Derramar mi propio perfume

Seis días antes de la Pascua, Jesús viaja Betania. Es un viaje para celebrar la vida. Un viaje para retormar la amistad nunca perdida. Un viaje para compartir mesa y mantel con los amigos que ama. La vida es encuentro y Cristo, que sabe que ha llegado su hora, llena la casa con su fragancia. Allí Lázaro, resucitado de entre los muertos, le abre de nuevo su amistad. Marta se abona al servicio, lo más preciado que posee. Y María vierte una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, con el que le unge los pies y se los enjuga con su larga cabellera. Cada uno entrega lo más preciado que atesora y lo mejor de si mismo. Y con estos tres elementos, la casa se llena de fragancia.
La actitud de este trío que compone el círculo de amigos íntimos de Jesús me invita a preguntarme: ¿Cómo puedo derramar en mi entorno y en mi vida mi propio perfume, aquello que soy y aquello que tengo a imitación de María, Marta y Lázaro? Probablemente tomando clara conciencia de que Jesús, el Ungido, me sigue impregnando de su fragancia y la impregna también al prójimo que me rodea. Es a mí al que le corresponde encontrarlo entre el ruido y el gentío del mundo por medio de mi entrega, mi servicio y el despojo de mi mismo. Se trata de ungir a todo y a todos con ese perfume único que es el amor con el exclusivo fin de que la fragancia de la vida compuesta por una mezcla de humildad, servicio, entrega, generosidad, amor y sencillez lo sientan todos aquellos que se acercan a mi persona.

orar con el corazon abierto

¡Señor, quisiera exhalar el aroma de vida que conduce al amor y no el olor del egoísmo, la soberbia, la tibieza, la falta de caridad, la búsqueda de mis propios intereres que matan lo bueno que hay en mí y me alejan de ti y de los demás! ¡Te pido, Señor, que me ayudes a romper el cuenco de alabastro y esparcir tu fragancia a cualquier lugar donde me dirijan tus pasos! ¡Que esa fragancia viva la sienta como propia! ¡Envíame tu Espíritu, Señor, para que penetre todo mi ser y mi vida sea capaz de irradir solo un poco de la tuya! ¡Conviérteme, Señor, en un pequeño instrumento de tu misericordia para iluminar la vida de los demás y dar mayor luz a la mía! ¡Señor, ayúdame a ofrecerte mi vida de la manera que tu quieras y como tu quieras con la vela de la alegría iluminando el camino, la candela de la esperanza guiando los pasos y la lámpara de la confianza en ti eliminando las sombras que se ciernen sobre mi vida! ¡Elimina, Señor, de mi vida aquello que no te gusta de mi y rocíame de tu fragancia porque quiero ser alguien agradable para Ti y para los demás! ¡Ayúdame a que por medio de mi testimonio de coherencia y verdad se queden prendando de tu perfume! ¡Que lo importante de mi, Señor, sea mi belleza interior y no lo que se ve exteriormente!

Perfume a tus pies, hermosa canción para acompañar esta meditación:

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