¿Por qué me gusta la Navidad?

¡Me encanta la Navidad! Cada año renueva mi espíritu. Me encanta porque en mi país los días se acortan pero mis pensamientos se ensanchan proyectando luz hacia el 25 de diciembre.
Me gusta el frío que me permite refugiarme en la calidez de mi hogar y me gusta la oscuridad de la noche de la ciudad que le da a sus calles, decoradas con luces multicolores, la apariencia de una ciudad mágica y festiva. Me gusta porque mientras caminas por sus calles descubres también el camino de la alegría.
Me gustan los chocolates que salen cada día del calendario de adviento acompañado de un papelito con el propósito del día y la oración por una intención. Y, aunque no estoy sometido al consumismo de estas fechas, me gusta ver las tiendas engalanadas de luces y decoración navideña.
Me encanta la música de los villancicos tradicionales y las cantatas barrocas de Navidad que regocijan el corazón y baña de felicidad mis oídos y te permite cantarle al Niño Dios frente al Belén que has montado con esmero en el salón de casa.
Me encantan los cuentos de Navidad porque tienen siempre un final feliz y te calientan el corazón que tanta frialdad tiene habitualmente.
Me gusta la Navidad por las sabrosas galletas navideñas que preparamos cada año en este tiempo,
Me gusta el tiempo de engalanar el árbol de Navidad en familia, el ritual de comprar cada año una figurita para el pesebre y su planificación cuidada y minuciosa para superarse cada año con creatividad e imaginación.
Adoro la Navidad porque me permite encontrarme con el alma de mi familia, con sus dificultades y alegrías, con sus problemas y sus esperanzas.
Adoro la Navidad porque satisface mi necesidad para el asombro, la inocencia, la generosidad, la bondad y el servicio. La Navidad responde a esa necesidad intrínseca para lograr un mundo donde reine la justicia, la paz, la esperanza y la alegría.
Me gusta la Navidad porque es un tiempo para hacer limpieza interior. Porque al igual que hay que recoger los adornos, recoger los restos de musgo seco que caen de la mesa, guardar la corona de adviento y ver como se desaparecen las luces alegres de las calles, uno tiene que guardar en el corazón a Dios para que permanezca en su interior dando luz lo que resta del año.
Amo profundamente la Navidad porque para mí tiene una fragancia de eternidad.
Me gusta la Navidad porque se convierte en un itinerario por diferentes iglesias de mi ciudad para honrar a Jesús visitándolo en los pesebres de los templos.
Amo la Navidad porque me produce todavía asombro y alegría deleitarme con esa historia extraordinaria del Nacimiento de un Dios hecho Hombre, nacido de una joven virgen de Nazaret que dio el más hermoso en la historia de la humanidad.
Me gusta la Navidad porque me deleito contemplando a ese Niño, nacido en la pobreza de un desvencijado portal siendo el rey del Universo, y que permanece junto al hombre hasta su muerte en la cruz con el único fin de llevar al ser humano la salvación eterna. Me gusta por esa necesidad de bondad, repleta por el amor de Dios que ofrece a los hombres el mayor regalo que jamás haya existido: la vida eterna a través de su Hijo Jesús.
Me gusta por la magia de los Reyes Magos que me invitan a adorar al Niño Rey.
Me encanta la Navidad porque es un tiempo de paz, ese deseo tan ardientemente propagado por los ángeles, disponible para todos los que sueñan en su corazón hacerlo con Dios.
¡Adoro la Navidad! Es el tiempo de la alegría, presente en cada recoveco de la historia bíblica. Alegría de María, alegría de José, alegría de los pastores que pasan del temor a la adoración, alegría del sabios Reyes de Oriente guiados por una estrella hacia Belén, alegría de los ángeles que cantan el nacimiento de un Salvador… alegría desbordante de todos aquellos que desde hace miles de años alabamos cada año desde el corazón al Dios de la esperanza, de la misericordia y el amor.
Me encanta la Navidad. Adoro la Navidad. Amo la Navidad. Me permite vivir este tiempo con el corazón abierto a Dios en lo cotidiano y sencillo de mi vida.

orar con el corazon abierto

¡Gracias Niño Jesús por venir a traernos la sonrisa de Dios a este mundo tan necesitado de ti! ¡Gracias, Niño Jesus, por venir a ofrecer la alegría de Dios a todos los habitantes de este mundo! ¡Gracias, Niño Jesús, por llevar a nuestra vida el amor de Dios! ¡Gracias Niño Jesús por que me permites ver en tu rostro aniñado el auténtico rostro de Dios! ¡Gracias, Niño Jesús, por quedarte entre nosotros, por manifestar por medio de tu presencia la ternura de Dios con nosotros!  ¡Gracias Niño Jesús porque tu cuna está abierta para la humanidad entera, para que todos podamos venir a adorarte! ¡Gracias, Niño Jesús, porque me enseñas que naciendo en un pobre establo quieres que el secreto de Dios nazca profundamente en mi corazón! ¡Gracias Niño Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, porque desde el primer momento de tu concepción nos invitas a ver la mirada amorosa de Dios y alabarlo contigo! ¡Gracias Niño Jesús por ese firme deseo de unirte a mi, por este proyecto de amor que es nacer en Belén, por perdonar mis resistencias y por permitirme dejarte vivir en mi! ¡Niño Jesús reúnenos a todos en torno a Ti, llévanos a todos en estos días de amor, en este amanecer de paz y esperanza que es este tiempo de Navidad para que nuestros corazones puedan encontrar refugio en el más dulce, amoroso y tierno corazón que eres Tu! ¡Niño Jesús, ven a las almas que te estamos esperando gozosas ante el pesebre de nuestro corazón!

Con Haendel, honramos al Niño Dios con uno de los coros más hermosos de su oratorio de Navidad:

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