Ser palabra de Dios para el prójimo

Si de verdad creo lo que dice la Escritura —Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios— no puedo negar que vivo rodeado de la presencia viva de Dios. Dios mora en cada uno de los hombres. Todo fue hecho por medio de la Palabra. Así, cada persona, actor principal en el mensaje del amor que Dios quiere llevar al mundo, es portada de la palabra divina. Es portavoz de Dios en el mundo. Un pensamiento de Dios encarnado. Toda opinión basada en los valores cristianos cuenta. Si la vida de uno es coherente, las palabras tienen mucho peso. Cada cristiano somos expresión de la presencia de Dios en el mundo, esperanza para la sociedad, revelación de la verdad divina, portadores de buena nueva. Cada cristiano es evangelio vivo.
¡Y no caigo las veces que Dios quiere hablarle al prójimo a través mío -nuestro-! Así, me convierto en una palabra para el otro, una palabra que el otro necesita. No puedo quedarme para mí palabras que puedan hacer bien al prójimo.
No soy sólo polvo de la tierra, soy Palabra de Dios. Mi vida es Palabra de Dios. ¡Por eso tengo que alimentarme cada día de esta Palabra que penetra en el alma, que alimenta, que sana, que fortalece, que consuela y que da esperanza! ¡Cuanto más la conozca, más podré ser Palabra de Dios para el prójimo!

orar con el corazon abierto

¡Señor, tu palabra es palabra viva! ¡Es palabra que penetra lo más profundo del alma, es palabra que escruta los sentimientos y los pensamientos del corazón! ¡Quiero hacer mía, Señor, Tu Palabra! ¡Deseo alimentarme de ella! ¡Deseo como hago en la Eucaristía que me alimento de tu Cuerpo y de tu Sangre, alimentarme de Tu Palabra porque no solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios! ¡Quiero tener una comunión más profunda contigo para que mis pensamientos y mis sentimientos se ajusten siempre a tu Palabra! ¡Quiero vivir en la obediencia a tu Palabra para tener una experiencia viva contigo y llevarla a los demás! ¡Concédeme, Espíritu Santo, la gracia de amar la Palabra de Dios conocerla profundamente, comunicarla como merece y vivirla en plenitud! ¡Concédeme la gracia de atesorarla en el corazón y meditar siempre en ella para que mi vida se convierta en Palabra de Dios!

En el día de hoy meditamos también con la escucha de este canto de Taizé: Confitemini Domino.

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