Mañana me pongo en serio, Señor

Soy plenamente consciente de que no intereso a mucha gente. Que no importo a según quien. Incluso que puedo caer mal a determinadas personas. Pero con mis virtudes e imperfecciones sí importo a Jesús. Le importo… y mucho. Y me ama más de lo que se ama a Sí mismo. Su sacrificio por amor en la Cruz es el sello que lo certifica. Su muerte en el Calvario dejó una impronta pero la certificación de esta verdad tiene lugar cada día en el momento que las manos consagradas de un sacerdote elevan hacia el cielo la Hostia sagrada y el cáliz de la redención. Ante esto no tengo palabras, tan profunda es la ternura, el amor, la misericordia… y la locura de Dios. Y, aún así, no soy capaz de dar alabanza permanente a Dios. ¡Qué ingratitud la mía!
Cada día el Sagrado Corazón de Jesús se hace vida para brotar esperanza y traer amor a mi corazón. Y ¿cuál es mi reacción? La indolencia mediocre. Mientras Él se entrega por completo yo me entrego a medias, cuando mis «múltiples» ocupaciones me lo permiten. Y así transcurren las jornadas escatimándole al Señor mi tiempo, mi oración, mi servicio, mi trabajo, mi apostolado, mi vida de sacramentos… yendo a lo cómodo y aparcando lo que me supone un esfuerzo.
«Mañana me pongo en serio, Señor». Excusas vanas, palabras vacías, promesas inciertas. Dios lo sabe. Lee mi corazón mezquino y quiere hechos concretos.
Por eso hoy vierto el frasco de mi esencia a los pies de Cristo, pongo todas mis incongruencias frente a Él, entrego mi soberbia al que es espejo de humildad y mi pobre voluntad al que representa la ternura infinita. Le doy la totalidad de mis defectos para que los destruya y la fealdad de mi pecado para que me purifique. Pero sobre todo le entrego la mediocridad de mi vida y se la ofrezco con el propósito firme de nacer de nuevo en el seno de mi familia, de mi trabajo, de mi comunidad eclesial, en el círculo de mis amistades… para que sea luz en la realidad de mi mundo.
Cada día Jesús me entrega lo mejor que tiene: su vida. Su Corazón amante y misericordioso. ¿Estoy preparado y predispuesto a darle el mío?

orar-con-el-corazon-abierto

¡Señor, gracias porque siempre piensas en mí cuando yo soy tantas veces olvidadizo contigo!  ¡Señor, Tú siempre caminas a mi lado y yo me alejo de ti con frecuencia! ¡Señor, Tú trabajas conmigo y yo casi nunca trabajo por ti! ¡Bendito seas, Dios mío, porque eres el origen y destino de todo lo que existe, te reconozco como el Creador del universo, porque eres el que deposita en cada pequeño rincón de este mundo la semilla de la Vida! ¡Te doy gracias porque la meta es vivir eternamente en tu compañía! ¡Concédeme, te lo suplico, un corazón grande para amar, sensible para servir y agradecido para responder a tanto amor y cariño que recibo de ti! ¡Te doy gracias por el gran regalo de tu hijo Jesucristo! ¡Mi vida se siente muy unido a Él aunque tantas veces mi mundanidad me nubla y me aleja del camino correcto pero deseo volver una y otra vez a su mensaje original que no es un rito sino una llamada a entregar mi vida al prójimo, que no consiste en mirar solo al cielo sino también a la tierra con todas sus problemáticas y su gente, que no es únicamente predicar sino servir con sencillez y humildad a los demás, y hacer entre todos un mundo más humano donde reine el amor y la verdad!

En el cielo no hay hospital, cantamos con Juan Luis Guerra:

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