Seréis como dioses

Terminé ayer la lectura de un libro de un intelectual y diplomático católico alemán, Hans Graf Hyun. Su título: Seréis como dioses. En sus páginas el autor plantea las consecuencias negativas que para el hombre de nuestro tiempo ha tenido el conseguir plena autonomía. La crisis del hombre occidental se ha revelado como la propia del hombre autónomo, pretendida criatura de si mismo. Es una obra que te ayuda a replantearte muchas cosas pero, sobre todo, a analizar tu dignidad como hijo de Dios. Y te das cuenta de que el problema de la libertad está en el susurro de la serpiente que pone en jaque la autonomía moral del ser humano. Puede ser paradójico, pero la promesa del demonio a Adán y Eva que da el título al libro, es lo que arrastra a la humanidad por los suelos de la civilización.
Hoy llevo ese «Seréis como dioses» a la oración. No hay mejor definición del pecado que esta. La pronuncia el demonio disfrazado de serpiente. Y Adán y Eva —el ser humano en general—, revestidos de la gracia y la libertad, se dejan llevar por la creencia de ser como Dios destruyendo la semilla de la plenitud de la vida y de la alegría permanente con la que el Creador les había obsequiado. Y así nos va desde el principio de la vida del hombre. Aunque Dios marca el ritmo, el ser como dioses nos hace pensar que el tiempo lo marcamos nosotros. Que cada uno puede trazar sus caminos y hacer su voluntad antes que la de Dios.
Si uno analiza bien la figura de Cristo comprende como se sometió siempre a la voluntad del Padre. Sus tiempos no eran los mundanos, eran los tiempos de Dios. Así, permanece treinta años oculto en una carpintería de Nazaret… hasta que llega su hora jalonada de milagros y mensajes que cambiarán la humanidad entera. Y durante esa vida pública recuerda en varias ocasiones que su hora no ha llegado aunque sea la Virgen María la que abra el camino de su Hijo en los esposorios de Caná.
«Seréis como dioses». Puedo intentar ser un dios en minúsculas, compadreando con el príncipe del mal, tentado a vivir según mis propias conveniencias y decidir según mi propio criterio donde está el bien y donde está el mal. O un hombre sencillo que se deja llevar por los tiempos de Dios, creer en ese camino de vida que me conduce hacia Él, salir de mi mismo para vivir con amor  y llenarme de paz, esperanza, alegría y libertad. Puedo partir mi tiempo entre el tiempo del diablo o el tiempo de Dios. Opto por el tiempo de Dios porque no es el poder lo que verdaderamente redime. Es el amor. Y el Amor es el distintivo de Dios. Entonces podré exclamar: «Amad y seréis como dioses, como Dios. Entonces seréis plenamente hijos míos».

orar con el corazon abierto

¡Padre Celestial, tu conoces perfectamente lo que anida en mi corazón y lo que deseo para mi para cambiar y ser un autentico seguidor de Cristo! ¡No permitas que me deje llevar por las acechanzas del demonio creyéndome un pequeño dios! ¡Padre, tú sabes que en tu presencia me siento seguro, que alejado de Ti siento el frío helador de la tristeza! ¡Tu sabes, Padre, que todo se derrumba a mi alrededor cuando pongo por delante mi mundanalidad frente a tus caminos! ¡Ayúdame con la fuerza de tu Santo Espíritu a valorar tu visión esperanzadora de mi vida y que no me entre ni el temor ni la tristeza por lo que espero y deseo! ¡Que mi incredulidad, Padre Celestial, se transforme siempre en una fe viva y firme! ¡Reconozco, Señor, las veces que he mantenido contigo una relación distante cuando las cosas no salen como deseo, y que eso me ha ocurrido también con los demás! ¡Te pido perdón por las veces que he llegado a pensar que el que estabas equivocado eras Tú y no haber confiado plenamente en Ti! ¡Ayúdame a aceptar siempre tus tiempos; ayúdame a usarlo bien y a no despreciarlo nunca! ¡Ayúdame, con la sabiduría que otorga el Espíritu Santo, a descubrir las maravillas de la espera, a comprender que tus tiempos no son tiempos perdidos sino de ganancia! ¡Permíteme, Señor, postrarme ante tu presencia y gozar de tu amor sagrado y misericordioso! ¡Que sea capaz de comprender que Tú solo esperar el momento adecuado para hacerme llegar al lugar correcto, que esperas que confíe en Ti y que esta creencia sea mi fuerza y mi alegría! ¡Gracias, Señor, por tanto amor y tanta misericordia!

