Un alma que contempla a Jesús

La fe me indica siempre que, a pesar de todo, Él permanece siempre ahí. La vida está hecha a base de pruebas y de apagones. Se va la luz y uno tiene que poner remedio a esa oscuridad. Pero cuando la oscuridad filial es sincera uno sabe que la luz de los días grisáceos va a ir acompañada del sol radiante que llega de lo alto. Por eso siento que debo buscar mi sol en mi propio interior. Si tengo a Dios por amigo —un amigo que ilumina— hago que mi fe vibre y eso me permite una comunicación más íntima con Él. Esa es la ilusión de mi vida. Llevar en mi interior el cielo prometido, al mismo Cristo de la bienaventuranzas, del perdón, del amor, de la justicia, de la ternura, de la alegría, de la generosidad, de la humildad, del servicio, del misterio…
Anhelo ser un alma que contempla cada día a Jesús crucificado para ser capaz de darse a los demás como el mismo Cristo. Ser la sonrisa de Dios para los que me rodean. ¿Y por qué soy capaz de lograr este hermoso ideal? Porque en mi corazón hay demasiada autosuficiencia, orgullo, soberbia, autocomplacencia, justificaciones… Pero mi opción es Cristo, revestido de desprendimiento, de caridad y humildad.
Busco cada día subir un peldaño más de la escalera hacia el cielo. Me falta tal vez amar de verdad y vivir hasta las últimas consecuencias los valores del Evangelio.

Happy couple together on the peak of a mountain at sunset

¡Señor, quiero hacer camino contigo; ser uno contigo! ¡Quiero, Señor, que mis pasos sigan tus huellas, buscarte sin descanso! ¡Señor, quiero estar lleno de la dicha de encontrarte, de sentirte cerca, de vivir los valores del Evangelio! ¡Quiero hacer mía tu Palabra, Señor, y convertir las enseñanzas de tu Evangelio en la norma que rija mi vida! ¡Quiero, Señor, ser columna que fortifica, corriente de agua viva, luz que ilumina, viento que alienta! ¡Quiero, Señor, a tu lado dar frutos y alegría,  transmitir paz y esperanza, amor y misericordia! ¡No permitas, Señor, que me desvíe del camino, que tome atajos que me alejen de ti! ¡Envíame tu Espíritu, Señor, para que me moldee según tu voluntad, me ilumine según lo que tienes pensado para mi, que me transforme para hacerme un hombre nuevo! ¡Señor, quiero ser hombre de espíritu firme que no sucumba ante la tentación! ¡Quiero, Señor, tener siempre mi corazón abierto a Ti, a cada uno de tus enseñanzas, de tus mandamientos y tus bienaventuranzas! ¡Quiero, Señor, en mi fragilidad y mi pequeñez ser grande en la lucha cotidiana, en los esfuerzos cotidiano, en saber llevar la cruz con entereza, saber afrontar mis alegrías y fracasos con confianza! ¡Quiero sentir cada día tu presencia en mi, Señor, tener un corazón abierto en busca de tus respuestas! ¡Quiero ser tu discípulo fiel, Señor, y aprender de Ti como hicieron tu Madre, tus apóstoles y la comunidad de los santos! ¡Porque yo anhelo la santidad, Señor, y aunque estoy muy lejos de lograrla a tu lado siempre será más fácil obtenerla!

Alma misionera, dispuesta a llevar a Cristo al mundo:

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Un comentario en “Un alma que contempla a Jesús

  1. La fe me índica siempre que , a pesar de todo , El permanece siempre ahí . ¡ Señor , Quiero hacer camino contigo ! ¡ Quiero , Señor , que mis pasos sigan tus huellas , buscarte sin descanso ! Gracias Señor Todopoderoso !!!

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