¿Produce Dios en mi el querer y el hacer?

Tras la lectura de este texto de san Pablo —«Porque Dios es el que produce en vosotros el querer y el hacer, conforme a su designio de amor—» de la carta a los Filipenses cierro los ojos y permanezco unos instantes en silencio. La respuesta a estos momentos de intimidad personal es una pregunta profunda: ¿por qué me cuesta tanto aceptar con gratitud, alegría, esperanza y generosidad de espíritu el designio de Dios en mi vida?
¡Su designio de amor! Dios solo quiere que le permita actuar en mi vida por amor. Él quiere salvarme por amor. El me envía su Espíritu Santo por amor para que penetrando en lo más profundo de mi corazón, a través suyo, alcance la soñada santificación. Él es el que pone por amor los medios para mi salvación, no soy yo el que lograré salvarme y santificarme por mi mismo. Mi participación es necesaria, pero sin el concurso directo de Dios que envía los dones del Espíritu Santo nada lograré. Todo es fruto de la obra amorosa y misericordiosa de Dios que obra en mi para mi bien.
¡Dios produce en mi el querer y el hacer! Sólo depende de mí dar respuesta a esta voluntad de Dios. Él espera mi respuesta afirmativa, mi «hágase» personal, mi «fiat» hacia la santidad. Espera que sea antorcha de luz en la que mi pequeña persona resplandezca irreprochablemente por medio de mi santidad personal. Lleno de Su luz, repleto de Dios, resplandeciendo como una luciérnaga en medio de la oscuridad de este mundo invadido por el odio, el rencor, la violencia, la desesperación, el pecado… Esto es ser cristiano. Alguien que se deja iluminar por la luz de la Palabra. Tener la luz de Cristo, y ser su luz para otras personas sin miedo al qué dirán, sin temor a ser juzgado ni reprendido, ni cuestionado, ni apartado.
En mi vida no puede haber oscuridad. Es necesario que brille la luz de Cristo. Es indiferente que esa luz moleste a muchos. Cuanto más brille la luz de mi fe, de mi esperanza, de mi virtud, de mi carisma cristiano… más gloria estoy dando a Dios. Tratar de ser un hijo de Dios sin tacha, mostrando una razón para vivir. Dejando claro la voluntad de que la obra de Dios brille en mi. Y esa luz que es Cristo ayudará a otros a iluminar su propio camino en medio de las tinieblas en las que se mueve la sociedad. Tratar de ser un imán que atraiga a otros al conocimiento de Cristo.
Pero cuando uno acepta ser luz adquiere grandes obligaciones; requiere el saber renunciar a si mismo, a abandonar su auto complacencia personal y aceptar las exigencias de emprender el camino de la entrega hacia los demás. Exige aprender a tomar la cruz con alegría, arrancar el mal del corazón, profundizar en el camino de la virtud, del servicio, saber amar con el corazón y no con la razón, vivir en el y para el amor, renunciar a lo que a uno le apetece, actuar sin calcular, vivir con alegría y no resignación, no juzgar ni criticar, no vivir invadido por el miedo o el resentimiento de las descalificaciones ajenas, no dejar de pensar en los diferentes modos de verdad, tener amplitud de miras, ser testimonio de entrega y de caridad, disponer el corazón con una actitud positiva y abierta, ser firme en la defensa de la fe…
«Porque Dios es el que produce en vosotros el querer y el hacer, conforme a su designio de amor—»… entonces: ¿dejo que Dios modele mi modo de pensar, de hablar, de sentir, de vivir, que ilumine cada una de mis situaciones personales, mis encuentros con el prójimo, mis intereses, mis esperanzas? ¿doy respuesta afirmativa a esta voluntad de Dios? Ahora abro el corazón para buscar la respuesta en mi interior… ¿y?

orar con el corazon abierto

¡Señor, Tu eres el que produce en mi el querer y el hacer conforme a tus designios de amor! ¡Tu siempre buscas mi bien y anhelas mi salvación! ¡Tu, Señor, me invitas a un encuentro cotidiano contigo en la intimidad de la oración! ¡Gracias, Señor, por esta invitación, por esta cercanía y por tanto amor! ¡Gracias, Señor, porque no te impones con firmeza sino que me das la libertad de elegir y, a pesar, de mi miedo dar el paso o a equivocarme, a mi debilidad y mi inconstancia, te digo que sí! ¡Hazme ver siempre, Señor, por medio de tu Santo Espíritu qué es lo que deseas de mí, qué es lo que más me conviene en cada momento! ¡Hazme santo, Señor! ¡Condúceme, Señor, por el camino de la santidad para ser luz que ilumine el camino y pueda alcanzar la gloria eterna! ¡Quiero ser testimonio de Ti, querer lo que tu quieras, obedecerte para serte grato, cumplir tu voluntad por amor, amar como tu amas, sentir como tu sientes, cumplir tus mandamientos y rechazar el mal que pueda haber en mi! ¡Tu, Señor, que eres la Palabra de Dios hecho carne, ilumina por medio del Espíritu Santo, mi vida para que sea yo también luz que ilumine el mundo por amor!

Cantamos hoy Al que está sentado en el trono:

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