La familia, modelo de amor

La Iglesia nos invita a celebrar hoy una gran fiesta, la de la Sagrada Familia de Nazaret. La familia de Jesús, María y José. Una familia tan sencilla como extraordinaria. Una festividad que pone de manifiesto el arraigamiento humano de Dios. No es ni una ilusión ni una fantasía: la Palabra se hizo carne, enraizado en un pueblo y en una cultura creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia bajo la mirada de Dios y de los hombres y el soplo del Espíritu. Impresionante. Bellísimo. Dios se tomó el tiempo de vivir las diferentes etapas de la vida humana dando relevancia a la vocación y la misión de la familia en todas sus dimensiones humanas y espirituales. En un mundo donde se desafía el modelo familiar tradicional esta fiesta nos recuerda el valor supremo de la familia en nuestra sociedad.
La familia es —o debería ser— ese espacio donde se vive el aprendizaje del amor en hechos concretos y cotidianos y en la verdad. Es el lugar donde se trasmiten los valores esenciales para el crecimiento de cada uno de sus miembros.
Esta festividad, a través de la imagen de la Sagrada Familia, te recuerda que cada miembro de una familia aprende a descubrir al otro aunque, a veces, uno se desconcierta con alguien al que cree conocer.
Hay enseñanzas hermosas en el cuadro de la Sagrada Familia como que amar a los demás es aceptar no saber todo sobre ellos. En las palabras y en el silencio de María, en los silencios y en las vivencias de José, que acompañan a Jesús en su vocación, descubrimos la profundidad de un amor que sabe estar presente en la formación humana de Cristo pero que también sabe cómo desvanecerse ante el misterio de Jesús para que pueda cumplir su vocación personal según los deseos de Dios.
La vida familiar exige sacrificios y mucho amor, paciencia y mucha comprensión; es un largo camino, un trabajo donde uno debe dar lo mejor de sí. A través de la imagen de la Sagrada Familia uno se siente aleccionado como padre, como educador, como cristiano, como miembro de la sociedad, de llevar la escuela del amor y del perdón al seno de su propia familia y a la sociedad. De Amor con mayúsculas. Ese amor puro que se entrega sin cálculos, sin esperar nada a cambio, sin voluntad de dominar. Un amor que exige un trabajo cotidiano, un ascetismo real que permitirme descubrir y medir con qué amor ama Dios.
El aprendizaje del amor puro y verdadero es un viaje que requiere toda una vida. Exige amar al otro con sus limitaciones y defectos, con sus imperfecciones y sus sombras. Este camino no se puede recorrer sin vivir la misericordia entre sus miembros. Y es necesario también realizar un trabajo de conversión interior para entender qué es el amor verdadero porque el verdadero amor al que todos estamos llamados nos invita a vivir la misericordia para envolver nuestras imperfecciones con el velo de la ternura.
Jesús quiso nacer y crecer en el seno de una familia humana. Sus padres lo educaron con un amor irreprochable. Era la familia de Nazaret una familia santa porque el principal deseo era hacer la voluntad de Dios en su vida. Y hoy y todo el año puedo hacerlo nacer también en mi propio entorno familiar.
Es lo que le pido hoy a la familia de Nazaret. Que se convierta en mi modelo para dar amor, para crecer en santidad, para dar lo mejor de mí, para aprender a sacrificarme cuando sea necesario, para saber ponerme en manos de la Providencia, para servir sin contrapartidas, para promocionar los valores intrínsecos que de ella se derivan, para poner mi vocación al servicio de la misión de Jesús, para hacer crecer en la fe a todos los que la integran, para darles la perspectiva del cielo en su cotidianidad…
En esta fiesta de la Sagrada Familia es un día para dar gracias a Dios, a María y a José por predisponerme a cooperar con ellos en el plan de salvación que nos propone el Señor en esta Navidad.

orar con el corazon abierto

¡Dios mío, has venido al mundo en el seno de una familia humana; hazme ver que mi familia es también el lugar donde puedo encontrarte, conocerte y amarte! ¡Concédeme la gracia de amar para crear unidad entre todos por medio del amor! ¡Conviérteme, Padre, en testimonio de amor, de esperanza, de entrega; ayúdame a ser portador de todos los valores que la dignifican! ¡Conviérteme, Padre, en en ejemplo para todos los que la integramos, para que en mi hogar impere el amor y la fidelidad a tu Hijo; que sea ejemplo de oración cotidiana, de puesta en práctica de las virtudes que Él nos ha enseñado, ejemplo de comprensión y que se imponga siempre el respeto entre nosotros! ¡María, Reina de la familia; San José, esposo serenísimo de María, os confío en este santo día mi vocación para desempeñar esta hermosa misión de esposo y padre que Dios ha puesto en mis manos y hacerlo bajo vuestra bendición! ¡Ayudadme a poner siempre mi mirada en vuestro hogar de Nazaret para que el mío también se convierta en una escuela de virtudes cristianas y humanas y aprender de vosotros tres a vivirlas con la convicción y humildad de hijo de Dios! ¡En este día pongo en vuestras manos a todas las familias del mundo para quienes las formamos crezcamos en ellas como personas responsables y honestas, sustentadas en la fe para dar testimonio unos de otros, para acoger en nuestro seno al mismo Dios, para crecer como hizo Jesús en sabiduría, en estatura y en gracia, para ser auténticos custodios de este maravilloso don que viene de Dios! ¡Ayudadnos, María y José, a vivir siempre en presencia de Dios con el mismo amor, la misma fe, la misma esperanza y la misma alegría con la que vivisteis los tres en Nazaret!

