Cristianos unidos

En mi ciudad hay una pequeña capilla donde se reúnen a orar los fieles de la Iglesia Ortodoxa. Hace unos días estuve para participar en una de sus ceremonias, llenas de cánticos y de fe. Hoy comienza la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos que evoca la oración de Cristo para sus discípulos: «para que todos sean uno; para que el mundo crea».
Los ortodoxos veneran sus iconos hermosos pintados con las manos de la fe que se iluminan, en la oscuridad de sus templos, por infinidad de velas. Se lo comento al padre que guía a la comunidad. Y me explica los motivos.
En primer lugar porque la fe es la luz y la luz de la lámpara recuerda que Cristo ilumina las almas de los hombres. Y es verdad, ya lo dijo Cristo: «Yo soy la luz del mundo». Pero también para recordarnos el carácter radiante del Señor o del santo ante cuyo icono la lámpara ilumina su rostro porque todos los santos son «hijos de luz». Otro hermoso motivo es el de servir de reproche por los actos oscuros, los malos deseos o pensamientos y por el deseo de cumplir los mandamientos del Salvador. Y me recuerda lo que dice san Mateo: «Brille tu luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras».
La lámpara es también un pequeño sacrificio a Dios, que se entregó por completo como sacrificio por el ser humano y como un pequeño signo de gratitud y amor radiante por Él, a quién el hombre acude para pedir en oración por la vida y la salud humana y espiritual, la salvación, y todo lo que sólo el amor celestial ilimitado puede otorgar.
También para que el terror golpee a los poderes malignos que tantas veces asaltan al ser humano, incluso en el momento de la oración, alejando los pensamientos del Creador. Los poderes malignos aman las tinieblas y tiemblan en cada luz, especialmente cuando ésta viene de Dios. Además, esta luz despierta el corazón del desinterés. Así como el aceite y la mecha arden en la lámpara, sumisos a la voluntad del hombre, también nuestras almas arden con la llama del amor en todos nuestros sufrimientos, siempre sumisos a la voluntad de Dios.
Las velas también se encienden para mostrar que una lámpara no puede encenderse sin la mano humana, también el corazón, la lámpara de vigilancia interior, no se puede encender sin el fuego santo de la gracia de Dios. Cualquier virtud, después de todo, es sólo material combustible pero el fuego que las inflama proviene de Dios.
Y, finalmente, para recordarnos que el primer acto del Creador del mundo fue crear la luz y, a continuación, y en su debido orden, todo lo demás.
Y pienso que así debe ser también al comienzo de nuestra vida espiritual, de modo que antes de todo, la luz de la verdad de Cristo brille dentro de mí. De esta luz de la verdad de Cristo subsecuentemente cada buena acción será creada, brotará en mi y crecerá en mi interior.
¡Que la Luz de Cristo nos ilumine siempre!

orar-con-el-corazon-abierto

¡Padre, te glorificamos, te adoramos y te bendecimos porque nos transmites los dones espirituales que son necesarios para crecer en la fe, en la esperanza y en el conocimiento de Cristo Tu Hijo! ¡Te pido, Padre, que me ayudes a convertirme en un testimonio tuyo, a ser signo de abundancia, de amor, de misericordia y de paz! ¡Te pido que me ayudes a llevar los dones de tu reino a todos aquellos lugares donde haya incerteza, sufrimiento y dolor! ¡Lléname de tu Espíritu, Señor, para que en nombre tuyo haga llegar tu mensaje a todas las personas que se crucen en mi camino! ¡Quiero rezarte hoy, Padre, por la unidad de todos los cristianos! ¡Te pido Padre, que restaures la unidad de todos los que confesamos a Tu Hijo Jesucristo como Señor y Salvador del hombre! ¡Te pido, Padre, que envíes tu Espíritu para fortalecernos y apoyados en nuestra debilidad seamos capaces de caminar juntos! ¡Tu Padre, eres el Dios de la misericordia, haz que tu Espíritu vivificante llene nuestros corazones para que se eliminen todas las barreras que existen, desaparezcan las incertidumbres y los recelos, que paren todos los odios existentes y que todos los fieles, una vez hayan sanado las diferencias y las divisiones, podamos vivir en paz y en amor! ¡Te pido Padre, que siguiendo a Tu Hijo Jesucristo, seamos capaces de rezar con el corazón abierto por la unión de los cristianos y en nuestra propia Iglesia, para que pongas fin a todos sus sufrimientos y la reúnas en la unidad con el fin de que se convierta en una morada que sea luz para toda la humanidad! ¡Dios de amor, la Iglesia es la morada santa, haz que sea santa para todos sus habitantes! ¡Y a ti Jesús, que eres nuestra paz y nos reconciliaste con Dios en un único cuerpo por la cruz, que la paz esté siempre entre nosotros! ¡Somos tus embajadores en la tierra, Señor, haz que nuestras obras estén cargadas de reconciliación, paz y unidad!

Y os dejó con un bello canto de la Iglesia Ortodoxa que invita a la meditación interior y a abrir el corazón:

 

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