Unido a María en la fe

Segundo sábado de noviembre con María en el corazón. Pienso a veces que me falta fe porque me revelo contra la voluntad de Dios. Entonces, me fijo en María y en su vida de fe. Para la Virgen la fe envolvía su vida. Todo lo que hacía se sustentaba en un profundo espíritu de fe. La fe en María era algo vivo, alegre, firme. Tal vez porque conservándolo todo en el corazón llenaba su vida, sus pensamientos, sus sentimientos y sus acciones. Cada uno de sus actos interiores y exteriores llevaban el signo vivo de la fe. María sabía que sin fe y sin esperanza no podía agradar a Dios.
Cuando uno tiene fe cree con certeza todo lo que Dios nos revela. Por eso para hacer cierta esta fe debe pasar de la razón al corazón. ¡Y eso es lo que hizo María! Y del corazón debe pasar a las propias manos. ¡Y en eso se empeñó María!
¡Qué gran enseñanza la de María que te hace comprender que todo la vida de fe se sustenta en los criterios de Dios y no en los criterios del mundo! ¡Que todo pasa por la luz de Dios y no por los juicios humanos!
Te fijas en el ejemplo admirable de la Virgen y comprendes que en Ella se asientan todos los elementos sustanciales de la vida de fe: el actuar conforme a la voluntad de Dios; el hacerlo siempre con la idea de que te encuentras ante su presencia; el ver en cada acontecimiento de tu propia vida la mano providente del Padre; obrar pensando en Dios y aceptando gustosamente sus planes; sentir su amor infinito incluso en los momentos de dolor, desaliento, cansancio o desilusión. Vivir y obrar para agradar a Dios, buscándolo solo a Él y no gloriarte de tus propios actos.
Pobre es mi vida de fe, porque pobre es también mi vida. Pero soy hijo de María. Y todavía estoy a tiempo de obrar, pensar y sentir como Ella. Vivir como vivió Ella. Serlo todo con Ella. Hacerlo todo con María, por María, en María y para María. Y así, dándome a Ella, me estaré dando también a Dios.

 

orar con el corazon abierto

¡Concédeme la gracia, María, de la fe! ¡Ayúdame a que todo lo que haga en mi vida esté impregnado por tu espíritu de fe! ¡Ayuda mi fe débil e inconstante! ¡Abre los oídos a la Palabra de Jesús, Tu Hijo, para que sea capaz de reconocer en cada instante su Buena Nueva y su llamada! ¡Haz como hiciste Tú, que sea capaz de seguir siempre sus pasos! ¡Concédeme la gracia, María, de seguir siempre la voluntad de Dios sin cuestionarme nada, aceptando sus planes para mí! ¡Permíteme, María, ir de tu mano hacia Jesús saliendo de mi yo y abriéndome a su amor! ¡Ayúdame a fiarme siempre en Él, a creer en las bondades infinitas de su amor, especialmente en aquellos momentos de dificultad y de tribulación o cuando me sea difícil cargar con la cruz! ¡Siembra en mi corazón, María, Madre buena, la alegría de la fe, esa fe que te permitió dar tu confiado «sí» a Dios! ¡Enséñame, María, a saber mirar en cada momento de mi vida a Jesús para que Él se convierta en el guía que ilumine mi vida! ¡Aviva en mi la fortaleza de la fe!

A virgin unspotted (Una virgen, sin mancha) brevísimo pero hermoso motete dedicado a María en este segundo sábado de noviembre:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s