¿Hasta qué punto amo a la Iglesia?

La Iglesia. Tan criticada. Tan vilipendiada. Tan cuestionada. Tan humana a veces por las sombras imperfectas de los que la integramos. Pero la Iglesia es la gran obra de Cristo. Esta regida por la luz del Espíritu Santo que todo lo guía. Es la continuación de Dios en el mundo. Es un milagro lleno de vida y esperanza. Es la Iglesia la que crea, forma y sostiene a los elegidos de Dios.
La Iglesia. Más de dos mil años caminando sobre la tierra. La Iglesia ha educado en este tiempo a miles de millones de almas. Se asentó sobre la piedra de un hombre rudo y de once más elegidos que hoy no pasarían una mínima selección de personal. No tenían ni formación ni poder. Pero así sigue porque fue instituida por Dios mismo.
La Iglesia. Perseguida desde sus orígenes, humillada y masacrada, con hijos indignos que la han manchado y la ensucian con sus malas obras. Pero aquí sigue, viva, firme, próspera y esperanzada. Está ungida por la luz del Espíritu de Dios que combate con su aliento la malicia depredadora del ser humano.
La Iglesia. Germen de caridad y amor. ¡Qué harían tantas sociedades sin la presencia en su territorio de la Iglesia generosa y servicial, entregada y dadivosa!
La Iglesia. Recibo multitud de mensajes que critican al Santo Padre por sus declaraciones o por la poca claridad de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, por la actitud de ese o aquel sacerdote, por las declaraciones blasfemas de una monja benedictina sobre la Virgen María… ¡Recemos por la Iglesia, por los que están errados, por las cosas buenas, por nuestro propio interior y por la corrección de los que tenemos que cambiar nuestra actitud de cristianos descarados y demos gracias infinitas porque Dios nos ha permitido nacer en su seno! ¡Somos miembros vivos de una comunidad en la que Dios está en el centro! ¡Y sobre cada crítica a la Iglesia cada uno debería cargarla sobre sus espaldas porque cada uno de nuestros fallos, nuestros errores, nuestros pecados y nuestras caídas son también heridas que provocamos a la Iglesia!
La Iglesia. Un cristiano, miembro de la Iglesia, es hermano de los doce apóstoles -los escogidos del Señor-, de los primeros discípulos, de los patriarcas, de los profetas, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes y de todos los Santos en la tierra y en el cielo. Hoy me planteo si soy digno hijo de la Iglesia.
La Iglesia es Madre. ¡Y, precisamente por eso y porque es obra de Dios, con todas sus grandes e imperfecciones, yo la amo!

orar-con-el-corazon-abierto

¡Señor, no me avergüenzo de ser miembro de Tu Iglesia santa, católica, apostólica y romana! ¡No quiero ver solo sus fallos, Señor, pues mientras esté en la tierra quiero amarla y quererla, rezar por ella y trabajar por ella para hacerla cada vez más santa! ¡Señor, amo a tu Iglesia y quiero ser digno de Ella porque es una institución creada por Ti! ¡Es parte intrínseca de tu cuerpo magullado en la Cruz! ¡Por eso la amo, Señor, y quiero ser digno de ella! ¡No te puedo amar a ti sino amo también a tu Iglesia! ¡Señor, la amo porque sigue siendo tu Esposa por muy pecadora o mediocre que sea! ¡Señor, amo a tu Iglesia y quiero ser digno de ella por es en ella donde crezco como cristiano y es por a través de ella que me acerco cada día a ti acompañado de tanta gente buena y santa! ¡Señor, es a través de mi mediocridad y la de tantos como yo que cada día puedo construir el Evangelio cotidiano! ¡Señor, amo a tu Iglesia y creo en ella porque creo en ti que eres su corazón y su esencia! ¡Amo a tu Iglesia porque es la casa de oración, el centro de la Eucaristía, sede de la verdad, templo del Espíritu Santo, fuente de gracia y de gloria, santuario vivo de caridad y amor, casa de perdón y misericordia! ¡Quiero ser digno de tu Iglesia, Señor, y amarla con el corazón abierto porque soy tan imperfecto como cualquier hombre y mujer que la formamos, viviendo nuestra mediocridad en un obra perfecta porque es creación tuya! ¡Pero sobre todo, Señor, quiero ser digno de tu Iglesia y amarla porque es mi Santa Madre, es mi templo espiritual, las de los que conviven conmigo y comparten mi vida cristiana! ¡Quiero vivir en ella y morir en ella, Señor, y quiero respetarla y honrarla a pesar de tantas manchas de pecado y tanta torpeza humana! ¡Señor, tú me conoces y sabes que soy pequeño, torpe, pecador, indigno e ingrato contigo, estoy cansado y camino a pasos lentos pero tu amas lo pequeño! ¡Quiero comer tu Cuerpo y tu Sangre y eso, Señor, solo puedo hacerlo en el seno de la Santa Madre Iglesia!

Iglesia, una bella canción de Lilly Goodman, para acompañar la meditación de hoy:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s