Por la vida, como esposado

Tengo un conocido que me decía el otro día que «voy por la vida como esposado, lo que me impide una libertad de movimientos, es como ir condenado a hincar la rodillas en tierra».Es una imagen muy gráfica de la desesperanza. Es un retrato claro de que donde antes fluía la alegría, la serenidad, la fe o la esperanza ahora está presente el desierto; la esterilidad del árbol que antes daba fruto o la sequedad del río que antes bajaba desbordante.
Pero también me dice que de «mi mente solo salen ideas tristes que viajan hacia mi boca para pronunciar lamentos y desdichas».
Trato de convencerle de que la única manera de cambiar esa perspectiva vital es centrándose en Cristo. Verter todos los desánimos en su corazón sagrado. Derramar sus desdichas ante Él, escucharle en el silencio de la oración y permitir que le hable. Llorar para que las lágrimas llenen ese río seco y esa tierra yerma para que el árbol vuelva a dar frutos. Tal vez incluso esas lágrimas cubrirán la tierra de agua y así podrá caminar sobre ellas sin miedo y con confianza. Entregarse enteramente a Cristo es dejar de lado los pesares y vivir en la confianza.
Por experiencia propia; cuanto mayores son las dificultades más cerca está Cristo de uno, más aprende de la infertilidad, y más «sabio» va haciéndose con las derrotas, las caídas y las incertezas. Pero no es una sabiduría emocional ni de inteligencia, es la sabiduría del saberse unido al Señor. Unido en la confianza, en la espera, en el control de los sentimientos y de las emociones, en la edificación de pilares sólidos en los que poder cimentar una vida de fe y de esperanza. Hay altibajos, sí. Hay incertezas, también. Pero para poder subir a lo alto primero hay que estar en lo profundo. Y es en lo profundo del silencio donde uno acaba por alcanzar una cierta serenidad interior, en la quietud uno escucha por medio del Espíritu lo que el buen Dios desea comunicarle. Las lágrimas purifican y sanan. Y las lágrimas vertidas que cubren de agua la tierra permiten andar sobre ellas para saberse completamente amado por el hacedor del amor más grande e infinito. Caminar sobre las aguas implica no tener miedo a nada, vivir en la confianza al saberse sujetado por Cristo, hacer desaparecer el miedo de la propia vida, dejarse guiar por la fuerza del Espíritu, entregar el propio corazón para ser renovado, transformado y purificado, ir seguro sin temer a nada a nadie ni hundirse en las dificultades de la vida, pero sobre todo, de manera extraordinaria, dejar que Dios haga en su vida el gran milagro que tanto anhela.

¡Señor, tú sabes que mi vida no es sencilla y que muchas veces está zarandeada por las olas; que el viento sopla tan fuerte que va en contra y me impide avanzar con seguridad y confianza; muchas veces por culpa de esto siento que no avanzo y que me hundo! ¡Señor, tú sabes y cuando las tormentas derraman toda su fuerza sobre mi vida la confusión me ofusca, la desesperanza hace algunas veces mella en mi corazón y la frustración me hace tomar la decisión de abandonar! ¡No lo permitas, Señor, y envía tu Santo Espíritu para que me dé la fortaleza y la valentía para seguir adelante! ¡Pero yo se, Señor, que te acercas a mi vida por medio de la oración y de la Eucaristía, de la palabra y de la vida de sacramentos, del encuentro con el hermano y a través de los pequeños gestos cotidianos que tú me regalas! ¡Dame, Jesús, tu paz para caminar seguro sobre las aguas de la vida! ¡Llena siempre mi humilde oración de tu presencia; háblame y enséñame Jesús! ¡Por medio de tu Santo Espíritu abre los ojos y los oídos para ser capaz de entender y leer tus palabras y comprender tu voluntad! ¡Dame, Jesús, una palabra para que yo pueda seguirte, baje de la barca y entre las tormentas de la vida sea capaz de caminar sobre las aguas! ¡Seguirte, Jesús, y estoy decidido a dar pasos de fe sobre cada uno de los mandatos que me hagas llegar, seguir tu santa voluntad, siempre dispuesto a ofrecer mi pequeñez para que hagas algo grande conmigo! ¡Ayúdame a salir de la barca de las incertidumbres, los miedos, las tribulaciones, los sufrimientos, las angustias y las dificultades que amenazan mi vida constantemente y pueda caminar sobre el agua aunque el viento sea fuerte y las olas impetuosas; sí, Señor, te confieso que a veces tengo miedo pero tú puedes aplacar la tormenta porque yo hoy he decidido creer en tus promesas! ¡Concédeme, Señor, la gracia de avanzar poco a poco hacia ti y que ninguna tormenta me destruya para que juntos podamos llegar a tierra firme! ¡Señor, te pido también por los atribulados, los que sufren, los desesperanzados, los que tienen soledad, los que tienen el corazón roto y herido porque todos esos necesitan de tu misericordia, de tu amor, de tu seguridad; envíales tu Santo Espíritu para que les dé la fortaleza de seguir avanzando cada día, de sentir que tú estás cerca de ellos y sobre todo, Señor, que sientan tu amor misericordioso!

2 comentarios en “Por la vida, como esposado

  1. Hay altibajos, si .Señor Todopoderoso envía tu Santo Espíritu para que me de la fortaleza y la valentía para seguir adelante !!!

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  2. Si q rezo, si q medito, confiezo, pero lo q más me gusta es cantar! Aleluyas, Glorias, Alabanzas …etc, etc. Me parece q Los Cánticos elevan El Alma! Cantemos!
    Abrazos!

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