En las manos delicadas de María

Último sábado de abril, antesala del mes de María, con la delicadeza de la Virgen en nuestro corazón. Si por algo destacó Nuestra Señora es por esa delicadeza y ese tacto amoroso para aceptar y cumplir el pensamiento que Dios tenía hacia Ella. Las manos de María siempre están extendidas acogiendo la voluntad del Padre. En la actualidad, manos sobran en demasía; de lo que careceremos es de tacto.La Virgen supo comprobar la textura interior de un Dios que le pedía algo en apariencia imposible, asumir la maternidad de un Dios hecho hombre y experimentar la congoja de ser Madre al pie de la Cruz. Con su delicada finura, María acogió a Dios y no lo alejó de su vida, distinguió el mal del bien, el error de la verdad, evitó las sendas erradas y trató con ternura su más preciado tesoro, a Cristo, porque era un don de Dios y a Dios estaba llamada a dar servicio.
En este sábado la delicadeza de María me hace plantearme como debe ser mi trato delicado con los demás en la vida cotidiana. En mi hogar. En mi trabajo. En mi círculo de amistades. En mi comunidad parroquial. Y todo se resume en una vida de entrega, de servicio, de preocupación por los demás, de generosidad, de caridad… Y de amor. Mucho amor. Actuar como María, para que a través de Ella mi vida, mis actitudes, mis pensamientos, mis sentimientos y mi ser se conviertan en un ejemplo de delicadeza cristiana.

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¡María, Madre, que aprenda de ti a ser delicado con los que me rodean! ¡Ayúdame a actuar siempre con delicadeza! ¡A tu lado, María, me resultará siempre más fácil! ¡Ayúdame a ser una persona abierta, limpio para la acogida, generoso en el servicio, atento en la escucha, abierto en la oración! ¡Ayúdame también, María, a mantenerme siempre abierto a las llamadas de Dios y a acoger la gracia del Espíritu! ¡María eres la más preciosa por dentro por fuera!  ¡María, los Evangelios te presentan adornada de grandes virtudes; ayúdame a cultivarlas en todas las circunstancias de mi vida! ¡Ayúdame a ser delicado en la humildad, en la caridad, en la obediencia, en el servicio, en la paciencia, en la piedad, en la fortaleza, en la modestia…! ¡Y en este primer día de mayo, te ofrezco mis grandezas y mis pobrezas, mis virtudes y mis defectos, mis alegrías y mis penas, mis riquezas y mis miserias! ¡Te doy mi corazón y mi alma! ¡Te lo entrego, María, porque eres mi Madre y quiero a través tuyo conocer más a Jesús y vivir acorde con sus enseñanzas!

Oh María, cantamos hoy a la Virgen:

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