Reconozco mi condición de pecador

Esta frase de San Agustín que leí hace tiempo me obliga a esforzarme a vivir en gracia y amistad con Dios: «El pecado es la causa de todos los males».Quiero tenerlo presente y abro el salmo 51: «compadécete de mí, Oh Dios». Éste miserere mei Deus del salmista es la oración del alma pecadora y te hace tomar conciencia de tu fragilidad y de tu condición de pecador porque «reconozco, Señor, que he pecado contra ti». Y lo más grave, he cometido el mal en tu propia presencia.
Y ese pecado cometido deja en mi corazón una brizna de oscuridad, una impronta de dolor, el sello de la enemistad y el alejamiento de Dios. Cada vez que peco mi pecado se vuelve contra mí.
Te quedas inerte como el paralítico acostado en su lecho. Y, entonces, solo te queda acudir a la confesión y pedirle al buen Jesús que por su infinita misericordia y amor se compadezca de ti. Y cuando el confesor, en nombre del amor y la bondad de Cristo, te ofrece la absolución te postras ante el crucifijo y contemplas el rostro ensangrentado y el cuerpo magullado de Cristo en la cruz. Y no puedes más que dar gracias por tanto amor y de tus labios surgen, amorosamente humildes, estas palabras de petición: «Señor, termina en mí la gran obra de tu misericordia y, sobre todo, no permitas de ahora en adelante que me aleje de ti».


¡Padre bueno y generoso, Señor de la misericordia y el perdón, te doy gracias porque tu infinito amor me ha salvado! ¡Gracias, Padre! ¡Padre, tu paciencia es infinita conmigo que juego siempre a hacer mi voluntad! ¡Gracias, Padre, porque es tu compasión la que me perdona y me incita a recomenzar de nuevo! ¡Gracias, Padre, porque es tu compasión la que se apiada de mí! ¡Yo lo único que te puedo entregar, Señor, es mi pequeñez, mi miseria, mi debilidad y, sobre todo, mi dolor! ¡Padre, concédeme la gracia de no volver a pecar, de reparar mis culpas, de cambiar mi manera de actuar, de reconocerme interiormente! ¡Jesús mío y Señor mío, que tu Sagrado Corazón me salve y me colme de gracias y bendiciones! ¡Espíritu de Dios, ven a mi para purificarme, transformarme y renovarme! ¡Sagrado corazón de Jesús, en vos confío!

Cristo es luz eterna, compañía perpetua, y esta idea queda hermosamente reflejada en esta obra Lux Aeterna de Edvard Elgar:

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2 comentarios en “Reconozco mi condición de pecador

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