Hoy mi corazón proclama a Cristo como mi Rey

Hoy domingo en la Iglesia celebramos una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, la conmemoración de que Cristo es el Rey del universo y que su Reino es el Reino de la verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia y del perdón, del amor y de la paz.
En este día mi corazón proclama que Jesús, aquel se hincó de rodillas como un vulgar servidor ante los apóstoles para lavarles los pies y que murió derramando su sangre por mí en la Cruz, es mi Rey y mi Señor. Hoy mi corazón proclama con orgullo que Cristo es mi Rey y mi Salvador, que llena mi vida con su divinidad y que me siento profundamente unido a Él, camino de verdad y de vida.
Hoy mi corazón proclama con alegría que ese Rey y Señor es la luz que guía mi camino y quiero alabarle por siempre, quiero exclamar a los cuatro vientos que a «Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos».
Hoy mi corazón proclama que siento la Cruz como el signo paradójico de su realeza y que su ley es cumplir la voluntad del Padre por amor.
Hoy mi corazón proclama que estoy dispuesto a seguir siempre a ese Rey y Señor cuyo poder no es terrenal sino divino, el poder de dar la vida eterna, de liberarnos del mal y de vencer la muerte y el pecado. Que su ley es la ley del Amor capaz de transformar los corazones para llenarlos de paz, amor y esperanza.
Hoy mi corazón proclama que ese Cristo que es mi Rey y mi Salvador es el auténtico testimonio de la entrega y que su bandera es la de la verdad y de la justicia y que seguirle a Él no me garantiza la seguridad según los criterios arbitrarios de nuestra sociedad pero me garantiza la alegría de lo que soy y la seguridad de la paz interior porque Él anida en mi corazón.
Hoy mi corazón proclama que Cristo es mi Rey y mi Salvador y que se quiere gloriar en obedecer sus mandatos y seguir su Palabra porque el fin es vivir con Él en el cielo prometido.
Hoy mi corazón proclama que Jesús es mi Rey y mi Salvador y que anhelo impregnar toda mi vida de las enseñanzas de Su Evangelio, transitando por los caminos de la humildad y la sencillez y no por los del orgullo y el egoísmo; de la virtud y la comunión con el prójimo y no por la autosuficiencia y el egoísmo; del bien y la solidaridad y no la mentira; del amor y la justicia y no la falsedad y la arbitrariedad; del servicio desinteresado a los demás…
Hoy mi corazón proclama que Cristo es mi Rey y mi Salvador y que todo cuanto realice en esta vida tiene como finalidad llevar su reinado a la sociedad.
Hoy mi corazón proclama que Jesús es mi Rey y mi Salvador que implica que mi vida esté abierta al perdón y a la reconciliación, a la aceptación humilde y sincera de lo que soy y de lo que son los demás, del respeto a la diversidad, de la comprensión de la realidad del prójimo, del olvido de mi mismo para ponerme en la piel de los demás, de no importarme ser el menos valorado si soy capaz de ver lo atractivo que atesoran los demás.
Hoy mi corazón proclama que Jesús es mi Rey y mi Salvador y que esta afirmación no deseo que quede en palabras huecas y vacías sino que sean un auténtico compromiso de amor y fidelidad a Él.
Hoy mi corazón proclama con fe alegre y rotunda que Cristo es mi Rey y mi Salvador y que tuyo es el Reino, el poder y la gloria por siempre. Porque lo creo de verdad, porque creo que mi destino es la vida gloriosa en el cielo, la plenitud del Reino donde Cristo sentado en el trono de la Cruz me espera para compartir la felicidad de la vida eterna en la que yo, pobre instrumento de su amor, podré disfrutar toda la eternidad alabándole siempre a Él junto al coro celestial.

 

orar con el corazon abierto

¡Señor, te reconozco por mi Rey mi y Salvador y me comprometo a luchar como Hijo tuyo por la verdad del Evangelio, a procurar por mis medios el triunfo de la verdad y testimoniar tu realeza sagrada en este mundo! ¡Anhelo fervientemente, señor, que reines en mi  corazón! ¡Pero que reines de verdad! ¡Pero antes, Señor, ayúdame a reconocer mi pequeñez, mi miseria, mis bajezas morales, mi debilidad! ¡Límpiame con la fuerza de tu Espíritu para que puedas reinar en mi interior! ¡Espíritu de Dios, dame la fuerza necesaria para batallar cada día sin desfallecer! ¡Ayúdame a ser consciente de mi pequeñez! ¡Ayúdame a sentir con pena todo aquello que me aleja de Ti, del reino de tu Padre! ¡Ayúdame a contemplar las manchas de mi corazón para poder purificarlas en el sacramento de la confesión! ¡Oh Cristo Jesús! Te reconozco como Rey del Universo porque todo lo has creado Tú, utilízame para hacer el bien! ¡Y en este día, renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristian y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de tu Iglesia!

En esta festividad de Cristo Rey, un regalo de la mano de J. S. Bach. Se trata de su cantata Herr Jesu Christ, du höchstes Gut, BWV 113, (Señor Jesucristo, supremo bien):

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