Comparto esta oración para rezarla junto con tu familia, comunidad o amigos antes de la medianoche del 31 de diciembre. Se recomienda estar alrededor del nacimiento o pesebre. Juntos comienzan diciendo: “En el nombre del Padre…”
Luego se hace la siguiente oración:
Lector 1: “Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar este año queremos darte gracias por todo aquello que recibimos de ti.
Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrecemos cuanto hicimos en este año, el trabajo que pudimos realizar, las cosas que pasaron por nuestras manos y lo que con ellas pudimos construir.
Lector 2: Te presentamos a las personas que a lo largo de estos meses quisimos, las amistades nuevas y los antiguos que conocimos, los más cercanos a nosotros y los que estén más lejos, los que nos dieron su mano y aquellos a los que pudimos ayudar, con los que compartimos la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.
Pero también, Señor, hoy queremos pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Todos: Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. También por la oración que poco a poco se fue aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte. Por todos los olvidos, descuidos y silencios, nuevamente te pido perdón.
A pocos minutos de iniciar un nuevo año, detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo tú sabes si llegaré a vivirlos.
Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.
Cierra tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso. Amén.”
Para terminar, rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. Luego, entre todos, se dan un abrazo diciendo:

¡Feliz año a todos los lectores de esta página!

En este día de la Sagrada Familia, cantamos este Padrenuestro de Nazaret:

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¡Qué felicidad vivir en la perspectiva de Dios!

Último sábado del año con María en el corazón. Cuando María pronuncia sues invadida por el Espíritu de Dios. Este es el modelo a seguir con respecto a mi propia alma. Este testimonio me abre el camino y me muestra lo lejos a lo que puedo llegar en comunión con Dios. Esta es parte de la aventura cristiana de la vida.
La sed de Dios que tenía la Virgen, su apertura de alma, eran consecuencia de su felicidad interior: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».
La apertura al plan de Dios puede ser arriesgada. Prometida a José, siendo virgen, María puso en peligro todo su plan de vida. ¡El valor de la Virgen es realmente admirable! ¿Quién podría creerse un embarazo por intervención del Espíritu Santo? Pero al mismo tiempo ¡cómo no aceptar los planes de Dios cuando el Espíritu Santo viene sobre ti y el poder del Altísimo te cubre con su sombra!
Su apertura hacia Dios, su firme sin reservas, a riesgo de arruinar su matrimonio con san José, el riesgo de ser deshonrada por su familia, de ser apedreada por la multitud, no arredraron a María. Tal era la ciega confianza en Dios.
Todos estamos invitados a vivir en esa misma confianza, a abrir cotidianamente nuestras almas a la gloria de Dios, ponerse en las manos del Altísimo. Vivir en Cristo que nos lleva a realizar obras extraordinarias. ¡Qué aventura, qué felicidad vivir en la perspectiva de Dios!
En unas horas, Jesús estará más vivo que nunca entre nosotros, en nuestra alma primero, en nuestro cuerpo en la comunión y producirá maravillas en nuestras acciones, nuestros gestos, nuestra tolerancia, nuestra infinita misericordia, nuestra humildad.
Y en este día, gracias a María, comprendiendo su total apertura de alma, podré gozar de la alegría de vivir abandonado al Amor incondicional de Dios.

orar con el corazon abierto

¡No quiero olvidar María que esta Navidad es posible gracias a tu sí incondicional a Dios! ¡Que es posible porque tu hágase fue para abrirse a la vida! ¡Fue gracias a ti, la humilde de corazón, la sencilla de alma, la Inmaculada elegida por Dios, la que atendió con recogimiento las palabras del ángel y el susurro del Espíritu, la que esperaba siempre en Dios, la pobre de espíritu, la esclava del Señor, la que se entregó a la voluntad del Padre! ¡Es por tí, María, que hemos celebrado el nacimiento de Jesús! ¡Haz pues, María, posible que en el mañana de mi vida y en el mundo entero se produzca el verdadero milagro del nacimiento de Tu Hijo! ¡Que tu fe, María, sea una camino de preparación para recibir a Jesús! ¡Que tu entrega como Madre me permita entender en mi vida los tiempos de Dios! ¡María, tu que estás llena de gracia, que estás limpia de pecado, que eres abogada de la gracia, que testimonias con tu ejemplo la santidad que agrada a Dios, intercede por mi para que pueda alcanzar la santidad, para que sea irreprochable ante sus ojos, para que sepa acoger en mi corazón el don del amor, de la misericordia y el perdón y que sea capaz de darme siempre a los demás! ¡María, Madre de Dios, permíteme caminar contigo y crecer en la esperanza que nos trae la Navidad, para celebrar con alegría, gozo y esperanza el fruto bendito de tu vientre que es Jesús!

