Controlar los pensamientos dañinos

Paso el control de acceso a la zona de embarque en un aeropuerto africano destartalado después de largas esperas en las que los minutos parecen no correr nunca. Dejo el ordenador y el teléfono móvil en una bandeja y el resto de mi equipaje de mano en otra. Una vez pasado el escáner dos agentes de seguridad uniformados militarmente me eligen ¿aleatoriamente? para un control más minucioso. Uno de los agentes de seguridad me indica que levante las manos y palpa todo mi cuerpo. Me invita a encender el portátil. Le pregunto el motivo: «Es por su seguridad y la de todos los viajeros, tratamos de prevenir el posible daño causado por un ciberataques en los aviones. A mayor control, menos dolor».
Mientras espero que el avión despegue pienso la cantidad de veces que permití pensamientos en mi vida que me causaron dolor y no traté de prevenir ese daño. Cuando dejo que pensamientos críticos, negativos o rencorosos contra mi mismo o contra el prójimo —pensamientos que, en definitiva, no van en consonancia con el mensaje de Cristo—, los convierto en dañinos y permito que se instalen en mi corazón me provoco más daño a mí que a los demás.
Cada uno de mis pensamientos dicen mucho de quien soy y tienen una influencia decisiva en lo que me voy a convertir. Acudir al Espíritu Santo para que ilumine los pensamientos es, en este sentido, fundamental. Él, Espíritu de Dios, reordena los sentimientos interiores. En el Espíritu Santo uno puede confiar decididamente porque como parte intrínseca de Dios conoce perfectamente lo que anida en el corazón de cada persona. A través de Él mis pensamientos pueden ser fruto de bondad. No siempre es sencillo reconducir los pensamientos negativos que tan dañinos resultan para nuestro corazón. Pero en momentos de ansiedad, rencor, ira, enfado, desazón… lo más acertado es dirigirse a Él para que los reemplace por pensamientos de bondad. Pedirle para que sea fuente de serenidad interior y de paz; este tipo de paz no es únicamente un sentimiento beatífico es, en realidad, una paz duradera que permanece muy a pesar de los avatares tormentosos de la vida.
La tarea no es sencilla porque en el corazón de cada uno siempre surgen como un viento fuerte los pensamientos negativos. Cuando Cristo reina en nuestro corazón no promete una vida sencilla sino que transforma por medio de su amor y de su misericordia. Invitarle a reposar en el corazón, por medio del Espíritu, es ayudar a ordenar esos pensamientos que pueden resultar dañinos y escoger lo positivo que surge de nuestro interior. En el interior de cada uno hay un batalla entre la naturaleza pecaminosa y la nueva naturaleza que viene de Cristo. Si la quiero ganar no me queda más que cambiar la manera en como pienso.

orar con el corazon abierto

¡Señor Jesús, concédeme la gracia de vivir siempre con paz y serenidad en el corazón para que nada me quite la tranquilidad y surjan de mi interior pensamientos positivos! ¡Aunque las tormentas y la desazón me embarguen, Señor, que Tu seas el viento que serene mi corazón y todo lo que nazca de Tí esté impregnado de tu bondad! ¡Señor, eres consciente de que necesito la sabiduría del Espíritu para avanzar; necesito constancia para cambiar, constancia para buscar tu presencia, constancia para ser fiel a tus mandatos y constancia para serenar mi ser! ¡Que tu presencia en mi vida, alentada por la gracia del Espíritu Santo, me ayude a alumbrar siempre mis pensamientos  y mi caminar! ¡Señor, hazme ver siempre lo positivo de las cosas, ver  en el prójimo sus virtudes y no sus defectos, en las situaciones que se presenten el lado bueno y no el negativo, en mis razonamientos que saque solo las cosas positivas evitando la crítica y el desprecio! ¡Que tu Espíritu, Señor, renueve cada día mi ser y lo mantenga firme y sereno entre las numerosas pruebas y dificultades que se me presentan! ¡Espíritu Santo que tu fuerza me penetre siempre para que no obre según mi querer sino por Tu acción poderosa y constante! ¡Espíritu Santo libérame de esos pensamientos incontrolados que vengan a mi vida; no permitas que me resista a cambiar!

Del maestro inglés John Sheppard os ofrezco hoy su bellísimo The Lord’s Prayer (Padrenuestro) a cinco voces:

 

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