No puede ser maldito, la música para orar hoy:

Anuncios

La apatía y la rutina espiritual

¿Siento en algún momento apatía al vivir mis experiencias de fe? La rutina en la vida cristiana puede llegar a convertirse en una verdadero tsunami interior producto de la falta de entusiasmo, por la incapacidad para entregarse por amor, por la falta de pasión por la Verdad, por la indolencia ante el compromiso. Muy unida esta la apatía al desamor. Si no se ama, uno no crece. Y al final la rutina del cristiano tiene mucho que ver con tratar con cierta indiferencia a Aquel que lo ha dado todo por uno, en la mayor y más generosa de las donaciones.
La rutina es la carcoma de la fe, es la polilla que destruye el interior. Es el cáncer que llena de apatía el alma y el corazón y que paraliza todo para no hacer nada. Cuando la rutina se instala en uno no sólo destruye la fe, gangrena todo lo que le rodea: la vida familiar, la relación conyugal, la vida laboral, el crecimiento personal, las relaciones de amistad… Si el amor no crece, no se fortalece, no se alimenta; todo carece de sentido porque el hombre ha sido creado para crecer en el amor.
Como cristiano siento que debo huir siempre de la zona de confort. Que debo crecer junto a Jesús en el día a día de su realidad. Alimentar el alma y el espíritu. Sin fe no es posible agradar a Dios porque la fe es el pilar fundamental en la vida cristiana. Sin fe, no hay referentes espirituales. Sin fe, no hay esperanza. Sin fe no es posible creer en las promesas del Señor. Sin fe, es imposible salirse de la zona de comodidad y aceptar los retos que Dios pone en nuestra manos. Sin fe, no hay alegría interior y fidelidad a la verdad del Evangelio.
La rutina en la vida espiritual paraliza al hombre porque lo convierte en un ser conformista que acepta en su cotidianidad la apatía, la monotonía, la desgana e, incluso, el aburrimiento. La rutina lo vuelve todo insípido y borra de un plumazo la alegría de la fe para dar entrada a la tibieza y la desgana. La rutina hace que la vida espiritual se apague con una lámpara de aceite, que la oscuridad cubra de tinieblas la luz.
Si mi entusiasmo desaparece toda mi vida pierde, deja de lado la novedad y deja de ser sal que todo lo sazona.
A la rutina la puedo vencer mirando la vida con ojos de eternidad. Fijando mi mirada a ese gran ideal que es la santidad luchando cada día por alcanzarla. Saliendo de mi mismo, de mis cosas, de mis egoísmos, de mis autosuficiencias, de mi forma de enfocar la vida y poniendo como objetivo alcanzar el cielo prometido. Solo así mi vida dejará de ser rutinaria y estará jalonada día a día con el gozo que Dios ha puesto en tu corazón.

orar con el corazon abierto

¡Señor, no permitas que por el efecto de la rutina mi vida cristiana caiga en la apatía, la monotonía o el aburrimiento! ¡Envía tu Espíritu para que se mantenga mi fe firme, alegre! ¡No permitas que mi vida esté impregnada por la tibieza para que llegue a mi mente, a mi corazón y a mi espíritu el tedio por las cosas de Dios! ¡Ayúdame a crecer junto a Jesús! ¡Concédeme la gracia para poner nombre al nuevo día para que mi lámpara de fe no se apague nunca, para ser luz que ilumine la noche y los días de oscuridad! ¡Señor, concédeme la gracia de una fe firme y plena, que me haga ver las cosas divinas y humanas desde la perspectiva de la eternidad! ¡Dame una fe abierta y libre para no caer en la apatía, para aceptar todo lo que ella implica! ¡Concédeme la gracia de una fe firme y fuerte para no caer en las contradicciones de la vida! ¡Concédeme una fe alegre y renovada que no caiga en el tedio y me acerque más a Jesús! ¡No permitas que el tedio y la apatía me embarguen pues quiero ser testimonio de fe, discípulo de la verdad y tener una auténtica amistad con el Señor!

Oh perdón Dios mío, exclamamos al Señor cantando:

La Verdad no admite componendas

Hoy los cristianos rememoramos el martirio de San Juan Bautista, el precursor de Jesús. La figura de este santo, ejemplo de entereza y valentía en su defensa de la verdad y de la denuncia de la ignominia y el mal, al que el mismo Jesús elogió por su honradez y santidad como el mayor de los nacidos de mujer, lejos de ser un día triste es un ejemplo de testimonio de vida. San Juan no predicó solo la conversión y la penitencia, en un momento de gran aceptación reconoció a Jesús como el Enviado de Dios, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y él se aparta para que el mensaje de Cristo sea escuchado en toda rincón.
San Juan ofreció su propia sangre en nombre de la verdad que es Cristo. Martirizado como signo de santidad, pudo afrontar su muerte con confianza porque estrecha era su relación con Dios fruto de la oración, que es el hilo que guía la existencia del hombre.
El Bautista me enseña hoy a ser testimonio de coherencia en el mundo. Coherencia en lo moral, en lo espiritual y en lo humano. Coherencia en cada minuto de mi existencia por muchos sufrimientos y sacrificios que deba sufrir y soportar. No es una cuestión de heroicidad. Es una cuestión de que el amor a Jesús, a su mensaje, a su Palabra, a su Verdad no permite doble juego. Si quiero ser un cristiano auténtico debo ser verdaderamente fiel al Evangelio en cada momento de mi vida para permitir que Cristo viva en mi y yo en Él.
Hoy tengo también muy presente en mi oración a los mártires cristianos que, como san Juan Bautista, han sido fieles a la Verdad que es Cristo. La persecución no es cosa del pasado, es una viva realidad que muchos deben afrontar por su adhesión a Jesús y su pertenencia a la Iglesia. Todos ellos son mártires de la fe y a todos los llevo hoy en mi corazón y en mi oración.

