Seguir el ejemplo de obediencia de san José

La duda es inherente al ser humano. San José también tuvo dudas. Pero esas dudas —¿quién podría creerse que María esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo?— son parte intrínseca del plan salvador de Dios. Y del camino de la fe. Y a pesar de su profunda turbación, la bondad de san José —el carpintero de Nazaret no tenía intención de denunciar a María, dice San Lucas— le permitió ponerse en manos de Dios.
En estos días previos a la Navidad la figura de san José cobra una especial relevancia para mi. A pesar de que tantas veces es un personaje secundario en el pesebre de la Natividad, sin su actitud valiente, fruto de la escucha interior, el nacimiento de Cristo no hubiese sido posible. San José me enseña a atender la llamada de Dios, a meditarla en el corazón, a aceptar la voluntad divina, a ser partícipe del plan que Dios tiene pensado para mi pese a los problemas, inconvenientes, adversidades, padecimientos o sufrimientos que van surgiendo en mi caminar. San José muestra que la luz de Dios ilumina siempre el camino; certifica que en la oración Dios habla directamente al corazón y que, en la escucha atenta, uno puede tomar siempre la mejor decisión inspirado por el Espíritu Santo.
En el silencio que envuelve su persona, sabemos que San José también tuvo su «hágase» ante Dios. Dijo «sí» al plan de Dios. Con ese «hágase» cumplió la voluntad del Padre y, sin cuestionar el por qué, tomó a María como esposa. ¡Qué difícil y al mismo tiempo valiente decisión!
En este día me animo a seguir el ejemplo de obediencia de san José, modelo claro de seguimiento de Jesús. Como Él, quisiera poner mi corazón en disposición de acoger todo lo que Dios quiera de mí y para mí. Con un «sí» sin dilaciones, sin postergarlo a cuando me convenga. Mi respuesta debe ser como la de san José con un «sí» obediente, ejemplarizante y motivador; un «sí» que demuestra que acogiendo lo que Dios quiere uno nada debe temer.
La obediencia de San José es ejemplar, digna de imitación, modelo para todo aquél que quiere seguir al Señor. De cómo hay que vivir, actuar y pensar conforme a los designios de Dios. ¡Guiado por mi confianza, a ti acudo San José y con todo el fervor de mi espíritu, a ti me encomiendo para impregnar mi alma de tu ejemplo motivador!

orar con el corazon abierto

¡San José, Padre amoroso, enséñame a vivir como viviste Tú, amando entre las dificultades, sirviendo entre sinsabores, adorando desde lo oculto, aceptando confiadamente las contrariedades, gozando de las alegrías, trabajando con esmero, entregándote con amor! ¡Tu fuiste, glorioso san José, un esposo y padre ejemplar, un santuario de paz interior; que sepa imitar tu ejemplo entre mi vida siempre agitada! ¡Concédeme la gracia de mantenerme en silencio ante la voluntad del Padre! ¡Ayúdame a gozar de mi nada, a aceptar mi pequeñez, a saborear mi insignificancia… solo con esto, san José, me pareceré más a Ti y me acercaré más a Jesús! ¡Ayúdame a meditar el misterio de Belén, a contemplar junto a Ti lo que Dios quiere decirme cada día, a poner mi corazón abierto predispuesto a la fe y ser capaz de responder a Dios como hicisteis Tú y la Virgen María: «Hágase en mi tu voluntad»!

Bellísima esta canción que dedicamos a la memoria de San José:

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