María mírame porque Él me mirará

Segundo sábado de octubre, mes del Rosario, con María en el corazón. Una de mis canciones favoritas dedicadas a la Virgen es María, mírame. Durante el rezo del Santo Rosario uno siente la mirada de María. Ella toma de su santísima mano nuestros propios miedos porque somos sensibles a las incertezas de la vida y nos dificulta el caminar solos. Pero ahí está María, la Madre que consuela, la Reina que llena nuestra vida. Es tal la fuerza de su presencia en el corazón que basta una mirada suya para comprender lo que uno necesita. En ese María, mírame se resume la grandeza de su omnipotencia. En ese María, mírame se condensa su poder de intercesión. A ella le puedes entregar tu matrimonio, tus hijos, tu familia, tu trabajo, tus amigos, tus anhelos, tus ilusiones, tus preocupaciones, tu enfermedad, tus desvelos, tus proyectos, tu economía… Ella te mira con amor, lo acoge todo con amor y lo eleva al Padre por medio de Jesucristo su Hijo. Es un gran consuelo saberlo y experimentarlo porque no hay petición que surja del corazón que María no la haga suya. Y no hay ofrecimiento de María que Dios no lo acoja con alegría porque Ella es la preferida de Dios como constató al elegirla Madre de Cristo.
En ese María, mírame puedes pedirle el milagro para tu vida. Ella no lo negará. Uno le puede pedir su propio milagro de Caná porque en su corazón Ella ya sabe lo que necesitas. En ese María, mírame Jesús también te mira porque María te conduce a Jesús. Cada vez que miras a María, miras a Jesús. Cada vez que piensas en María, Ella piensa en Dios por ti. Cada que veneras a María, veneras también a Jesús. Cada vez que oras a María, estás orando a Dios.
María mira a todos desde el cielo. Ve tus propias faltas, tu miseria y tu pequeñez pero al mismo tiempo es capaz de ver en cuanto amor hay en tu corazón.
No necesito muchos argumentos para convencerme de lo que María, la Madre, implica en mi salvación. No necesito muchas razones para sentir su mirada y la ternura de su amor. Me siento reconfortado porque Jesús me la ha dado como Madre y Ella me dice cada día: «Si buscas a Jesús, mírame a mi. Si buscas a Jesús, búscalo entre mis brazos en Belén, en Nazaret o en el Gólgota. Y si me lo pides, yo te llevaré a Él».

orar con el corazon abierto

¡María, Madre de Dios y Madre nuestra, eres toda belleza, mírame! ¡Que seas siempre me espejo, Señora! ¡María, mírame, y llévame a Jesús! ¡Renueva en mi el deseo de ser santo, que en cada una de mis palabras resplandezca siempre la verdad, el deseo de hacer el bien, la generosidad, que cada una de mis obras sea un canto a la caridad y la autenticidad, que en mi cuerpo y en mi corazón sólo quepa la pureza, que mi vida sea un reflejo del esplendor del Evangelio! ¡Mírame, Madre, y ayúdame a estar siempre atento a la llamada de Tu Hijo, a escuchar la voz del Padre, a estar muy atento a las necesidades de las personas que me rodean, a atender con generosidad al sufrimiento de los enfermos y los necesitados, que no me distraiga ante la llamada del oprimido y no sea indiferente a la soledad de los que pasan por mi lado! ¡Mírame, María, porque quiero cambiar mi modo de ver, sentir, pensar y obrar imitándote a Ti! ¡Mírame, María, porque quiero ver las cosas con tus mismos ojos, ver el mundo como lo ves Tu, quiero sentir como sientes Tu, quiero amar como amas Tu! ¡Mírame, María, porque si tu me miras Él también me mirará!

María, mírame:

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