Puvis de Chavannes, Pierre, 1824-1898; The Beheading of Saint John the Baptist

¡San Juan Bautista, ejemplo de valentía, mártir de la fe y de la defensa de la Verdad, precursor del Salvador, enséñame a seguir tus caminos, dame un poco de tu virtud y dame siempre fuerza y valor para defender la verdad del Evangelio! ¡Ayúdame, San Juan, a vivir con humildad mi vida y con fidelidad a Jesucristo mi camino como cristiano; ayúdame a ser siempre fiel a la voluntad de Dios! ¡Cuando los problemas me acucien y las situaciones difíciles se me presenten, ábreme a la esperanza! ¡A Ti, Padre, que unes los dolores de Jesús con los de tu Iglesia, concede a todos los que sufren a causa de la fe la fortaleza para superar la situación y que sean siempre auténticos testigos de la Verdad! ¡Abrevia, Padre, el sufrimiento de los que padecen persecución, no permitas que renuncien a la verdad! ¡Perdona, Padre, a los que te persiguen y protege siempre a los justos! ¡Ayúdales a ser libres en la persecución, responsables en la dificultad y amorosos en el dolor y que puedan cumplir tu Voluntad con coraje y mucha fe!

En honor de san Juan Bautista escuchamos hoy la cantata de J. S. Bach Christ unser Herr zum Jordan kam, BWV 7 (Cristo, nuestro Señor, vino al Jordán):

Sentirse especial

Lo digo sinceramente: me siento especial a los ojos de Dios. Me siento como un hijo único, protegido de todo peligro. Me siento un elegido bajo la ternura del amor del Padre. No lo merezco. No puedo exigirlo. Pero esta sensación es un regalo divino. Pero cada vez que me muestro autosuficiente, soberbio, orgulloso, tibio, autocomplaciente… rechazo ese gran regalo que viene de Dios. En esto se demuestra claramente que el amor es un don y trabajo al mismo tiempo.
Dios me ama tanto —nos ama tanto— que su amor no se apaga nunca; tampoco ofrece una vida sencilla, ni exitosa, ni tan siquiera satisfactoria. Él otorga la libertad y sobre ella anhela entrar en cada corazón, purificar nuestra vida, renovarla interiormente. Dios que ama tanto quiere dar su gracia.
Si yo acepto este don con una fe firme, la ternura del amor de Dios alcanza lo más profundo de nuestro corazón. Así, uno experimenta la enorme alegría de vivir, siente que su existencia tiene sentido. Puede sentir que es tratado y cuidado de una manera única y especial. Cuando uno se encuentra frente a frente con el Amor le hace tomar conciencia de su realidad, de los valores que atesora, de su belleza interior. Le permite crecer de acuerdo con su compromiso con la verdad. El Amor, en definitiva, llena todo su ser.
Sin embargo, uno aprende que en su miseria y su pequeñez, en sus caídas constantes, ese amor maravilloso debe ser permanentemente purificado. Cuidarlo y perfeccionarlo. En la debilidad hay que dejarse amar por Dios por medio del Espíritu Santo. Por uno mismo esta tarea es difícil de lograr sin olvidar nunca que Dios ama al hombre no por su poderío, por sus méritos, por sus capacidades o por su virtudes; lo ama en la medida que es capaz de amar y depositar toda su confianza en Él.
Este sentirse especial tiene una segunda variante. La de María. A través de Ella uno también se siente un hijo amado. Y ella te descubre las enseñanzas del amor. Repasando tu vida y enfrentándola a la Suya comprendes que uno puede colocar a Dios en el centro en cada momento de la vida. María te acompaña cuando tus cansancios te ahogan, tus debilidades te derrotan, tus ilusiones se rompen o el dolor te empaña. Está también ahí cuando las necesidades son perentorias, la soledad te hiere o las flaquezas de debilitan.
Sentirse amado por Dios, por Jesús y por María. Amado de manera especial y privilegiada. Una invitación a ser sacando lo mejor de uno, no a ser huyendo de la realidad de la vida.

