Seréis como dioses

Terminé ayer la lectura de un libro de un intelectual y diplomático católico alemán, Hans Graf Hyun. Su título: Seréis como dioses. En sus páginas el autor plantea las consecuencias negativas que para el hombre de nuestro tiempo ha tenido el conseguir plena autonomía. La crisis del hombre occidental se ha revelado como la propia del hombre autónomo, pretendida criatura de si mismo. Es una obra que te ayuda a replantearte muchas cosas pero, sobre todo, a analizar tu dignidad como hijo de Dios. Y te das cuenta de que el problema de la libertad está en el susurro de la serpiente que pone en jaque la autonomía moral del ser humano. Puede ser paradójico, pero la promesa del demonio a Adán y Eva que da el título al libro, es lo que arrastra a la humanidad por los suelos de la civilización.
Hoy llevo ese «Seréis como dioses» a la oración. No hay mejor definición del pecado que esta. La pronuncia el demonio disfrazado de serpiente. Y Adán y Eva —el ser humano en general—, revestidos de la gracia y la libertad, se dejan llevar por la creencia de ser como Dios destruyendo la semilla de la plenitud de la vida y de la alegría permanente con la que el Creador les había obsequiado. Y así nos va desde el principio de la vida del hombre. Aunque Dios marca el ritmo, el ser como dioses nos hace pensar que el tiempo lo marcamos nosotros. Que cada uno puede trazar sus caminos y hacer su voluntad antes que la de Dios.
Si uno analiza bien la figura de Cristo comprende como se sometió siempre a la voluntad del Padre. Sus tiempos no eran los mundanos, eran los tiempos de Dios. Así, permanece treinta años oculto en una carpintería de Nazaret… hasta que llega su hora jalonada de milagros y mensajes que cambiarán la humanidad entera. Y durante esa vida pública recuerda en varias ocasiones que su hora no ha llegado aunque sea la Virgen María la que abra el camino de su Hijo en los esposorios de Caná.
«Seréis como dioses». Puedo intentar ser un dios en minúsculas, compadreando con el príncipe del mal, tentado a vivir según mis propias conveniencias y decidir según mi propio criterio donde está el bien y donde está el mal. O un hombre sencillo que se deja llevar por los tiempos de Dios, creer en ese camino de vida que me conduce hacia Él, salir de mi mismo para vivir con amor  y llenarme de paz, esperanza, alegría y libertad. Puedo partir mi tiempo entre el tiempo del diablo o el tiempo de Dios. Opto por el tiempo de Dios porque no es el poder lo que verdaderamente redime. Es el amor. Y el Amor es el distintivo de Dios. Entonces podré exclamar: «Amad y seréis como dioses, como Dios. Entonces seréis plenamente hijos míos».

orar con el corazon abierto

¡Padre Celestial, tu conoces perfectamente lo que anida en mi corazón y lo que deseo para mi para cambiar y ser un autentico seguidor de Cristo! ¡No permitas que me deje llevar por las acechanzas del demonio creyéndome un pequeño dios! ¡Padre, tú sabes que en tu presencia me siento seguro, que alejado de Ti siento el frío helador de la tristeza! ¡Tu sabes, Padre, que todo se derrumba a mi alrededor cuando pongo por delante mi mundanalidad frente a tus caminos! ¡Ayúdame con la fuerza de tu Santo Espíritu a valorar tu visión esperanzadora de mi vida y que no me entre ni el temor ni la tristeza por lo que espero y deseo! ¡Que mi incredulidad, Padre Celestial, se transforme siempre en una fe viva y firme! ¡Reconozco, Señor, las veces que he mantenido contigo una relación distante cuando las cosas no salen como deseo, y que eso me ha ocurrido también con los demás! ¡Te pido perdón por las veces que he llegado a pensar que el que estabas equivocado eras Tú y no haber confiado plenamente en Ti! ¡Ayúdame a aceptar siempre tus tiempos; ayúdame a usarlo bien y a no despreciarlo nunca! ¡Ayúdame, con la sabiduría que otorga el Espíritu Santo, a descubrir las maravillas de la espera, a comprender que tus tiempos no son tiempos perdidos sino de ganancia! ¡Permíteme, Señor, postrarme ante tu presencia y gozar de tu amor sagrado y misericordioso! ¡Que sea capaz de comprender que Tú solo esperar el momento adecuado para hacerme llegar al lugar correcto, que esperas que confíe en Ti y que esta creencia sea mi fuerza y mi alegría! ¡Gracias, Señor, por tanto amor y tanta misericordia!

No puede ser maldito, la música para orar hoy:

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