Del compositor Jan Dismas Zelenka nos deleitamos en este último sábado mariano del año con su antifonal mariana Alma Redemptoris Mater:

La gloria del Señor te envuelve de claridad

Hay una frase muy hermosa referida a los pastores que aparecen en la escena de Belén. «La gloria del Señor los envolvió de claridad». Me ha emocionado esta frase de san Lucas. La cueva de Belén se llenó aquella noche mágica del resplandor de la Luz. Fue una noche brillante. Luminosa. La noche en que nació Jesús, el Mesías, el Señor.
Leyendo esta frase cuatro días después de Navidad siento una gran alegría en el corazón. Siento como esa luz también penetra en mi interior. Como que ese resplandor es un regalo de Dios que nos llena con su gracia. Así, mi corazón rebosa amor, esperanza y fe. Es el sentimiento vivo de estar iluminado por la gracia de Dios.
Siento así la misma alegría que debieron sentir aquellos pastores envueltos en la claridad de Dios. Es la alegría que hunde sus raíces en la fe, en la certeza de que ese misterio cristiano de la Navidad se hace realidad cada año en mi vida. Y que esa luz que todo lo llena despeja las sombras de las incertidumbres y las oscuridades de mi propia vida.
No tiene sentido caminar entre tinieblas. No tiene sentido vivir con odios y rencores. Ni con divisiones ni rupturas. Ni con soledades ni tristezas. Ni con individualismo y autosuficiencias. Ni con orgullo ni con soberbia. Ni con angustias ni resentimientos. No podemos vivir enfrentados en el seno de la familia, ni en el trabajo, ni en la comunidad, ni en la vida eclesial. No podemos cubrir de sombras la luz de la Navidad porque «la gloria del Señor lo envuelve todo de claridad». No podemos cubrir de oscuridad nuestro entorno más cercano. Tenemos que lograr que brille la luz de la Navidad. Hacer saber al mundo que Cristo ha nacido en Belén, es decir, en nuestro propio corazón. Que este hecho extraordinario es capaz de transformar por completo la dureza del corazón, esa actitud que te hace distante de los demás, esa manera de vivir que rompe el espíritu de fraternidad, esas actitudes despreciativas que solidifican la insolidaridad, esa ambición que te impide crecer, ese desorden emocional que te impide amar…
«La gloria del Señor los envolvió de claridad». Esa claridad es la que te convierte en un hombre nuevo. Con el nacimiento de Cristo, ¡que alegría pensar que naces de nuevo a la vida! ¡Que se hace resplandor nuestra propia salvación!
«La gloria del Señor los envolvió de claridad». O lo que es lo mismo. Hacer visible en el corazón la presencia de Dios, una presencia sostenida por el amor, la fraternidad, la alegría y la paz. ¡Como me gustaría que esa claridad me sirva para hacer brillar durante todo el año en mi corazón la luz que Cristo trae en Navidad!

orar con el corazon abierto

¡Señor, me pongo en tu presencia para recibir de Ti la claridad; me postro ante Ti para orar sin desfallecer, con esperanza, con alegría renovada, aceptando el camino de vida que tu me invitas a seguir! ¡No permitas que este año que vamos a comenzar me distraigo de lo que es importante! ¡Ayúdame, Señor, a que la Navidad sea permanente en mi corazón, que mi vida cotidiana sea un constante momento de oración, que Tu vivas cada momento de mi vida en el corazón para ser capaz de dar resplandor a mi vida y ser luz para los demás! ¡Espíritu Santo, concédeme la gracia de permanecer siempre en presencia de Dios, de vivir en y para Dios, en perseverar en el amor a Dios, en ser capaz de darme a los demás, de hacer visible en mi corazón esta presencia amorosa de Dios! ¡Que todo lo que salga de mi interior sea en realidad de Dios! ¡Espíritu Santo, concédeme la gracia de ser constante en el camino de santidad que Dios me ofrece, ayúdame a profundizar en mi interior para alcanzar a conocerme mejor para crecer en santidad! ¡Ayúdame, Espíritu divino, a profundizar en lo más íntimo de mi alma para descansar siempre en Dios! ¡Que la claridad de tu vida, Espíritu Santo, invada mi alma, tu sabiduría cubra mi mente y que tu amor mi corazón de piedra y que mi voluntad quede siempre fijada en el tuya para acoger con alegría los dones que recibo de Ti!

While Shepherds watched their flock by night (Mientras los pastores vigilaban su rebaño de noche) un hermoso villancico inglés para acompañar esta meditación navideña:

Unido al sufrimiento del inocente

Hoy celebramos la festividad de los Santos Inocentes. Días antes del nacimiento de Cristo cientos de niños en Belén fueron asesinados por orden de Herodes. Aquellos niños se consideran los primeros mártires que mueren en nombre de Cristo. Herodes, embebido de orgullo y maldad, de soberbia y ambición, quiso acabar con Jesús antes incluso de haber nacido. Este acontecimiento anuncia, antes incluso de su nacimiento, la Pascua de Jesús.
Celebramos esta fiesta de muerte en medio de las fiestas en que todo es alegría y vida. Entre el nacimiento en Belén y la adoración de los Reyes de Oriente. Esta conmemoración te recuerda que cuando contemplas el misterio de la Encarnación de Cristo lo haces siempre teniendo presente su Pascua, es decir, su entrega amorosa por la salvación del hombre. Y la necesidad de entender que seguir los planes de Dios requiere una disponibilidad no siempre fácil de aceptar y asumir.
Mi corazón se une hoy al sacrificio de estos niños inocentes y de tantos hombres y mujeres cristianos que en nuestro mundo mueren por la causa de Cristo, sometidos a persecución, a la maldad humana y que al no renunciar a su fe vivifican el misterio pascual del Jesús. Y, de manera extraordinaria, se convierten en testimonio de verdad, de fidelidad y de testimonio en nombre del Señor. Estos mártires inocentes en realidad proclaman con alegría la gloria pascual; y lo testimonian dando su vida en una auténtico compromiso de fe. ¡Testimonian que el seguimiento de Cristo implica dar la propia vida en pos de la verdad!
Hoy es un día para sentirse solidario con los hermanos en la fe que sufren persecución. Un día para amarlos con el corazón. Un día para confesar nuestra propia fe, para poner al descubierto lo que de verdad creemos y profesamos y manifestarlo a los demás. Con hechos y no con palabras. Con nuestras obras y nuestro ejemplo. Se trata de ser, como aquellos que se han mostrado fieles a la verdad del Evangelio, testigos auténticos de la fuerza del Espíritu Santo sobre cada uno de nosotros. Testigos de Jesús, testimonios cristianos que actúan con la fuerza del amor.

orar con el corazon abierto

¡Espíritu Santo otorga a todas las comunidades cristianas perseguidas el don de la fortaleza y la piedad para que sean perseverantes en la fe, que no tengan miedo ante la persecución y la discriminación, que alivien su dolor con la esperanza y la oración! ¡Confórtales con tu amor y dales el aliento necesario para superar la adversidad! ¡Dales, Espíritu Santo, la fortaleza inquebrantable de la fe! ¡Influye también, Espíritu de Dios, en todos los dirigentes políticos y en su perseguidores para que se comprometan en el respeto a la libertad religiosa y desaparezca todo tipo de persecución! ¡María de Belén y de Nazaret, esposa de José, Madre dolorosa, modelo de fe y esperanza, te encomiendo a todas las mujeres que sufren el dolor de haber abortado y a sus bebés abortados, dales tu cuidado maternal! ¡Perdona, Dios bueno, a los padres que abusando de la libertad destruyen el don de la vida que Tú nos has dado! ¡Perdona a los que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan! ¡Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad! ¡Quisiera en este día, Padre, adoptar espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, mis sufrimientos, mi trabajo, mis alegrías, mis anhelos, por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria! ¡Quisiera hacer mío el sufrimiento de los niños abandonados por sus padres, los niños que no gozan del cariño paterno, de los niños que mueren de hambre en manos de padres impotentes ante esa injusticia, de los niños de la guerra, víctimas inocentes de la prepotencia de los nuevos Herodes, de los niños que sufren el turbio poder del abuso o el tráfico sexual! ¡Hazme ver, Señor, la vida con una dimensión espiritual para no caer en el pecado de la soberbia como le ocurrió a Herodes y cuyas consecuencia es la muerte de sangre inocente!

De la mano de Michael Haydn nos acordamos de los niños inocentes con este Laudate Pueri Dominum:

En lo cotidiano de Nazaret

En Nazaret la vida de José, María y Jesús es, en apariencia ordinaria, sencilla, oculta a los ojos de los vecinos, sin valor aparente. De puertas adentro nada extraordinario sucede. No hay excesos, ni ruidos sino discreción.
En esa casa de Nazaret fluye el silencio, la serenidad interior, el sosiego del alma, el trabajo honrado, el respeto por las costumbres, el amor profundo y agradecido al Padre. Sucede así porque en esa casa habita la Sagrada Familia. En ese espacio emerge con toda su fuerza una vida de familia impregnada de santidad. Es el hogar donde las virtudes se hacen realidad. Donde las bienaventuranzas, antes de ser proclamadas, cobran relevancia. De puertas adentro la perfección, el respeto, la humildad y el amor son las armas que autentifican el sagrado título de esta familia escogida por Dios. Así se entiende que la Virgen lo custodiara todo en su corazón y que Jesús creciera en sabiduría, se hiciera más fuerte y gozara del favor de Dios.
En este entorno modélico y santo creció y vivió Jesús su vida oculta. En estos treinta años, de la mano de María y de José, modeló su carácter, aprendió a orar, a amar, a servir, a darse a los demás. Con estos mimbres pudo iniciar Jesús su misión divina.
De lo que ocurrió en Nazaret tan solo contamos con unos cuantos versículos que constatan retazos de aquel tiempo. Nada sabemos, pero lo sabemos todo. Pero ese todo te permite examinar tu vida, tus gestos, tus palabras y tus comportamientos. En la vida de la Sagrada Familia de Nazaret se resume el sentido auténtico de la familia cristiana. Es una meditación en si misma que te permite plantear tu propio vivir; ¿Hago de mi vida en familia como hicieron ellos un diálogo interrumpido con Dios? ¿Convierto la vida en mi hogar en un terno de fervor, de paz y de amistad? ¿Me afano para que todos se sientan a gusto a mi lado? ¿Atiendo con gesto amable a todos olvidando mis necesidades para poner por delante la de los demás? ¿Entiendo el valor de los actos de mi vida ordinaria como camino de santificación? ¿Vivo realmente en complicidad con Dios y en el amor compartido? ¿Permito en mi familia que se cumpla el plan de Dios? ¿Es mi vida una lección de vida humilde, generosa y amorosa? ¿Hago de mis sencillos quehaceres cotidianos una ofrenda a Dios, un servicio a la misión de Jesús, un camino de amor por los que me rodean?
¡Esta claro que mi vida, si me lo propongo, también puede ser como el hogar de Nazaret!