orar con el corazon abierto

¡Señor, que mi vida sea siempre una constante alabanza, un canto de jubilo por lo que haces por mi! ¡Gracias, Señor, por el regalo de la vida, por mis talentos y virtudes, por mi fe viva y esperanzada, porque cada día que pasa está lleno de bendiciones que no merezco! ¡Te doy gracias por tantas cosas maravillosas que cada día iluminan mi vida y por ese amo que no tiene fin! ¡Te doy gracias por habernos dado a Jesús y a María, ellos me llenan de esperanza, despojan de mi corazón toda desesperanza y tristeza y sanan mi vida con su presencia! ¡Gracias porque a través de mi oración confiada a Jesús y a María recibo más que lo que te doy y siento como proteges a las personas que quiero! ¡Gracias, Padre, porque eres un Dios de amor, de gracia, de misericordia y de bondad infinita! ¡Quiero ser agradecido, Señor, y estar dispuesto a servirte para serte útil a Ti y a tu obra! ¡No permitas que me aparte de Ti! ¡Ayúdame por medio del Espíritu Santo a escucharte siempre porque es a través del susurro de la sabiduría como mi vida puede seguir el rumbo que tu me marcas! ¡Mi vida, Padre, es para servirte con amor y desde este amor servir a los demás! ¡Concédeme la dicha de servirte siempre y dar testimonio de Ti en la sociedad!

You Raise Me Up (Tú me elevas), hermosa canción para ilustrar el texto de hoy:

¿Amar?

Hoy es el día de santa Mónica, modelo de madre cristiana y ejemplo de esposa abandonada y madre afligida, que encuentra en la memoria el bálsamo del consuelo, para sanar las penas de su sufrimiento. En las Confesiones, san Agustín elogia a su madre, a la que considera «dos veces madre» y «sierva de los siervos de Dios». Fue mujer de puro amor con una inmensa capacidad de amar. ¿Amar? ¿Cómo estoy yo de amor con mi cónyuge, con mis hijos, con mis amigos…? ¿Comprendo el sentido del amor para darlo de verdad?
Amar a un ser querido es aceptar la ocasión de conocerlo de verdad y disfrutar de la oportunidad de descubrir lo que custodia más allá de sus máscaras, de sus sentimientos y de su autoprotección; vislumbrar con afecto, cariño y ternura sus sentimientos más íntimos, sus incertezas, sus inseguridades, sus temores, sus carencias, sus ilusiones, sus anhelos, sus esperanzas y sus alegrías, su dolor, su sufrimiento, sus heridas y sus esperanzas; es entender que detrás de su coraza de autodefensa o de timidez o de miedo y de sus máscaras, palpita un corazón sensible, tierno y tal vez solitario, probablemente necesitado de una mano amiga, de un abrazo caluroso, de una palabra amable; anhelante de una sonrisa sincera y amorosa en la que pueda sentirse correspondido; es reconocer, con respetuosa compasión, que la falta de paz interior y el desorden en el que uno vive en ocasiones es consecuencia de la ignorancia, de la tristeza o de la inconsciencia, y ser consciente de que si alrededor genera desdichas es probablemente porque se es incapaz de sembrar alegrías; es entender que el vacío interior muchas veces carece de sentido porque el hombre no puede hacer depender su confianza en sus propias fuerzas sino en el Señor; es descubrir, respetar y honrar, con independencia de su carácter, su verdadera identidad, y saber apreciar con franqueza y honestidad su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.
Amar a alguien es darle la ocasión de que cualquier opinión sea escuchada con atención, respeto, generosidad e interés sin juzgar ni burlarse; aceptar su experiencia vital sin tratar de cambiarla sino de hacerse partícipe de ella, de comprenderla y respetarla; ofrecer un espacio donde quepa la oportunidad de ser ella misma sin el temor a ser juzgada, en el que haya la suficiente confianza de que pueda abrirse sin sentirse obligada a revelar aquello que considera de su esfera más íntima; es reconocer y defender que tiene el derecho inalienable de escoger su propio camino, por mucho que éste no coincida con el mío sin exigirle que se amolde a mis ideales o que actúe de acuerdo con mis expectativas y planes; es valorar a esa persona por ser quien es, con sus virtudes y defectos, no como desearíamos que fuera; es poner toda la confianza en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas y comunicarle mi fe y confianza para agarrarse a la esperanza.
Amar a alguien es creer en él cuando incluso duda de si misma, tratar de contagiarle la alegría, las ganas de vivir, la esperanza, el entusiasmo cuando está a punto de darse por vencido; darle todo el apoyo cuando le escasean las fuerzas, animarlo cuando titubea o cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo le entristece, sin permitir que su desdicha le aprisione; es disfrutar del simple hecho de estar juntos, libremente y sin ataduras.
Amar a alguien es vivir en la humildad para recibir todo de ella sin representar el papel del que nada necesita; es darle gracias al Señor por habértela puesto a tu lado; es disfrutar de la experiencia aún a sabiendas que el mañana es una incerteza pero que lo cotidiano puede convertirlo en un milagro.
Amar a un ser humano, creación de Dios es, en realidad, amar la auténtica naturaleza del hombre, es amarte a si mismo y amar a Dios por encima de todo.
Amar a otra persona es ver el rostro de Dios en ella. ¿Es así mi amor por los que me rodean? ¡Cuánto camino, Dios mío, para aprender a amar como Tú amaste!

