Pedir lo que realmente importa

Si Cristo me preguntara aquello de «¿Qué quieres que haga por tí?», ¿Cuál sería mi respuesta? Esta misma pregunta se la formuló a Santiago y a Juan y ambos intentaron que Jesús les sentara a su diestra en el reino de los cielos.
La gloria que promete Cristo no es un sillón de terciopelo. Es la cruz cotidiana. Nosotros lo sabemos. Santiago y Juan lo desconocían. Y entonces les hizo saber que para ser importantes, para ser grandes a los ojos de Dios, debían hacerse pequeños. Poco después de esta enseñanza, se encontraron con el ciego Bartimeo. Aquel hombre, sabiendo que Jesús estaba cerca, gritaba desesperado pidiéndole al Señor que tuviese compasión de él. Y la misma cuestión directa al corazón: «¿Qué quieres que haga por tí?». Su respuesta es, sin embargo, contrapuesta a la de los dos apóstoles. Él no quiere la gloria; él desea ser sanado. Y es la fe la que le trae la sanación.
Unos, cercanos a Jesús, quedaran retratados. El otro partió de aquel lugar con la alegría de la sanación física y el gozo interior.
Hoy me doy cuenta que cada día Jesús me pregunta sin vericuetos: «¿Qué quieres que haga por tí?». Y mi respuesta no es siempre la más acertada porque no pido lo que mi vida realmente necesita; pido lo que va a satisfacer mi necesidad.
«¿Qué quieres que haga por tí?» ¿Sabiduría para comprender lo que más me conviene y lo que perjudica a los planes que Dios tiene para mí? ¿Entendimiento para aceptar la realidad de mi vida, las verdades reveladas por Dios…? ¿Consejo y guía para discernir los caminos de mi vida? ¿Luz para distinguir lo que es correcto de lo incorrecto? ¿Piedad para estar siempre abierto a la voluntad divina? ¿Fortaleza para enfrentar las dificultades cotidiana? ¿Una fe fuerte y viva para perseverar?
«¿Qué quieres que haga por tí?» ¡Aquello, Señor, que verdaderamente tiene importancia y que tantas veces no se pedir!

orar con el corazon abierto
¡Señor, te pido que dirijas mis pasos cada minuto de mi vida! ¡Perdóname, Señor, porque con frecuencia te cierro las puertas de mi corazón! ¡Purifícame, Señor, y ayúdame a poner siempre mi confianza en Ti que lo inundas todo de amor y misericordia! ¡Envía tu Santo Espíritu sobre mí para que me oriente por las sendas de la vida, para ser capaz de pedir aquello que me conviene y no lo que mi voluntad anhela! ¡Sabes, Señor, que muchas veces no sé que hacer con respecto a las circunstancias que me rodean; me falta fe, confianza en Ti y seguridad de que caminas a mi lado! ¡Señor, te entrego mi vida sencilla para que se haga Tu voluntad en ella! ¡Señor, necesito tus sabios consejos y tus instrucciones para que hables directamente a mi corazón! ¡Ayúdame a ser más perseverante en la oración para escuchar tu voz y seguir tus mandatos! ¡Ayúdame a entregarme a la verdad y seguir tu Palabra! ¡Aumenta mi fe en Ti para que puedas realizar el milagro de cambiar mis oscuridades, mis faltas, mis carencias y vivir siempre en tu luz! ¡Señor, tu me preguntas cada día «¿Qué quieres que haga por tí?»! ¡Aquello, Señor, que verdaderamente tiene importancia y que tantas veces no se pedir! ¡Quiero ser como María, tu Santa Madre, que en todo momento supo escuchar la Palabra y cumplir en su vida el Plan de Dios! ¡Ayúdame, Señor, a poner todo de mi parte para serte fiel en lo pequeño de la vida y lograr construir mi vida en Ti!

Tu mirada me llena de paz, el paso previo para responder a Jesús el «¿Qué quieres que haga por tí?»

 

Un comentario en “Pedir lo que realmente importa

  1. Pingback: Pedir lo que realmente importa – Laus Deo

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