos sordos al mensaje de Cristo, cerramos nuestros ojos para no ver los signos que Dios hace o para acoger con la mano a aquel al que Dios ampararía; pensamos que los límites que impone Dios amenaza nuestros principios y valores y nos impide experimentar la alegría de la vida según nuestra voluntad porque somos conscientes que el ser cristiano es una vida de exigencia, de compromiso, de voluntad y de buen ejercicio de la libertad.
Pero el amor misericordioso y bondadoso de Dios nada quita al hombre, al contrario, lo llena de plenitud y eso lo entendieron perfectamente aquellos tres hombres llegados de Oriente. Ellos tomaron la decisión de seguir el camino que conduce a Dios por encima de sus satisfacciones inmediatas, de sus gustos personales o de sus necesidades materiales.
Hoy quiero hacer como esos tres hombres y seguir todo el año la luz luminosa de la estrella que me lleva directo al corazón de Jesús.

orar-con-el-corazon-abierto

¡Hoy, Señor, camino junto a la Iglesia santa a ese lugar donde reposas en el pesebre para adorarte con el corazón abierto! ¡Me dejo guiar por la estrella que es la luz que ilumina mi camino y que es también la Palabra de tu Padre! ¡Ayúdame, en este año 2017 que ha comenzado, a ser estrella para los que me rodean, que refleje con la fuerza de tu Espíritu, la luz de Cristo, la luz que me guía, me inspira y mi acompaña! ¡Voy de camino con pocos presentes que quiero entregarte con humildad: mi pobre corazón pecador, mi libertad, mis sufrimientos y dificultades y el gran amor que siento por ti! ¡Todo te lo entrego, Señor! ¡Tu lo llenas todo, Señor, y por eso quiero que des sentido a mi vida, que alejes de mi todos los miedos y preocupaciones y ponerlos al pie de tu cuna de Belén! ¡Sé que lo acogerás todo lo que llevo dentro de mí con una sonrisa y con mucho amor! ¡Ayúdame a desprenderme de mis egoísmos y mis egolatrías, de mis miedos y mis placeres mundanos, de mis comodidades y mi tibieza, de mis yoes y mi falta de caridad, amor y misericordia! ¡Ayúdame, Señor, con la fuerza de tu Espíritu, a seguir la estrella como lo hicieron los Magos de Oriente, confiados e inspirados por Ti! ¡Qué no me de miedo ponerme en camino, aceptar tu voluntad, escuchar tu voz interior que me empuja a seguir! ¡Dame, Señor, una fe firme, una esperanza renovada y un amor grande para que ayudado por el Espíritu Santo te busque cada día en lo cotidiano de mi vida y en el encuentro con el hermano! ¡Que sepa caminar hacia tu luz, Niño Dios, para cada día postrarme ante ti, adorarte y glorificarte y entregarte los pequeños tesoros que esconde mi pobre corazón!

Videntes stellam, una breve obra de Francis Poulenc, para este día que caminamos siguiendo la estela de los Reyes Magos hacia Belén:

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