orar con el corazon abierto

En este día dedicado a santa Mónica dedicamos esta oración: Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en el hogar, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.
Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Acompañamos la meditación con este intimista Aleluya de Erich Whitacre:

La belleza de María

Último sábado de agosto con María en el corazón. María, Madre del Amor Hermoso, Madre de la esperanza. A Jesús por María. De hecho, Jesús, nacido del seno de María, es el más hermoso de los Amores. Hay un salmo, el 45, que lo canta bellamente: «Tú eres hermoso, el más hermoso de los hombres; la gracia se derramó sobre tus labios». El amor de Cristo es el amor de María.
Hoy, en este sábado, es un día para contemplar la belleza de María. Una jornada para darle gracias al Señor por habérnosla dado como Madre, como camino espiritual para llegar a Él. Un día para detenerse junto a María, la Madre amable, admirable, del buen consejo, de misericordia, digna de veneración y de alabanza y contemplar el misterio de su maternidad divina y humana. Es el día para decirle a María que «Toda bella eres María, llena de gracia, Madre del Amor hermoso, que reproduces la belleza del Amor de Dios en nuestra vida».
Hoy a través de la belleza de María quiero profundizar también en la belleza admirable del amor del Padre y dar respuesta a ese amor que siente por mí y por todos los hombres. Comprender, desde la belleza de María, que todo pasa por la belleza de la contemplación, dejarse cautivar por la grandeza de este amor. Profundizar también en la belleza humilde y sencilla de su sí a Dios, de ese acoger en su corazón la voluntad del Padre y ese dejarse poseer por el Espíritu Santo que todo lo llena y todo lo acoge. Es el día para acudir a María, la toda bella y toda hermosa y con una esperanza viva y una confianza ciega pedirle que ruego por el mundo entero.

orar con el corazón abierto

¡Toda bella eres María, llena de gracia, Madre del Amor hermoso, que reproduces la belleza del Amor de Dios en la vida! ¡Llena de gracia eres, María, hermosa Madre, que me sostienes en mi camino de la vida y que me enseñas a vivir entre los obstáculos que ésta me presenta! ¡Hoy quiero, María, contemplar tu belleza espiritual para tomar un poco de ella para ser mejor, para luchar por mi santidad, para tratar de ser imagen de tu bondad y ser fiel a tu Hijo Jesucristo, el más bello de los hombres de la más bella de las mujeres engendrado! ¡María, cuando piense en Tí como Madre del Amor hermoso, hazme pensar también en la belleza del amor, en la belleza del ser humano creado por Dios al que debo amar y respetar siempre, de la belleza del matrimonio que en tu persona estuvo santificado, en la belleza del trabajo bien hecho que tu realizaste con amor, de la belleza de la creación pues todo fue hecho por amor, de la belleza de los gestos que tu llevaste a cabo con sencillez y humildad, de la belleza del misterio del amor, don del Espíritu Santo! ¡Cuando contemple tu belleza, María, que recuerde también la belleza de la fe que se manifiesta hermosamente en tu Sí a Dios! ¡Que sepa ver en este hermoso gesto como supiste escuchar y acoger a Cristo en tu corazón y concebirlo por la fe! ¡Al mirarte a Tí, Madre del Amor hermoso, que sea capaz de penetrar en el misterio de la fe y permitir que Cristo habite en mi corazón! ¡María, Madre del Amor hermoso, ruega por mí y por todos nosotros!

