Lo mucho que Dios hace por mi salvación

Es sorprendente lo mucho que hace Dios por mi salvación. ¡La cantidad de gracia que derrama! ¡Los innumerables beneficios que derrocha para que le ame! ¡La infinidad de inspiraciones que me llegan por diferentes lugares! ¡Los sacramentos que pone a mi disposición para guiarme hacia la santidad, ergo, para alcanzar el cielo prometido! ¡Dios me inunda con su amor! ¡Dios me acoge con su misericordia y su perdón! ¡Dios me reviste con sus promesas! ¡Dios me invita al arrepentimiento sincero!… Sin embargo, mi obstinación por alejarme de su gracia y de su cercanía frustran a menudo mi camino de salvación.
¡Es increíble lo fácil que resulta salvarse y lo difícil que se lo pongo a Dios! ¡Ese mal carácter! ¡Es oportunidad de no pecar que hubiera podido cortar! ¡Ese aviso de que iba por le mal camino! ¡Ese perseverar en el error! ¡Esa obstinación por hacer mi voluntad! ¡Ese precipitarse al abismo de la sinrazón por la soberbia, el orgullo, la tibieza o la autosuficiencia!
Dentro del ser humano se encuentra todo: la verdad y la mentira, la generosidad y la mezquindad, la libertad o la esclavitud, el amor y el odio, la nobleza o la mediocridad, la alegría o la tristeza… para que surja una u otra basta con que las invoque. Tengo la libertad para llamar a una u a otra y saber el motivo de mi llamada. Todo se encuentra en mi interior y únicamente depende de mi, de la grandeza de mi interior o del poso de mi miseria, para categorizar cada situación.
Reconozco que soy pecador. Y reconozco también que mi pecado se ha pagado en la Cruz. Que el mismo Hijo de Dios lo ha pagado por mí. Que todo es pura gratuidad de Dios para conmigo. Pero quiero cambiar. Deseo cambiar porque amo a Cristo con toda mi alma y con todo mi corazón. ¡Es sorprendente lo mucho que hace Dios por mi salvación! ¿Por qué no pongo entonces los medios para mejorar cada día?

orar con el corazon abierto

¡Señor, no es sencillo reconocerse pecador! ¡Pero es la verdad de mi vida y Tu lo sabes! ¡Tu me recuerdas que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra! ¡Ayúdame, por medio de tu Santo Espíritu, a reconocer cada día en el examen de conciencia lo que hay en mi interior, en qué he obrado mal, en que he ofendido a Dios! ¡Que la voz de mi conciencia, Señor, no se acomode a la autosatisfacción y a la justificación de mis actos! ¡Señor, Tu me examinas y me conoces, penetras en mis pensamientos y conoces mi vida, ayúdame Tu que eres omnipotente, a caminar en santidad! ¡Señor, conoces de mi fragilidad; concédeme la gracia de responder a Tu amor de Cruz con amor, entrega y generosidad! ¡Quiero responder a tu entrega como te mereces! ¡Quiero que mi corazón sea consciente de esta realidad tan cruel pero al mismo tiempo impregnada de tanto amor! ¡No permitas que me acostumbre a verte crucificado, Señor! ¡Señor, he pecado contra Ti y con todo mi corazón deseo no pecar más, me arrepiento de mis pecados, te pido tu perdón y te recibo como mi Señor y mi Salvador! ¡Señor, quiero mirar el crucifijo con ojos de amor y ser consciente de que soy un pobre pecador! ¡Ven, Señor, y toma el control de mi vida con la guía del Espíritu Santo! ¡Gracias, Señor, por tu amor y tu misericordia! ¡Señor, Tu que eres manso y humilde de corazón, haz que mi corazón sea semejante al tuyo!

Soy pecador, cantamos hoy con la Hermana Chelo:

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