orar con el corazon abierto

¡Sagrada Familia de Nazaret me pongo es vuestra mano! ¡Quisiera entrar en vuestra casa para hacerla mía, para hacer siempre la voluntad de Dios, para entregarme a los demás, para vivir en armonía, en caridad, en paz y en amor, para ocuparme de las necesidades materiales y espirituales de los que la formamos! ¡Ayudadme a convertir mi familia en una comunidad de amor! ¡Que vosotros, Jesús, María y José os convirtáis en mi modelo de familia cristiana a seguir! ¡Ayudadme a abrir mi corazón a Dios, a ser receptivo a su Palabra, a ser testimonio cristiano, ser guía para mis hijos, buen esposo! ¡A Ti, María, Madre de misericordia, ayúdame a darle siempre el Si a Dios sin miedo y sin dudas! ¡A Ti, María, Madre del Verbo Encarnado, enséñame a caminar con confianza y a seguir los planes de Dios en mi vida! ¡A Ti, María, Madre de la esperanza, dame tu audacia y tu disponibilidad, para que mis dudas y mis miedos desaparezcan de mi vida! ¡A Ti, San José, fiel siervo, ayúdame a tener tu misma discreción, tus silencios, tu amor, tu simplicidad y tu disponibilidad del corazón! ¡A Ti, San José, ayúdame a recibir con alegría y esperanza lo inesperado que viene de Dios! ¡A ti, San José, ayúdame a tener tu honradez y tu buen hacer! ¡Y a Ti, Jesús, ayudarme a vivir en Ti, para Ti y contigo!

¡Celebremos juntos la vida y que viva la Navidad!:

De Belén al Calvario

La alegría de la Navidad sigue presente en el corazón. Apenas han transcurrido unas horas de la festividad en la que uno se une a los alegres coros angélicos para cantar la gloria del nacimiento. La esperanza de experimentar el sentirse amado por el Niño que ha nacido. La paz que vivifica el corazón tantas veces roto por la dificultades y el sufrimiento.
La Sagrada Familia de Nazaret nos ha recibido a las puertas del portal y ha acogido la pequeñez de nuestra vida porque esa es la más grande ofrenda que uno puede ofrecer al Hijo de Dios hecho carne. Somos como los pastores del siglo XXI, postrados con nuestra pobreza ante el portal por amor a Cristo.
Sin embargo hoy, festividad de san Esteban, a la vuelta de la Navidad, la Iglesia celebra un martirio atroz. El primer martirio de un seguidor de Cristo. ¿Quiere la Iglesia aguarnos la fiesta, que dejemos de sentir alegría por un hecho tan extraordinario? En realidad, San Esteban por testimoniar la verdad de lo que vivió padeció un muerte maritirial que le llevó a disfrutar directamente de la gloria eterna. De la tierra al cielo para toda la eternidad. De la muerte a la resurrección de la vida.
Y eso me permite comprender algo extraordinario. La recóndita cueva de Belén, espacio de vida, está estrechamente vinculada a un lugar de muerte, el monte Calvario. En Belén, Cristo viene a darse a si mismo en un mísero pesebre para el ganado, un pesebre que en realidad es trono de vida. En el monte Calvario, el trono es una cruz de madera en la que Cristo se da a si mismo para la redención del hombre. En ambos lugares Dios demuestra su amor por el ser humano dando a su propio Hijo en la vida y en la muerte. Es la enorme generosidad de Dios con el hombre. Esta es la categoría de su amor supremo.
San Esteban vivió la realidad de estos dos mundos. El amor fiel que se vive por el Cristo nacido en el portal de Belén y el testimonio de amor que se vive en el morir por Jesús. En los dos casos el núcleo es el amor. Y este es el símbolo de la Navidad. Se trata de impregnar cada acto de nuestra vida de amor. Y ese amor debe ser un amor alegre, generoso y misericordioso. Un amor que debe crecer en lo cotidiano de la vida desde lo más íntimo de cada uno para que cada palabra, cada gesto, cada sonrisa, cada mirada, cada pensamiento, cada sentimiento… sea testimonio de ese Jesús que nació para amar y murió por amor.

orar con el corazon abierto

¡Señor, Dios hecho Hombre, concédeme la gracia de tener un corazón tan ardiente como el de san Esteban, firme en la fe, lleno de amor! ¡Ayúdame a no tener miedo a testimoniar que eres el verdadero Dios! ¡Ayúdame a testimoniar el amor, la caridad, la misericordia y el perdón en mi entorno familiar, social y laboral! ¡Envíame tu Santo Espíritu, Señor, para ser testimonio de Ti, comprometido contigo, ser alma y corazón contigo! ¡Ayúdame a ser testigo en este mundo que tanto te niega de que creo en Ti, espero en Ti, confío en Ti! ¡Que mis palabras sean sabias, que mis actos sean coherentes, que mi testimonio sea auténtico, que mi anuncio sea valiente! ¡Que no tenga miedo de proclamar quien eres, Señor, Jesús, el hijo de José y de María, el Hijo de Dios hecho Hombre, que has venido a este mundo para salvarnos del pecado e invitarnos a caminar por las sendas de la santidad! ¡Dame, Espíritu Santo, el mismo valor que tuvo san Esteban para defender sus principios; que seas Tú quien me dirija y me guíe! ¡Concédeme, Espíritu de Dios, un corazón hecho para amar, una vida comprometida con el amor y unos gestos que sirvan para servir a los demás por puro amor!