Eia Mater, fons amoris en una bella interpretación de Alfreda Hodgson:

Cuando la naturaleza te acerca a Dios

El Señor me bendice este mes de agosto con unos días de descanso en la montaña. Me permite hacer largas caminatas a pie entre lagos y valles, disfrutando de la naturaleza y de un entorno privilegiado.
Uno de los medios más hermosos para encontrarse con Dios es la naturaleza, con ese ritmo acompasado que se aleja del vértigo de la vida humana. A través de ella Dios ilumina nuestra vida con su presencia. La Creación es el principal medio en el que Dios se hace presente en el mundo. Los árboles, las nubes, las flores, los ríos, las montañas… la vida interior —la piedad si se prefiere— te permite comprender los signos de esta presencia.
Paseas por la montaña o por los valles, junto a cañadas o en la vereda de los ríos, elevas los ojos al cielo y comprendes no sólo la belleza sino la magnitud de la creación de Dios. Y más todavía. Tomas conciencia del gran amor que Dios siente por el hombre obsequiándole con tan incomparable regalo.
En estos días de asueto siento también la huella de Dios en mi vida con el disfrute de su creación. Subía el otro día una montaña. Subiendo la cuesta hasta la cima tomaba conciencia viva de que esa montaña, presente desde la creación del mundo, pervive desde siglos infinitos antes del caminar del hombre sobre la tierra. El hombre está de paso, peregrina hasta un destino eterno; la naturaleza te hace darte cuenta de la finitud de la vida.
La naturaleza es un medio muy adecuado para acercarse a Dios pero requiere abrir el corazón para detenerse en sus beneficios. Con el corazón abierto, sensible a la belleza y a la hermosura de lo creado, te conviertes en privilegiado protagonista de un espectacular lienzo que Dios, en su infinita bondad, fue creando durante seis días antes de dar vida al ser humano.
¡Qué gran regalo el tuyo Señor y que pocas veces doy gracias por poder disfrutarlo!

image

¡Te doy gracias, Dios mío, porque me permites gozar de la belleza de la Creación! ¡Cada segundo de mi vida es un precioso regalo para alabarte por las maravillas de la naturaleza! ¡Es la gran oportunidad que tu me ofreces para ser Tu en medio del mundo! ¡Para ser colaborador tuyo en la conservación de lo que has creado! ¡Cada momento es una oportunidad única para continuar tu obra, cuidando el medio ambiente! ¡Gracias, Padre, porque cada segundo de mi vida es un tiempo precioso para unirme a Ti en la oración y dar gracias por la belleza que contemplo a mi alrededor! ¡Gracias, Padre, por este amor infinito! ¡Por haber pensado en la belleza del mundo, el mejor escenario para la vida del hombre! ¡Gracias, Padre, por la oportunidad que me ofreces de descansar unos días rodeado de naturaleza en la que te me puedo acercar más a Ti! ¡Me uno a Ti, Padre, con el cántico de las criaturas de San Francisco y digo como él: loados seas, mi Señor, por nuestra hermana madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna y produce los frutos para nuestra subsistencia!

El cántico de las criaturas de San Francisco, musitado:

La vida es finitud

La vida es efímera. Un amigo vitalista, alegre, comprometido, trabajador, buen esposo y padre, cristiano auténtico… se ha ido. Así, en un suspiro. El corazón ha dicho abruptamente aquí me paro. Perderemos los que le queríamos esas sonrisas optimistas, sus siempre acertados comentarios, su apoyo en momentos de zozobra, sus sueños eternos de hacer el bien. Se ha ido a la casa del Padre, el viaje que no había planeado minuciosamente pero que en realidad era su destino soñado. Nos deja las credenciales de su carácter optimista y el recuerdo de su bondad.
Ha sido todo tan repentino que desgarra. Hace unos días le había llamado para invitarle a un retiro. «Iré encantado», me dijo. Ahora se encuentra en el mejor de los retiros imaginables.
La verdad es que nos aferramos a la vida y sentimos debilidad —y miedo— ante la muerte,  que merodea siempre, a pesar de ser conscientes de que existe una vida más sublime que nos espera. Pero creemos que en el árbol de la vida somos como esas hojas perennes que nunca se desprenden de la rama.
Siento un profundo dolor por esta pérdida. Las lágrimas las llevo por dentro porque en este proceso vital que es la muerte soy consciente de que este amigo ha pasado a mejor vida. Me entristecen los nubarrones que se ciernen sobre su familia que desahogan su dolor con suspiros de esperanza. Han abierto el libro de reclamaciones de Dios y han escrito una retahíla de preguntas que no tienen más respuesta que la «voluntad divina».
Dios toma el libro con sus manos misericordiosas y vierte sobre ellos el bálsamo del consuelo y la confianza. Al acercarles la mano pueden leer claramente escritos los nombres de todos los miembros de esta familia. Es la marca del amor. Es el testimonio sellado de que solo a Él le pertenecemos. Que lo nuestro es suyo. Que la vida es un regalo que fine en el tiempo que Dios dispone; hay que estar siempre preparado para ello.
Para los que tenemos fe y creemos en Dios y en su promesa de que, tras la muerte, existe la resurrección gloriosa y la verdad de la vida eterna la muerte adquiere un trazo diferente por muchas manchas de color oscuro que deje impregnado en nuestro corazón dolorido.
La muerte de cualquier ser querido deja una huella. En la novela de la vida, en ese libro escrito por Dios, cada uno tiene un papel asignado. Una vez el personaje desaparece del guión su espacio queda sin rellenar porque cada uno es único a los ojos de Dios.
Estamos de paso. La vida es finitud. Los hombres, polvo de la tierra, hemos de entender  que aquí estaremos poco tiempo y que la muerte nos llevará al cielo prometido, ese lugar donde la vida es para siempre.

