El plan alternativo de Dios

Leo pausadamente, saboreando cada palabra, el Salmo 40: «Esperé confiadamente en el Señor: Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor… Porque estoy rodeado de tantos males, que es imposible contarlos. Las culpas me tienen atrapado y ya no alcanzo a ver: son más que los cabellos de mi cabeza, y me faltan las fuerzas».
Ante esto me digo que no voy a permitirle a la desesperanza que se instale en mi vida. No le voy a dejar que se aloje en mi corazón. No voy a darle la oportunidad que zarandee mi vida ni destruya todo aquello que con tanto sacrificio y trabajo voy construyendo con los esfuerzos cotidianos.
La desesperanza se presenta habitualmente ataviada con un envoltorio de prisa, y va minando y arrasando sutilmente todo aquello que encuentra a su paso. Uno puede postrarse ante ella; si lo hace se arrodilla ante un dios de barro; si la toma, la ingratitud de su presencia desmorona la vida; si se la acoge, consigue que el alma se llene de lágrimas. Por eso me propongo no permitir que ni la desazón ni la tristeza nublen el presente de mi vida. Deseo frenar esos pensamientos y sentimientos que lo van tiñendo todo con los colores oscuros del sinsentido.
Pero Dios ofrece siempre un camino alternativo, una luz en la oscuridad, un oasis en la sequedad del desierto. Pero todo conduce a lo mismo: a la presencia de Cristo. Y a los pies de Jesús te postras. Y lo que contemplas te reconforta. El Señor extiende sus manos horadadas con los clavos de la Pasión reflejo fiel del mayor sacrificio amoroso que un hombre ha hecho nunca por amor. Y la desesperanza se desvanece. Y la fe —esa semilla que necesita del adobo de la oración, del sol de la intimidad con Dios, del agua de la Palabra y de la sabia de la Eucaristía—, que implica conocer la grandeza y la majestad de Dios, retoma las riendas de esa vida que se apaga, espanta los temores y coloca ante el Señor las cargas y el peso de la tribulación.
«Esperé confiadamente en el Señor», clama el Salmo. Y debo ser consecuente con mi ser cristiano. Depositar la fragilidad de mi vida a su divina voluntad, colocar mis cansancios a sus pies, la tristeza en su corazón y ser consciente siempre —¡siempre!— que en cada acontecimiento Dios tiene un propósito para mí.
«Esperé confiadamente en el Señor», porque Él sabe todo lo que puedo soportar.
«Esperé confiadamente en el Señor», porque nunca me dejará caer sosteniéndome por muy perdido que pueda estar.
«Esperé confiadamente en el Señor», porque Él me otorgará la fortaleza parara avanzar y salir triunfante de la adversidad.
«Esperé confiadamente en el Señor». Esperaré porque con Él podré cambiar mi manera de mirar, acrecentará la llama de mi fe, perfeccionará los defectos de mi actitud y acrecentará las virtudes de mi vida.
No es sencillo llevarlo a la práctica pero si espero confiadamente en el Señor y deposito mi confianza en Él le estoy concediendo la oportunidad de que, de su mano, pueda hacerse realidad.

orar con el corazon abierto

¡Señor, espero en ti, caminando como voy por esta vida, tantas veces por sendas equivocadas! ¡Tu, sabes, Señor, que en mi corazón conviven de manera permanente el bien y el mal, pero quisiera que solo el bien fuera la razón de mi vivir! ¡Espero en Ti, Señor, porque quiero seguir tus palabras y tus mandamientos, sentirme libre con la libertad que otorgan las enseñanzas de tu Evangelio! ¡Espero en ti, Señor, porque quiero dejar atrás todas aquellas cosas que oprimen mi corazón y me alejan de ti! ¡Espero en ti, Señor, porque quiero ser semilla que de fruto! ¡Espero en ti, Señor, porque quiero nacer de nuevo bajo el influjo del Espíritu Santo, abierto a los desafíos de tus Bienaventuranzas! ¡Espero en ti, Señor, desde mis caídas y mis pecados, desde mis alegrías y mis esperanzas, desde mis fracasos y mis éxitos, abierto siempre a ti, a la confianza y a la esperanza! ¡Espero en ti, Señor, porque mi anhelo es la vida eterna donde tu moras eternamente! ¡Espero en ti, Señor, porque anhelo tener un corazón abierto a la alegría y dispuesto a cargar la cruz de cada día! ¡Espero en ti, Señor, porque asumiendo mis debilidades y mis fragilidades anhelo fervientemente ser tu discípulo y aprender de Ti lo que el Espíritu me insufle! ¡Sagrado corazón de Jesús, en vos confío!

Todo lo espero de Ti, cantamos para poner todo en manos de Dios:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s