Un villancico árabe para este camino hacia la Navidad:

Y ¿qué celebra la Navidad?

Ayer celebrábamos la Nochebuena. Las luces no solo iluminaron nuestras calles y nuestras casas, iluminaron nuestro corazón. Nos sentimos unidos en familia. Ayer fue noche de fiesta y ¡hoy es Navidad!
Y ¿qué celebra la Navidad? El nacimiento de Jesús; la venida del hijo de Dios. El corazón de la Navidad es que Jesús nació en Belén hace hoy 2017 años y que este nacimiento está cambiando el mundo. Un día para no tener miedo porque ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.
Impresiona y emociona pensar que Dios nos da a su propio Hijo. En la historia de los Evangelios, he aquí, alrededor del establo donde María acaba de dar a luz a este niño, vienen los ángeles, los pastores, los magos como signos de que este nacimiento no es como los demás, que este nacimiento es un regalo de Dios para toda la humanidad.
Pero hay algo más extraordinario alrededor de este pesebre, de la presencia de los ángeles, de los pastores y los magos. Somos nosotros, hombres, mujeres, niños, del siglo XXI y de todos los tiempos. Somos millones los que nos reunimos en la noche de Belén alrededor del pesebre, una inmensa multitud, que nadie puede contar, una multitud de todas las naciones, razas, pueblos e idiomas.
¿Por qué somos tantos para celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús? Porque Él mismo viene a traernos las armas del Espíritu, de la paz y de la esperanza. Él nos infunde la alegría de la eternidad prometida. Él nos da lo que necesitamos para salvar al mundo. El gran regalo de Navidad es la Palabra de Jesucristo, la Palabra que nos da fe, confianza y esperanza; la Palabra que está en el corazón de cada una de nuestras vidas. La Palabra que se hace amor y luz. Este gran regalo de Navidad es la fragilidad de un niño que acaba de nacer pero tiene la fuerza de la vida, la fuerza de la ternura, del amor, la generosidad, la bondad… la fuerza de la destrucción del pecado y de la muerte.
¿Estoy listo para vivir la Navidad de Dios cada día de mi vida ahora que el amor está entre nosotros?
Cuando en algún momento del día me acerque a besar al Niño Dios o contemple el Nacimiento mientras cante villancicos que mi corazón sea lo suficientemente agradecido para darle infinitas gracias a Dios por haberse abajado hasta nosotros por nuestra salvación; que sea capaz de convertirme también yo en un pequeño que, algún día, pueda entrar en el reino de la eternidad.
¡Feliz Navidad, de la mano de Jesús y de María!
A todos los lectores de esta página que el Señor os bendiga y os guarde, ilumine su rostro sobre vosotros y os sea propicio. Que el Señor os muestre su rostro y os conceda la paz.

Douai (Nord) - Musée de la Chartreuse - "La Nativité" (Ecole catalane, 2ième moitié du 14e)

¡Gracias, Niño Jesús, por venir a mi corazón¡ ¡Gracias, porque habitas en mi! ¡Que se encienda en mi corazón el amor, la generosidad, la paz, la humildad, la entrega, la paciencia, la fidelidad, la fraternidad, el entusiasmo, la caridad, la solidaridad, la compasión, la confianza, la dicha, la felicidad, la magnanimidad…! No viniste, Padre, a la tierra para ser alabado, querido y amado sino para amarnos Tu. Padre, tu has querido la encarnación de Tu Hijo no tanto para tener a alguien fuera de la Trinidad que te amara de manera digna, sino para amar sin medida. ¡Gracias, por tu amor infinito! ¡Gracias porque eres amor y vida, haz que sepa convertir mi familia en un santuario verdadero de amor, alegría y paz! ¡Haz que tu gracia guíe siempre mi vida para crecer en la verdad y en el amor! ¡Haz que, al igual que Tu, sea semilla de esperanza entre mis amigos y familiares! ¡Feliz Navidad, Niño Dios, Tu que eres hombre y Dios a la vez!

El canto de la sibila forma parte de la tradición arcana, ancestral de la península ibérica. La historia de contenido sagrado se cantaba en la Misa del Gallo y está presente en nosotros desde la Edad Media:

