Ser alguien magnánimo

Se dice de un presidente de gobierno que no toma decisiones, que deja que los problemas pasen para que se resuelvan por si mismos. También existe el dicho que para que triunfe el mal basta con que no se haga nada. Te encuentras con frecuencia con personas que actúan como el primer ejemplo o que no reaccionan ante el segundo bien por miedo a fracasar o bien porque las dudas les embargan. Ante situaciones adversas, prefieren permanecer al margen y no actuar. Así, no toman decisiones para no poner en juego sus propias capacidades.
Me he encontrado a lo largo de mi vida muchas personas apocadas y pusilánimes que carecen del valor para asumir los retos que les plantea la vida. Que, ante cualquier problema, dificultad o desgracia, prefieren agazaparse, permanecer en la mediocridad de la vida y no afrontar los retos que ésta les plantea. Tal vez tengan una baja autoestima o una gran desconfianza en sus capacidades. Ni es criticable ni se puede juzgar. Sin embargo, Dios que nos ha entregado a todos unos talentos para darles juego nos envía al Espíritu Santo para que nos llene de sus dones y nos de la inspiración para elevar el ánimo y tener valor ante las adversidades.
Los caminos del Señor nunca son fáciles ni cómodos. El ser humano no ha sido creado por Dios para la comodidad sino para alcanzar grandes retos. Frente a la pusilanimidad surge la virtud de la magnanimidad, ese valor del ser humano que lleva a buscar lo grandioso y honorable de la vida, incluso aquello con apariencia de obstáculo insalvable. En la magnanimidad los hombres podemos encontrar lo elevado en función de nuestras capacidades y utilizar los dones recibidos por Dios para emplearlo como mejor convenga para el bien.
Cuando trato de ser magnánimo de acuerdo con unos valores y unos principios me estoy poniendo al servicio del bien y unos ideales mayores que los propios.
Un anhelo de mi corazón es convertirme en alguien auténticamente magnánimo, no conformarme con lo que soy sino ir en búsqueda de la perfección como cristiano y como ser humano en un entrega absoluta para ser sin intereses y componendas, una manera muy hermosa de acercarme más al Señor y a los demás.

orar con el corazon abierto

¡Señor, que sepa acoger en mi corazón la virtud de la magnanimidad! ¡Dame un corazón grande de ánimo capaz de hacer el bien, repartir lo propio, devolver más de lo que recibo, ser prudente en mis acciones, manifestar siempre la verdad, no quejarme nunca, perdonar de corazón, amar sin contrapartidas, preocuparme más de la verdad que de los chismes y de la opinión parcial, no gloriarme por el triunfo o por la alabanza de los demás, estimar poco el poder, desapegarme de lo material! ¡Gracias, Señor, porque pones a mi lado amigos de corazón que saben con palabras sencillas y gestos amorosos corregir mi corazón tantas veces soberbio y egoísta! ¡Espíritu Santo, dame grandeza de alma para buscar siempre lo honroso y honorable de mi vida y tender siempre hacia las cosas grandes! ¡Concédeme, Espíritu Santo, la gracia de hacer grandes actos desde la humildad y utilizar los dones que Dios me ha otorgado de la mejor manera y siempre a su servicio! ¡Otórgame una alma grande que enfrente siempre las causas nobles y difíciles por amor a Dios y a los demás! ¡No permitas que me acobarde por las situaciones de la vida y afronte con valentía la vida según mis capacidades! ¡Espíritu Santo, Dios me llama a la perfección y necesito de tus dones y tus gracias para alcanzarla porque no puedo por mis propios méritos! ¡No permitas que el miedo al fracaso me supere y dame la fe suficiente para ser decisivo y valiente en mis decisiones y ver cumplido en mi corazón los deseos que Dios tiene puesto en mi! ¡Concédeme, Espíritu Santo, la virtud de la magnanimidad para mantenerme siempre fiel a la voluntad de Dios!

Agua viva, cantamos con la Hermana Glenda:

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Un comentario en “Ser alguien magnánimo

  1. Los caminos del Señor nunca son fáciles ni cómodos . En la magnanimidad los hombres podemos encontrar lo elevado en función de nuestras capacidades y utilizar los dones recibidos por Dios , para emplearlo como mejor convenga para el bien . ¡ Señor Todopoderoso , que sepa acoger en mi corazón la virtud de la magnanimidad !

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