orar con el corazon abierto

¡Bendito eres, Padre, porque en este día triste también existen los amaneceres de la vida! ¡Te quiero dar las gracias por el don de la vida que nos regalas y quiero en este día unirla a tu hijo Jesucristo que murió en la cruz por nuestra salvación! ¡Ayúdame a recorrer el camino de la vida con santidad, preparándome para una buena muerte! ¡Padre, quiero pedirte hoy por todas las personas cercanas a mí que de alguna manera están en peligro de muerte, por su enfermedad o por su alejamiento, por sus soledades o por sus tristezas, porque están están desesperados; esto también en cierta manera es una muerte física, humana y espiritual! ¡Dios mío, tú eres el dueño de la vida, eres el dueño de la muerte, tu dispones de nuestro tiempo, y solamente quieres nuestro bien y esperas tenernos cerca en la eternidad del cielo por eso quiero darte gracias! ¡Padre, te ofrezco hoy mi sencilla y humilde vida para que en ella resida el corazón de Jesús y el corazón inmaculado de María, para que esté impregnado de la caridad, del amor y de la misericordia y sea un corazón que se entregue siempre a los demás! ¡Tú que eres la Providencia absoluta conoces cuál será el día mi muerte como supiste cual es el día de mi nacimiento, te pido que me ayudes a caminar en esta vida en santidad siendo coherente con mi vida cristiana! ¡Ayúdame a vivir la vida como si tú me fueras a llamar hoy, esforzándome por vivir cada día como si fuese el último!

La muerte es triste, pero el camino es la eternidad. Allí te reciben con toda seguridad con un alegre ¡Aleluya!:

¿Qué me separa del amor de Dios?

Me pregunto hoy: «Con toda su sabiduría, ¿por qué Dios se complicó tanto la vida creando al ser humano que en su limitación nada le aporta?» Es difícil de comprender desde un razonamiento puramente humano. Pero cuando uno crea es porque tiene una necesidad. Y Dios, que en su soledad podía obtener la felicidad plena, tenía la imperiosa necesidad de amar.
La creación del hombre y la mujer es tal vez el invento menos práctico de todos pero es el único que se sustancia en el amor y se ha hecho por amor. Por un amor sin intereses. Cuando el hombre crea lo hace por o con una finalidad. Cuando Dios crea al ser humano lo hace única y exclusivamente para compartir su felicidad y la plenitud de su amor. Es así porque Dios es amor. Es más, Dios es un amor desbordante.
Y no solo no tenía necesidad de crear al hombre. Tenía necesidad de morir por el hombre. Hacerse uno con el hombre. En su lógica del Amor divino, a sabiendas que su relación con el ser humano estaba rota por el pecado, consciente de que la deuda que el hombre tenía con Él era infinita, y que jamás por si mismo el ser humano podría repararla, vino al mundo haciéndose hombre sin dejar de ser Dios.
Dios quiere demostrar de verdad que ama al hombre. Dios quiere constatar que es Amor puro, incondicional, personal e infinito. Dios quiere amar y ser amado porque en su gran omnipotencia no puede dejar de amar. Dios quiere hacerme feliz y busca lo mejor para mi. Dios quiere que corresponda a esa felicidad con mi entrega absoluta. Para Dios, el amor es darse hasta el extremo que es la forma más perfecta de amar. Todo en Dios es por amor y para el Amor. Dios no me ama por mis cualidades o defectos, Dios me ama con mis cualidades y defectos.
¿Y como correspondo yo a ese Amor incondicional e infinito? ¿Qué es, entonces, lo que me separa del Amor de Dios? Algo tengo claro; cuando más ame a Dios, más voy a saber sobre el Amor. Y cuando más sepa sobre el amor, más voy a saber amar. Y cuanto más sepa amar, más amor será capaz de dar.

