El Dios cubreparches

Sorprenden los cientos de prodigios que hizo Jesús en los primeros momentos de su ministerio. Y, en todo momento, se deja constancia de cómo la gente que le seguía se quedaba conmovida por aquello que estaba viviendo. Sin embargo hoy, en nuestras sociedades, Jesús parece que no tenga nada que enseñar. Pero sí lo hace. Y a mi me ayuda enormemente. Me enseña algo que para mi fe es importante. Me ayuda a creer que Dios es el Dios verdadero. «Creo en un solo Dios…». Y lo creo aunque tantas veces me postro ante Él con esa actitud autodefensiva y egoísta. Con la soberbia de pensar que soy un pequeño dios y con la autosuficiencia de no creer realmente en los milagros que hace en mi vida. Fundamentalmente porque no deseo que obstaculice mis planes, limite mis deseos y ponga cortapisas a mis ambiciones. Con ello voy convirtiéndome en un dios de barro que se hunde ante la primera tormenta que se presenta.
Me sabe mal creer en ese «Dios cubreparches» al que tanto recurro con frecuencia para que me favorezca con su gracia y me ayude a solventar ese o aquel problema y del que me rebelo cuando no pone remedio a mis dificultades. Me sabe mal creer en ese «Dios cubreparches» al que tanto recurro para que complazca mis necesidades en los tiempos que a mi más me convienen. Me sabe mal creer en ese «Dios cubreparches» al que tanto recurro para que no me haga  la vida tan difícil pero que me invita a ser más responsable de mis propios actos…
Ese «Dios cubreparches» al que tanto acudo egoístamente para que vaya zurciendo los rotos de mi vida en realidad es un Dios cercano, sensible a mis sufrimientos, penurias y necesidades. Ese «Dios cubreparches» no es un Dios lejano sino alguien cercano al que le interesa reconducir mi vida y mi historia porque anhela ardientemente mi salvación.
Ese «Dios cubreparches» no es amante del sufrimiento humano porque Él desea la felicidad del hombre que hace mal uso de su libertad. No es un Dios que se complazca con ver morir a su Hijo en la Cruz porque ese sacrificio comportó la redención del ser humano. Ese «Dios cubreparches» nos ama tanto que perdona la crucifixión que cada día provocamos a su Hijo.
Ese «Dios cubreparches» lo da todo gratuito. Su amor es gratuito. Su entrega es gratuita. Su comunicación es gratuita. Ese «Dios cubreparches» no actúa por interés, lo hace por gratuidad absoluta y aún sí cuesta entenderlo en nuestro corazón. Ese «Dios cubreparches» espera una comunicación de Padre a Hijo basada en la confianza, en el amor y en la entrega sin límites.
Ese «Dios cubreparches» busca el provecho de cada Hijo. Anhela su santidad y su salvación. ¿No será que soy yo el que voy colocando parches inútiles a mi vida sin entender que Dios no pone parches sino que solo obra milagros y que impone sus manos misericordiosas para hacernos hombres y mujeres de bien?

orar con el corazon abierto

¡Padre bueno, quiero glorificarte con mi vida porque este es el destino al que aspiro pese a mi fragilidad y pequeñez! ¡Ayúdame a imitar a tu Hijo porque lo que anhelo es realizarme al máximo y alcanzar la santidad! ¡Concédeme la gracia de configurarme con Jesús que es el camino, la verdad y la vida! ¡Que sea capaz de ver los milagros que Tu realizas en mi vida y darte gracias por ello! ¡Te doy gracias también porque me muestras la humillación de Tu Hijo que obedeció hasta la muerte y muerte de Cruz! ¡Qué enseñanza, Padre, ver en la cumbre de su sufrimiento ver a Jesús desde lo alto de la Cruz entregando todo su amor! ¡Esta escena, Padre, llena mi vida de plenitud! ¡Gracias, porque Jesús sufrió por mi dejando el ejemplo para que siga sus huellas! ¡Gracias porque me haces entender que su sacrificio fue un ejercicio de libertad para que yo mismo pueda alcanzar mi propia realización personal, para que pueda tener una vida verdadera, para que no me convierta en un esclavo del pecado, para que camine confiado no pensando en los parches que voy colocando en mi vida y esté unido amorosamente al corazón de Jesús! ¡Concédeme la gracia de desear lo que Tu deseas para mi y trabajar para que Tu obra en este mundo se vea realizada! ¡No permitas que vaya parcheando la vida sino que mi vida sea una entrega con amor, de servicio, de generosidad y de autenticidad! ¡Te pido que actúes en mi, que des fuerza a mis iniciativas personales, profesionales y apostólicas, que potencies mis capacidades humanas para que sean fruto abundante que te de gloria! ¡Ya lo dijo tu Hijo, Padre, Tu gloria está en que demos mucho fruto! ¡Señor, yo sé que tu no quitas nada sino que lo das todo! ¡Concédeme la gracia de confiar siempre y de abrir mi corazón de par en par a Jesús para encontrar la verdad y no poner parches a la mediocridad de mi vida!

Jaculatoria a la Virgen en el mes de mayo: Tienes el corazón encendido; tus palabras me abrasan y tus ternuras me sacian.

Eres mi todo le cantamos al Señor que todo lo cubre y lo protege:

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