¡Qué belleza ser cristiano y qué alegría poder comunicarlo!

Hace ya bastantes siglos un santo originario de Barcelona dijo una frase antológica: «Mi nombre es Cristiano y mi apellido Católico». Y así es, el nombre te define con precisión y el segundo te concretiza. Somos cristianos porque somos seguidores de Cristo y católicos porque nuestra Iglesia es universal, fundada por Cristo, que reconoce la primacía del Santo Padre y cuya fe nos ha sido transmitida de Cristo por los apóstoles. A ellos Jesús le dio el mandato de ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura.
Salgo de hacer oración en una iglesia en el centro de África. Son las seis y media de la tarde pero el calor es sofocante. A la entrada del templo, en una especie de reciento cerrado, un grupo de hombres y mujeres (véase fotografía) acuden a catequesis para adultos. El catequista les habla en francés con un gran amor sobre Cristo. Les habla de la virtud que debe tener un matrimonio cristiano. De vez en cuando todos los asistentes corean al unísono: «¡Amén!».
En un momento de la charla el catequista exclama con voz potente: «¡Y no os dais cuenta de la belleza que supone ser cristiano! ¿Sois conscientes de lo que eso significa? ¿Sabéis la importancia que tiene vivir las virtudes, la vida de sacramentos y estar en estado de gracia?». Y con gran delicadeza y un lenguaje sencillo les habla del amor conyugal, del amor al prójimo, de la confesión, de la esperanza, de la oración, de la acción maravillosa del Espíritu Santo sobre cada alma, del milagro de la Eucaristía, de la fe, de la caridad que se debe vivir entre los hermanos, de la luz que debe ser cada uno en su propio entorno. Y todos van elevando su voz y exclaman cadenciosamente: «¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!».
Y a mi me sucede lo mismo que a ellos y exclamo «¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!» Porque tan lejos de casa me siento iglesia, iglesia católica esparcida por el mundo entero, con toda la plenitud del Espíritu y con una misma fe.
Pues sí, que belleza es ser cristiano y que alegría poder comunicarlo y vivirlo con hermanos de otros continentes y de otra raza pero en un mismo espíritu.

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¡Gracias, Señor, por la fe, por la Iglesia fundada por Ti, por el encuentro con el hermano en un mismo espíritu! ¡Gracias porque tu Evangelio nos sorprende y nos llena, y nada hay más hermoso que sentirse miembros de la la Iglesia, comunicarla a los otros y vivirla con el prójimo allí donde te encuentres! ¡Te doy gracias y doy gracias a mis padres por mi bautismo que me convirtió en miembro de tu Iglesia; ser cristiano es, Señor, el mayor privilegio del que gozo! ¡Que hermoso es ser cristiano y ver la realidad como la veías Tú, Señor; y descubrir la grandeza de la creación, gozar de las cosas hermosas de cada día, poder amar al prójimo, consular a los que lloran, agradecer tu misericordia, recibirte en la Eucaristía, nacer de nuevo a la vida cada día, descubrir la presencia de tu amor infinito, poder alabarte, reconocerte en el prójimo, saber que Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza, poder colaborar en la humanización de este mundo tan deshumanizado! ¡Concédeme, Espíritu Santo, la posibilidad de percibir el perfume de la belleza que nace de Dios y llena mi alma siempre de una agradecimiento sincero! ¡Espíritu Santo ayúdame a comprometerme siempre con la Belleza misma que eres Tú! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, a alabar siempre la belleza, a gozar de ella, no banalizar lo que soy y lo que represento! ¡Señor, mi nombre es Cristiano y mi apellido católico! ¡Que no lo olvide nunca, Señor!

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