Católicos en las catacumbas del siglo XXI

Me encuentro en Irán por motivos profesionales. Ayer domingo pude asistir a Misa en una minúscula iglesia católica. Las pequeñas comunidades armenias, caldeas y latinas gozan de libertad de culto pero en el ámbito privado y en los confines de los templos. Después de la Misa hay un pequeño ágape para compartir. Me quedo un rato pues tengo reuniones a las que asistir. Como extranjero me preguntan muchas cosas y todos se presentan. Un musulmán —funcionario del Estado— y su esposa pidieron el bautismo hace un año pero deben ocultar su conversión para evitar represalias en sus respectivos trabajos. Y porque la apostasía en el Islam a los ojos de muchos musulmanes merece el castigo de la muerte.
Encontraron la luz en la fe católica tras más de una década de reflexión. Y ahora son una especie de católicos en la catacumbas de la era digital. Se enamoraron perdidamente de la Eucaristía e iniciaron un camino repleto de dudas, incerteza y miedos. La inseguridad procedía de la posible pérdida de la seguridad económica familiar, el rechazo de sus más allegados, la sospecha de sus nuevos hermanos en la fe, el alejamiento de la que había sido su religión. A ella le costó más tiempo dar el paso entre sinsabores, dolores y muchas lágrimas. Pero aquellos interrogantes se disiparon con la fuerza del Espíritu. Se bautizaron un día de Pentecostés.
La pregunta que se hacían era muy simple: en el posible rechazo de su mundo a su conversión, ¿cómo iban a poder “salir” al mundo a predicar la Buena Nueva del Evangelio? Imposible en un país como Irán. Pero la respuesta era simple. Con la vivencia de su fe por medio del testimonio. Ellos han disfrutado, desde hace un año, de las bodas del Cordero, del Banquete eucarístico. Su crecimiento es a través de la oración y la vida de sacramentos; cimientan su fe con la lectura de la Palabra y el amor que ofrecen a los que tienen alrededor. Eso ya es de por sí un testimonio.
Alireza, como se llama este iraní converso, cuyo nombre se lo pusieron sus padres en honor del séptimo hijo del profeta Mahoma, me explica que cada mañana cuando se levanta le pide al Señor que le “aumente la fe”. “La fe es un don del Espíritu Santo; es mi deber y lo siento en el corazón que debo orar intensamente por vivir de acuerdo a ella; y sobre todo tener la fortaleza de no tener miedo, de no flaquear, de no dudar y cimentar mi fe sobre roca firme de la Iglesia a la que ahora pertenezco. Me resultará difícil por ahora llevarla a mis hermanos pero llegará un día que, gracias al Cristo resucitado, y al Espíritu que me da la perseverancia, podré ser transmisión de la Verdad”.
De esta pareja he aprendido algo hermoso: A Dios no se llega solo caminando; a Dios se llega amando. Cada minuto, cada día, cada semana, cada año. Y que cada uno de los días debe estar consagrado a Él.

orar con el corazon abierto

¡Señor, pongo en mi oración de hoy a los cristianos perseguidos en el mundo que avanzan con el testimonio de la fe y por amor a Ti! ¡Especialmente te pido hoy por los conversos al catolicismo en lugares tan hostiles a la fe católica! ¡Nos muestras, Señor, que todo lo que pidamos en Tu Nombre en la oración nos lo concederás! ¡Te confío, Señor, a todos los hombres y mujeres que resisten en situaciones difíciles por razón de la fe! ¡Ayúdales a permanecer firmes en estos tiempos de persecución y tribulación, dales la paz y la serenidad interior! ¡Ayúdales, Padre, a cumplir siempre tu voluntad con coraje y alegría! ¡A Ti María, Reina de la Paz, que viviste también la persecución y el exilio, te encomiendo a tus hijos de todos los países donde la Iglesia sufre persecución! ¡María, en Caná, le pediste a Jesús que llenara con vino la tinajas de agua! ¡A través de tu intercesión de Madre, transforma la vida de estas personas para que puedan vivir en paz y en armonía! ¡Y, Señor, con la fuerza del Espíritu Santo, aumenta mi fe! ¡Aumenta la fe de quienes me rodean! ¡Aumenta a la fe de la comunidad cristiana! ¡Aumenta la fe de los lectores de esta página! ¡Auméntanos la fe para crear un mundo mejor, más justo, más acorde con los valores evangélicos! ¡Muéstranos siempre el camino y toma la dirección de nuestras vidas para que tu voluntad nos inspire siempre lo mejor para nuestra vida y la vida de la sociedad en la que nos movemos! ¡Haznos ver, bajo la luz del Espíritu Santo, que la vida es amar, entregarse a los demás, en orar, en vivir la vida sacramental, en servir y trabajar! ¡Que cada minuto de nuestra vida esté centrado en hacer tu santa voluntad! ¡Ayúdanos a ser testimonio del Evangelio! ¡Hoy, Señor, pongo lo poco que soy, mi fragilidad y mi pequeñez en tus manos para que hagas de mi lo que desees! ¡Me comprometo, Señor, a abandonarme enteramente a Ti como hacen tantos en tantos lugares donde ser cristiano es un signo real de autenticidad! ¡Aumenta mi fe, Señor, y no dejes nunca vacilar!

Jaculatoria a María en el mes de mayo: María, mediadora de todas las gracias de Jesucristo, la majestad divina ordenó que todos sus bienes pasaran por tus santas manos benditas, cuida de los que peregrinamos de los que se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. 

Aumenta mi fe, es la canción seleccionada para acompañar esta reflexión:

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