La merced de María, merced de Dios

Hoy Barcelona celebra la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de los Mercedarios y de la ciudad. La tradición cuenta que la Virgen se apareció a finales del siglo XIII a San Pedro Nolasco en un momento en que las hordas turcas y sarracenas atacaban los países ribereños del Mediterráneo llevándose como esclavos a millares de prisioneros. Las costas españolas no fueron ajenas a este drama. San Pedro Nolasco, consciente del dolor que esto provocaba, utilizó toda su fortuna para comprar la libertad de sus compatriotas mientras encomendaba a la Virgen su labor. Nuestra Señora, signo de la Merced de Dios —en definitiva, de la libertad humana— le invitó a que fundara una orden religiosa que velara por la liberación de los prisioneros. Nació así la orden de los Mercedarios.
Han transcurrido casi ochocientos años desde aquel acontecimiento pero en estos tiempos difíciles la Virgen de la Merced nos invita a luchar por otro tipo de libertad: la libertad interior. Desgraciadamente son muchas las esclavitudes exteriores e interiores que nos aprisionan y nos hieren. No comprendemos que la verdadera libertad es aquella que no sigue los propios instintos sino la voluntad de Dios. Libres para ser de Dios. Libres para cumplir con los preceptos de Dios. Libres para unirse al amor de Dios. Libres para romper con las cadenas del pecado. Libres como María, la más libre de todos los seres humanos. Libre porque su «sí» a Dios le permitió ser la esclava del Señor, entregarse por completo a Él, aceptar su voluntad y vivir plenamente su plan divino.
María es la Madre de la libertad, la luz que nos guía para descubrir los auténticos cautiverios interiores. María no fue ajena al dolor, al sufrimiento, a las renuncias, a la soledad, al desprecio, a la persecución y la humillación. Pero libre de cualquier esclavitud interior, María nos enseña que cualquiera puede ser instrumento de libertad. Basta con decir que «sí». Un «sí» de absoluta disponibilidad a Dios y a los demás.

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¡María, Madre buena, me acerco hoy a Ti porque eres el signo vivo de la Merced de Dios; el espejo en el que contemplar la libertad! ¡Te contemplo, Nuestra Señora de la Merced, para tomar de ti el ejemplo de tu vida; como tu quisiera, Señora, dar mi vida por los necesitados, por los cautivos y por los oprimidos por cualquier causa! ¡María, Tú también sufriste la noche oscura de la vida pero Dios te dotó de su misericordia para liberar a los hombres de sus heridas, de sus sufrimientos, de sus debilidades, de sus esclavitudes y sus adiciones! ¡Tu conoces las mías, Señora, por eso te pido me ayudes en el camino de mi libertad interior que pasa por dar un decidido  «sí» a Dios! ¡Ayúdame a vivir siempre conforme a la voluntad y los deseos de Dios! ¡Ayúdame a poner mi vida al servicio de la libertad! ¡Ayúdame a vivir con un auténtico compromiso cristiano! ¡Ayúdame, Señora, para que de mi corazón brote siempre mucho amor, mucha misericordia, mucho perdón, mucha gracia y mucha donación! ¡Que mi vida sea el reflejo del Dios de la misericordia! ¡Que mi vida sea un testimonio de los mensajes del Evangelio poniéndola al servicio de Dios y de Tu Hijo en una actitud de amor y de servicio hacia el prójimo! ¡Que algún día pueda exclamar con orgullo el «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador» en mi vida porque eso querrá decir que me entregado por completo, en libertad, a las manos del Creador!

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