Ofrezco lo que tengo y lo que soy

Luz Casal es una cantante de voz desgarrada. Sus canciones están llenas de sentimiento. Hace más de 20 años publicó el single titulado «Te ofrezco lo que tengo». Ayer, de casualidad, escuché esta canción en la radio. Y aunque no es un tema espiritual provocó en mi un profundo revuelco interior. Para entender esta meditación hay que leer la letra de la canción:

Perdido en el intento
inútil de buscar
en medio de la nada
malvives descontento,
te quiero ayudar,
me sobran sentimientos
y te los quiero dar.
Lo que tengo te lo ofrezco,
lo que tengo y lo que soy,
lo que tengo, todo te lo doy.
Primero la ilusión
que alegrará, lo se,
a ese helado y pobre corazón,
segundo mi vigor
para darte poder,
tercero grandes dosis
de valor y fé.
Ajena al desaliento,
tenaz en perseguir
la suerte y la fortuna
como un recien nacido
me empeño en existir,
son míos sol y luna,
los quiero compartir.

Vivimos en una sociedad y en un entorno en el que es muy frecuente que personas nos hagan promesas que nunca van a cumplir, que entreguen aquello que no es suyo, que digan sentir emociones que realidad no sienten simplemente por quedar bien, pronuncian palabras vacías que quieren llenar de contenido, te hacen creer que eres maravilloso (eres un crack, dicen) aunque en realidad piensen lo contrario… Yo mismo me he comportado así en muchas ocasiones, incluso hay momentos que intento enmascarar mi desazón con una sonrisa, fingir que me encuentro bien cuando por dentro estoy roto. Demostrar alegría cuando en realidad lo único que soy capaz es de llenar un río con mis lágrimas.
Pero Luz me ha iluminado. Ha puesto un foco incandescente en mi corazón. Me ha hecho ser consciente que la fragilidad con la que me muevo tantas veces y que busco camuflar con la máscara del «todo bien» no me permite ser la persona auténtica que quiero ser. Que la mayor autenticidad es ser quien soy realmente con mis defectos y mis virtudes. No se puede poseer lo que no se tiene. Pero si puedo hacer una fotografía de mi yo y enseñársela a Dios. Y es ante Él donde la verdad emerge con toda su realidad colocándote en su debido lugar.

orar-con-el-corazon-abierto

¡Señor, tú me enseñas aprender de las situaciones difíciles, de aquellos momentos en que la realidad me exige que afronte con valor, sin miedo, descubriendo mi fragilidad y retirando esas máscaras que esconden mis miedos y mi inestabilidad! ¡Señor, ayúdame con la fuerza de tu espíritu a ser auténticamente quién soy y darte todo lo que hay en mi interior! ¡Ayúdame, Señor, a no juzgar nunca los demás y mirarme siempre en el espejo del Padre que es el único lugar donde la verdad me sacude con una gran intensidad y me posiciona en el lugar que me corresponde! ¡Señor, ayúdame a dar siempre lo mejor de mí con palabras de ánimo que puedan entrar en un corazón desgarrado, ese abrazo amoroso y lleno de cariño para consolar al hombre o a la mujer que a mi lado esté abatido, compartir mis sentimientos amorosos y misericordiosos con aquellos que sufren, regalar mis oídos para escuchar con sencillez de corazón a quien necesita trasmitir una sentimiento, dolor, sufrimiento o frustración, secar con el pañuelo de mi alma tantas lágrimas que muchos derraman por su situación personal, Dar palabras de esperanza en la de aquel corazón que sufre! ¡Señor, simplemente quiero hacer lo que hacías tú! ¡Para ello, Jesús, ayúdame a no ir por la vida con dobleces y tratando de mascarar mi vida con un halo de bondad sino con mis defectos, mi fragilidad, mi corazón abierto, para que todo el mundo vea cómo soy y en mi debilidad poder descubrirme a los demás y demostrar que intento caminar siguiendo tus pasos, sin prisas, levantándome cada vez que caigo, con mis imperfecciones que tú vas modelando a través de la oración! ¡Señor, a ti nada tengo que esconderte porque lees hasta el último recóndito rincón de mi corazón! ¡Señor, hay algo que me da mucha esperanza y es que Dios escoge siempre a los débiles y a los pequeños para que avancen en la vida y es a ellos a los que les muestra las sendas de la vida que, aunque no sean fáciles y estén llenas de espinas, puedan al final estar coronada por la inmensidad de tu amor, gratificada por tus favores y llena, sobre todo, de tu misericordia! ¡Señor, tú sabes que tengo poco pero lo poco que tengo te lo doy y por eso quiero cada día esforzarme en tener más pero no de lo material sino de lo verdaderamente importante que es lo del corazón para dar más amor para darte más a ti y a los demás, para acercarme más a ti y a los demás y, sobre todo, para beber del agua viva y esa misma agua repartirla con mis pobres y frágiles manos a los demás!

Y como no podía ser de otra manera, la canción de Luz Casal que abre esta meditación:

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