Elogio de las pequeñas cosas

No tengo ningún problema en reconocerlo. Prácticamente todo lo que hecho y lo que hago en esta vida son pequeñas cosas. Estoy convencido de que a la mayoría de la gente le sucede lo mismo. Hay una gran felicidad en las pequeñas cosas bien hechas. Cuando alguien realiza una tarea extraordinaria tal vez no la contempla desde una perspectiva trascendente. Al final, lo humano es la consecuencia de las pequeñas cosas que hacemos cada día.
Observo a la virgen. Todo lo que hacía en su vida ha pasado desapercibido. De hecho, en los evangelios su figura pasa como de soslayo pero en momentos puntuales y trascendentes. Figura como en silencio. La propia Anunciación es un cuadro sencillo, repleto de pinceladas. La visitación a Santa Isabel, con la que estuvo nueve meses, es un punto y aparte en el texto de Lucas. Y en la Pasión, donde su figura está muy presente, deja solo retazos de su grandiosidad.
De seguro que Jesús aprendió de María a cuidar los pequeños detalles, a santificar los actos cotidianos, a hacer crecer los pequeños gestos de amor cotidianos, signos de la presencia viva de Dios en nuestro mundo. Porque Dios no está solo en las grandes cosas sino también en las pequeñas, esas que pasan desapercibidas a los ojos de la gente.
Hoy mi propósito es hacer grandes las cosas pequeñas. O como decía la entrañable Madre Teresa: no podemos hacer grandes cosas, sólo pequeñas cosas con gran amor. Y como hoy tengo muchas pequeñas tareas por delante pongo todo mi corazón para que esa pequeñez logre dar frutos abundantes.

¡Señor, con la fuerza de tu Santo Espíritu, ayúdame hacer siempre el trabajo bien hecho, concédeme la gracia de hacerlo con entusiasmo, con compromiso, con entrega, con alegría, con generosidad… y con mucho amor, por amor a ti y a los demás! ¡Señor, te doy gracias por mi trabajo, que es fuente de bienes abundantes y agradable realización personal aunque no siempre sea fácil y se presenten con frecuencia problemas e inconvenientes! ¡Gracias Señor, porque me permite desarrollar mis capacidades y dar buen fruto con mis talentos! ¡Que mi trabajo sea la oportunidad de santificar mi vida Y tratar de hacer siempre las cosas bien con honradez, con justicia, con equidad y profesionalidad! ¡Que sea, Señor, Una oportunidad de hacer el bien!  ¡La vida cristiana consiste, Señor, en estar unidos a Ti, que mis pequeñas labores cotidianas me sirvan para acercarme más a Ti! ¡Ayúdame hacer siempre las cosas por amor! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

Cristo, llénanos de ti, cantamos hoy con júbilo:

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Un comentario en “Elogio de las pequeñas cosas

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