Aprender a renunciar

Último sábado de julio con María, Señora de las renuncias, en nuestro corazón. La Virgen, que escuchó de boca de Jesús las enseñanzas de Su Hijo e hizo suya la buena nueva del Evangelio, preservándolo todo en su corazón, convirtió esas palabras vivas en motivo de oración y contemplación. Una de las consecuencias de ese aprendizaje fue la renuncia. La renuncia forma parte del amor absoluto que siente por Cristo. María me enseña hoy que no se ama de manera auténtica sino se está dispuesto a renunciar cuando las exigencias de la vida así lo exigen, cuando las circunstancias te llevan a separarte de quien amas y de lo que amas. No se demuestra verdadero amor a Dios, no se le ama por encima de todo, cuando por este amor no se es capaz de renunciar a lo que uno más ama. Y esta renuncia está muy vinculada con el dolor.
María sintió a lo largo de la vida el profundo dolor aceptándolo con amor. Con la muerte de Jesús, sólo queda la soledad de María. Y en esa soledad fue progresando paulatinamente en la escuela del dolor y de la renuncia. para un día poder postrarse indestructible y amorosa a los pies de la Cruz, donde el dolor se convierte en la máxima expresión de su amor.
Y ahora analizo mi vida, mis decisiones, mis actitudes… y soy consciente de lo mucho que me cuesta renunciar. ¿No será porque mi corazón no sabe amar?

orar con el corazon abierto

¡Señor, me acerco hoy ante Ti como hizo el joven del Evangelio que te preguntó que debía hacer para obtener la vida eterna! ¡Señor, soy consciente de que debo aprender a renunciar y acercarme a Ti para pedirme que me muestres el camino! ¡Ayúdame a aprender de tu Madre, y a tomar conciencia que amándote y siguiéndote renunciando a lo que me separa de Ti es la única manera de hacer realidad Tu Evangelio en mi vida! ¡Ayúdame a seguir el ejemplo de tu Madre y a ser valiente y aprender a renunciar sin miedo al que dirán! ¡Dame fuerzas para soportar el dolor, escucha mis ruegos y llenáme de tu amor porque aunque no te veo se que estás aqui, Señor, y me acompañas siempre en las renuncias que me exiges para ser tu discípulo! ¡Concédeme la gracia, Señor, de aprender a alejar de mi todo aquello que sienta que es ajeno a tu Palabra y que se aparta de la voluntad del Padre! ¡Concédeme la gracia, Señor, de rechazar las cosas mundanas y a comprender que tiene más quien más te tiene a Ti y busca parecerse más a Ti por el ejercicio del bien y del amor! ¡Y como hizo Tu Madre, te entrego todo: mis días y mis noches, mi fe y mi confianza, mi constancia y mi valor, mi mirada siempre puesta en Ti! ¡Ayúdame a vivir como hizo tu Madre, con el alma serena y en paz, llena de amor por el prójimo, decidido a trabajar sin medida por el bien y llevándolo todo en el corazón para que cada renuncia sea un encuentro contigo!

Del maestro alemán Heinrich Schütz escuchamos en este último sábado de mes una de sus cuatro bellos Magnificat anima mea dedicados a la Virgen:

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