Una noche para abrir el corazón a la misericordia

¿Hay un momento más hermoso en la preparación para la Navidad que la instalación del Belén? Este gesto es parte de nuestro universo cultural, nuestra tradición cristiana. Es un signo de esperanza y paz para todos los hombres de buena voluntad.
Sacamos de la caja con cariño el buey y la mula, los ángeles y los pastores; los Reyes Magos y la estrella que los guía, a María y a José, y al niño, Jesús, y a una retahíla de personajes que cada año agregamos al escenario del pesebre familiar.
Así que hoy es un día para salir de nuestra propia caja e insertarse en el pesebre de nuestra vida y escuchar en nuestro corazón el mensaje alegre del ángel: ¡Hoy ha nacido un Salvador que es Cristo, el Señor!
Y como en aquella noche oscura, somos como aquellos hombres que pasaban la noche al raso guardando sus rebaños. En este días estamos envueltos en la luz de Dios, en la gloria del Señor, camino del establo donde tuvo lugar el nacimiento de Dios recostado en el pesebre.
Nosotros, esta noche, también vamos a peregrinar. Lo haremos a la iglesia porque para los cristianos la Palabra de Jesús cuenta en nuestras vidas. Esta noche iremos a orar, a adorar al Niño Dios en el pesebre de la Santa Misa de Nochebuena.  Nos uniremos con tantos otros que tienen la esperanza de que, caminando en la oscuridad, vislumbran la luz de Dios.
Somos conscientes de lo que sucede en Navidad en una gran parte del mundo: comilonas, regalos y consumismo. Pero al llegar esta noche al templo, nos encontraremos con tantos que se vuelven a Dios en oración con estas palabras sencillas: ¡Ven, Señor Jesús!
Hoy es el día para rezar por todos aquellos en el mundo que no ven la luz, que están tristes y desesperados, que su vida no tiene sentido, que la miseria les impiden alimentar y educar a sus hijos, que como María y José son refugiados y han tenido que huir como lo hicieron ellos para escapar de la violencia de Herodes que buscaba matar a su hijo. Es un día para pensar en los que que viven tiempos difíciles porque les falta trabajo, porque sus familias están rotas, porque están solos y olvidados. ¡Hay tantos males que afectan al ser humano en las profundidades del corazón!
Orar para que la Navidad, sean cuales sean las circunstancias, se convierta en un día de tregua, un día para volver a tomar aliento y esperanza, un día para que la alegría sea como una pequeña luz que brilla en la noche, una pequeña luz que se convertirá en un gran fuego de esperanza.
Una noche para abrir el corazón a la misericordia. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia. Para ser misericordioso hay que tener un corazón sensible, un corazón abierto a las pruebas de aquellos que se cruzan en nuestro camino, de aquellos que comparten esta tierra con nosotros.
La de Belén es como una cuna llena de su misericordia que Dios Padre envió a la tierra. Una cuna modesta que dice la tradición tenía solo un poco de paja. Allí estaba un niño recién nacido a quien se le dio el nombre de Jesús, lo que significa que Dios salva. Jesús es la misericordia de Dios, el corazón abierto, el amor de un Padre que da a su hijo al mundo. Jesús es la misericordia de Dios porque es el Príncipe de la Paz.
Paz, amor y felicidad a todos con Jesús en el corazón. Santa y feliz Nochebuena a todos los lectores de esta página. Que esta Navidad se convierta en una promesa de paz y de justicia, de esperanza y de amor, de perdón y de alegría. ¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra paz a los hombres de buena voluntad, a quienes Jesús ama para que seamos capaces de dar amor!

orar con el corazon abierto

¡Señor del cielo y de la tierra, que esta noche que se presenta, santa noche en la que vienes a nacer para salvarnos de nuestras miserias, quiero darte gracias por tu amor infinito! ¡Te doy, gracias Señor, por mi familia, por mi hogar, por mis amigos, por las personas que colaboran conmigo; que todos tengamos abierto el corazón para recibirte y hacerlo con amor, esperanza y alegría! ¡Señor, te pido de corazón que vengas a mi, que te abra la puerta cuando llames, que yo también pueda regalarte humildemente mi amor! ¡Gracias, Señor, por esta noche de paz y de amor en la que tu amor infinito y misericordioso nos bendice! ¡Hazme entender, Señor, que es lo importante de mi existencia como cristiano! ¡Ayúdame a acogerte con un corazón de niño!¡Te pido hoy, Señor, por todas las familias del mundo para que reine en el corazón de sus miembros el amor y la paz! ¡Lleva, Señor, tu que eres la Paz y el Amor, la paz, la armonía, la buena disposición de espíritu entre todos los miembros de nuestras familias! ¡Haz, Señor, que cesen las discordias y las diferencias, los rencores y las indiferencias y en su lugar trae la generosidad de sentimientos y el amor! ¡Señor, Tú viviste en una familia en la que por encima de todo el ambiente estaba impregnado de amor, servicio y generosidad! ¡Haz que cada uno de nuestros hogares esté impregnado de este ambiente y que se convierta en una morada de tu presencia, en lugares de acogimiento y paz! ¡Que todos, padres e hijos, se sientan siempre amados y se aleje de ellos la ingratitud, el egoísmo y el desdén! ¡Y hoy, Señor, cuando te adore en el pesebre que tenga presenta a tantas personas que no te conocen, te rechazan o no tiene las comodidades necesarias en este mundo a veces tan duro y tan cruel! ¡Líbranos, Señor, de  tanta vanidad mundana y tanta ambición que roba la poca bondad de nuestro corazón! ¡Y a Ti, María, Reina de las familias, enséñanos a amar!