cruz-1

¡Espíritu Santo, dame un corazón dócil abierto a la Palabra, que sepa amar sin condiciones como ama Dios; que sepa entregarse, como se entregó Dios; que sepa servir, como sirvió Dio! ¡Espíritu bondadoso, hazme fiel al mandamiento del amor para no olvidar que el día que llegue al cielo lo primero que se me preguntará cuanto he amado en la tierra! ¡Alabanza y gloria a Ti, Padre del Amor, por tu infinito amor! ¡Concédeme la gracia de conocerte y amarte, de darte a conocer a los demás, porque sólo tu eres santo, tu mereces toda mi alabanza por las gracias de la creación! ¡Amado Padre, te invoco por medio del Espíritu Santo, para darte gracias por el gran regalo de la vida, una vida llamada a amar y servir! ¡Gracias, Padre! ¡Pongo ante tus divinos pies, Padre bueno, todo mi caminar por este mundo para que todo lo que haga a partir de hoy este impregnado por el amor y por tu voluntad a fin de cumplir con la misión que me has encomendado y por la cual me has obsequiado con la vida! ¡Te confío mi pobre corazón para que de él surjan pensamientos y sentimientos santos, te consagro mi cuerpo, mi espíritu, mi alma y todo mi ser para que iluminado por la gracia del Espíritu Santo, tome siempre las decisiones más adecuadas y todos los que están a mi alrededor puedan exclamar: este sí que sabe amar!

Amor De Dios:

Santa María Reina

¡Qué día tan hermoso nos regala el calendario litúrgico! Apenas apagados los ecos de la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen hoy celebramos la Realeza de María. María es Reina del Universo por ser madre de Jesús, Rey de reyes y Señor de Señores. Es el mismo Dios quien la constituye Reina y Señora de todo lo creado, soberana de los ángeles y de los hombres. María, Madre de Dios y Madre nuestra, presenta en su dignidad tan excelsa el vital papel que desempeña en cada persona de la tierra.
Hoy es un día para dar gracias. Es un día de gozo y de alegría. Una jornada que testimonia la relevancia que María, Nuestra Madre, tiene en la vida de cada uno y no solo por el testimonio que ha dejado sobre la humanidad sino por todo lo que hizo y como lo hizo. Lo más difícil a los ojos de los hombres: colaborar con Dios para acercarlo al mundo desde lo inmaculado de su vida. ¡Milagro entre milagros! Solo por esta gran obra de Dios uno puede confiar en María. Dios quiere que lo alcancemos a través de Ella. Uno puede acudir a Ella consciente de que por su papel de Madre no dejará en saco roto ninguna necesidad humana. Ella, Madre espiritual del ser humano, toma con sus manos santas las peticiones del hombre y las eleva a Cristo, Su amado Hijo y nuestro Hermano.
A Jesús por María. La devoción a María es camino seguro para llegar a Jesucristo. Desde el cielo, más que cualquier madre humana, María conoce las necesidades espirituales y materiales de sus hijos y, desde la eternidad, ruega por cada uno y sus intenciones.
María, Reina y Madre de Misericordia, tan unida a Jesús y a su plan redentor. Honrarla a Ella es honrar a Cristo. María es corredentora con Cristo; haberle engendrado hace posible que podamos unirnos a Él en oración permanente.
María Reina. ¡Gracias, Señor, por darnos a tu Madre como Madre y Soberana nuestra!

orar con el corazon abierto

¡María, Madre, Soberana, Corredentora del genero humano, acude en mi ayuda que soy pequeño y frágil; muéstrame siempre el camino, enséñame como obrar, qué hacer y cómo hacerlo! ¡Gracias María por tu sí que te permitió ser la madre de Dios hecho hombre y por esta humildad tan grande impregnada de la fuerza del Espíritu Santo que te ha convertido en bendita entre todas las mujeres! ¡Gracias, María, porque con tu «He aquí la esclava del Señor» testimonias con tu ejemplo que el que se humilla será siempre ensalzado! ¡Gracias, María, porque me enseñas el camino para ser verdadero discípulo de Cristo Tú que fuiste la perfecta discípula fiel que acompañó a Jesús desde su nacimiento hasta su muerte en la Cruz! ¡Gracias, María, porque tu santidad, por proteger a la Iglesia Santa, por proteger a los sacerdotes y consagrados/as, por proteger a los misioneros, por proteger a los seminaristas! ¡Gracias, María Reina, porque eres soberana del reino del amor, de la paz, de la generosidad, de la verdad, de la santidad y de la gracia! ¡Gracias, María Reina, porque tu poder es tan grande que tu intercesión y tu súplica con corazón de Madre llega con eficacia al corazón de Dios y de Tu Hijo! ¡Gracias, María Reina, porque tu reinado está basado en el amor, la humildad, el servicio y la ternura! ¡Gracias, María Reina, porque me enseñas que, como Tú, he de someter mi corazón a la voluntad divina, ser colaborador en la redención del mundo, ser siempre humilde, ponerme al servicio del prójimo! ¡Gracias, María Reina, porque cada día puedo mirarte con confianza como mi Madre y mi Soberana abandonándome a Ti con amor de hijo!

María Reina, brilla como luz en nuestra vida. Es lo que le cantamos hoy: Tu luz brilla como una estrella: