Unido a la Cruz en el Rosario

La Cruz está muy presente en el rezo del Santo Rosario. Nos persignamos al comenzar la oración, se encuentra en el decenario y la mayoría de sus misterios están muy relacionados con la cruz. Se convierte así este signo en el misterio central de esta hermosa oración mariana. Y lo es, también, porque la cruz como elemento crucial del cristianismo es la elección de Dios para Cristo y para todo cristiano. Haciendo la señal de la cruz unimos el corazón con los designios salvíficos de Dios con su Hijo amado en su dimensión vertical y, en la horizontal, es Cristo quien nos abraza con amor eterno.
Unido a la Cruz -es desde allí donde Cristo nos salvó- es como mejor siento el rezo del Rosario. Camino con Jesús y con María, pero la guía es la cruz porque con ella inicio la oración y con ella la termino. Y mientras voy pasando las cuentas del Rosario, la cruz preside el decenario. No tiene para mí esta cruz un valor meramente decorativo sino un valor de contemplación. Contemplar la Cruz de Cristo que me muestra mi camino como cristiano, el signo que me identifica como seguidor del Señor, que marca mi liberación del pecado y me muestra el profundo amor que Dios siente por mí y por todos sus hijos.
Rezo los misterios del Rosario, interiorizo cada pasaje, y contemplo la Cruz. Siento así la fuerza salvífica que tiene para mi camino hacia la santidad que tanto anhelo y que tanto esfuerzo me cuesta por mi miseria y mi pequeñez. El camino hacia la santidad siguiendo las huellas de Jesús no es sencillo pero se puede lograr con la ayuda inestimable de Dios y su gracia.
La eficacia salvífica que tiene la Cruz está representada en la fuerza del Santo Rosario, pues tiene a María como valedora e intercesora. A través del corazón de María tomo el mejor atajo para llegar al corazón de Jesús. Cristo no rechaza nunca nada que venga de Ella. ¡Que no olvide nunca, María, darte las gracias por tantas gracias que me han llegado de Ti después de habértelo suplicado en el Santo Rosario!

orar-con-el-corazon-abierto

Hoy mi oración son las letanías del Rosario porque son las más bellas invocaciones que podemos hacer a la Madre de Dios. Con ellas empezamos las invocaciones que tomamos de las letanías de los santos, le damos la consideración de Madre, de Virgen, la aclamamos con los títulos de origen bíblico y le pedimos ayuda y consuelo. Y todo ello rematado con el humilde «Ruega por nosotros» para lograr ante Jesús su gracia mediadora:

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te rogamos nos concedas,
Señor Dios nuestro,
gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión
de la bienaventurada siempre Virgen María,
vernos libres de las tristezas de la vida presente
y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Un Salve Regina para honrar a María:

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