Hermosísimo para esta noche este fragmento del Oratorio de Navidad de Heinrich Schütz:

Cantar con María el cántico de la misericordia

Cuarto sábado de diciembre, víspera de Nochebuena, con María en el corazón. Un día adecuado para deleitarse con el Magnificat que es el canto más bello a la misericordia. Es el canto que surge de un corazón orante. Es el canto de un alma contemplativa. Es el canto de la riqueza interior de María que no cesa de alabar a Dios en cada instante. Es el canto en el que María alegra su espíritu en Dios, su salvador. Es el canto de quien sabe que las promesas de Dios se cumplen siempre. Es el canto de quien tiene una fe firme. Es el canto de una mujer creyente que certifica la misericordia divina. Ella misma lo exclama cantándolo convencida: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Es el canto de quien sabe que el Amor acaba venciendo siempre. El canto de una Madre que certifica que Dios anhela que el hombre viva y que no parezca con la muerte y el pecado. Es el canto de esa mujer humilde que aboga por fijar su rostro —como lo fija el mismo Dios— en los que son humildes, pobres de corazón y pequeños de espíritu. El canto de una mujer de vida interior que fija su mirada en los sufrientes, en los desvalidos, en los desesperados y los necesitados. A todos ellos María les enjuga sus lágrimas con su manto. Es el canto de quien sabe que Dios ofrece esperanza, que la vida tiene un sentido cierto porque Dios invita a la santidad y ofrece la vida eterna por la salvación que llega de Cristo, Hijo de María. Es el canto alegre de quien sabe lleva en su interior al Hijo de Dios, al que entregará mañana a la humanidad entera.
En la Nochebuena, en el humilde portal de Belén, dos padres santos, en la soledad del silencio de la noche, darán vida a un niño que viene al mundo a dar vida y derrotar a la muerte. Cualquiera que se sienta oprimido volverá a la vida y su corazón quedará completamente liberado.
En el Magnificat, María exclama exultante que «el poderoso ha hecho obras grandes en mí». Lo siento igual que María. Siento que Dios viene mañana de nuevo a mi vida para hacer obras grandes en mi. En mi y en todos los que me rodean. En la humanidad entera. Por eso hoy quiero prepararme bien junto a María, para que mañana, en el corazón de la noche, cuando el niño nazca, mi corazón esté abierto a su amor y a su infinita misericordia y pueda cantarle a ese Niño Dios el hermoso cántico de María.

orar con el corazon abierto

¡Gracias, María, por tu generoso sí que llevará al nacimiento del Niño Dios! ¡Que los cielos y la tierra se alegren y canten de gozo por el nacimiento del Niño Jesús, el verbo Eterno del Padre! ¡Gracias, María, porque de ti nace el Dios de la vida al que quiero adorar por siempre! ¡Gracias, Virgen de la Navidad, que nos traes al mundo la luz, la alegría, la esperanza, el gozo y la paz! ¡Gracias, María, porque nos traes al mundo el Amor para sembrarlo donde hay odio y rencor! ¡Quiero cantar contigo, María, a ese Dios que muestra toda su grandeza naciendo en un portal y triunfando sobre el mal que nos rodea! ¡Quiero ser contigo alegría del Evangelio! ¡Quiero, María, junto a ti ser signo de esperanza! ¡Quiero, María, mirar a los que me rodean con la misma ternura y el mismo cariño con que lo haces Tu! ¡Deseo, María, mirarte siempre para descubrir en Ti misma los atributos que te han hecho agradables a Dios! ¡Quiero alabar contigo al Dios de la vida, quiero que me ayudes a derribar de mi corazón el orgullo y la soberbia porque Dios solo mira a los humildes de corazón, quiero que destrones mis vanidades porque Dios despide vacío a los ricos, quiero que pongas calidez a mis gestos para llevarlos a mi casa y mis entorno porque Dios solo busca la justicia!

Para este día presento esta bellísima canción en inglés Mary, did you know? (María, ¿lo sabías?) del compositor Mark Lowry, una serie de preguntas dirigidas a la Virgen María. Detrás del video está la traducción al castellano.

¿María sabías? 

María, ¿sabías que tu bebé caminaría un día sobre el agua?
María, ¿sabías que tu bebé salvaría a nuestros hijos e hijas?
¿Sabías que tu bebé vino para hacerte nueva?
Que ese niño que tú diste a luz, pronto te traería a la Luz
María, ¿sabías que tu bebé dará la vista a un hombre ciego?
María, ¿sabías que tu bebé calmará una tormenta con su mano?
¿Sabías que tu bebé ha caminado por donde los ángeles pisaron?
Que cuando besabas a tu pequeño niño besabas el rostro de Dios.
¿María, sabías? ¿María, sabías?
Los ciegos verán, los sordos oirán
Los muertos volverán a vivir
Los paralíticos saltarán,
Los mudos hablarán las alabanzas del Cordero.
María, ¿sabías que tu bebé es el Señor de toda la creación?
María, ¿sabías que tu bebé gobernará un día las naciones?
¿Sabías que tu bebé es el Cordero Perfecto del cielo?
Que el Niño dormido que sostienes es el Gran YO SOY.

¡Feliz Navidad!

orar con el corazon abierto

Expergiscere, homo:  quia pro te Deus factus est homo
“Despierta, hombre, pues por ti Dios se hizo hombre”
(San Agustín, Discurso 185)

Queridos lectores:
¡Que la Navidad sea una fiesta de luz y de paz, de asombro y de alegría interior porque Dios se ha hecho hombre en el humilde portal de Belén!

¡Feliz Navidad con el corazón abierto!