Con María, unido al corazón de Jesús

Primer sábado de junio con María en el corazón. Este mes que hoy comienza la Iglesia lo dedica al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que lo veneremos, lo honremos y lo imitemos. La mejor imitadora fue la Virgen María, que tan unida estuvo al corazón de Cristo pues Ella fue el templo que Dios eligió para que Jesús iniciara en su interior su vida humana. Es muy hermoso pensar y meditar que Aquel que habita en la eternidad del cielo por Él mismo creado decidiera habitar en la tierra en el seno de María, al que convirtió en el más hermoso Santuario terrenal.
María es santuario por su fe, que venció a cualquier temor, y por la santidad de su cuerpo y de su corazón. Ella, Madre Inmaculada, cobija a Su Hijo y en Él, a la humanidad entera.
María se abandonó siempre de manera libre y consciente a la voluntad de Dios. A imitación del corazón de Cristo convirtió su corazón en un Santuario repleto de virtudes. María es, de nuevo para mí, el ejemplo a seguir para llegar a Cristo.
Jesús y María forman una comunidad de amor. Los dos Sagrados Corazones se mantuvieron unidos desde el mismo día de la Anunciación, por la fuerza del Espíritu Santo, de una manera maravillosa hasta que el corazón de Cristo es traspasado por una espada en la Cruz. Allí, en el Gólgota, quedó herido el Corazón de María.
El de la Virgen fue el primer corazón que adoró con toda la potencia de su ser y de su humildad el Corazón de Jesús y, con el paso de los años, fue modelando como perfecta educadora ese corazón bondadoso de Cristo.
En este primer sábado de mes me consagro al corazón de María y al corazón de Jesús, dos sagrados corazones cuyo fin es conducirme hasta ese amor desinteresado a Dios y al prójimo, pilar fundamental de la santidad a la que como cristiano estoy llamando cada día. Y en esta orientación a Jesús a través de María intentar vivir en plenitud mi relación con la Iglesia, a la que tanto amo, Cuerpo místico de Cristo e hija de María, con el fin de que me ayude a vivir y desarrollar mi vida en función de la verdad del Evangelio, en la vida sacramental y en la caridad fraterna.

orar con el corazon abierto

¡Jesús, por medio de María, quiero ser uno contigo! ¡Quiero, por medio de tu Madre, Señor, entrar en tu corazón y vivir en tu mismo querer, sentir y actuar para que como decía San Pablo seas Tú quien vive en mí! ¡Jesús y María, os entrego mi corazón, mi alma y todo mi ser con humildad y con sencillez para que poniéndolo todo en vuestras manos lo cojáis en vuestro santísimo corazón y me ayudéis en mis oraciones, en mis buenas obras, en mi pequeño servicio, en mis mortificaciones diarias, en las cruces que debo llevar cada día, en mis luchas interiores, en mis desvelos y mis alegrías, en mis caídas y cada vez que me levanto! ¡Jesús y María, os consagro mi vida de cada día, mi familia, mis amigos y conocidos, mis compañeros de trabajo y de comunidad parroquial, los sacerdotes y consagradas que me acompañan en mi camino de fe, las personas que me han hecho daño y yo hecho daño, mi vocación y mi sencilla vida cristiana! ¡Jesús y María, os consagro mi vida y la de mi familia para que nuestro hogar se llene siempre de alegría y de esperanza, que reine la paciencia y el respeto, el amor y la tolerancia, la comprensión y el perdón! ¡Jesús y María, os consagro mi pequeño corazón para que esté siempre en paz, reine la pureza de alma y de intención, para que siempre esté vivo sacramentalmente y encuentre de vosotros esa protección que tanto espero! ¡Jesús y María, os consagro mi corazón, para contemplar cada día el misterio de la Cruz y ser capaz de descubrir el amor divino y humano de la redención, el gran misterio de la Trinidad, el auténtico amor que que Dios siente por mi y la respuesta que yo debo dar a ese amor del Padre! ¡Gracias, Jesús, por la caridad de tu corazón que me abre al misterio de tu interioridad con el Padre! ¡Gracias, Jesús, por u amor redentor, por tu entrega por mí y por los demás, que tanto me enseña de tu obediencia filial de la que tanto tengo que aprender y tu amor al Padre bajo la fuerza del Espíritu Santo de la que más me debería agarrar! ¡Gracias, María, por tu Corazón Inmaculado, porque me ayudas a contemplar el Corazón de Tu Hijo y entrar en él y escuchar con docilidad, humildad y pureza en la palabra de Jesús que cada día me llama a seguirle sin demora! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío! ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Los dos corazones reinarán, cantamos hoy:

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