Cristo se acerca a mi pobreza

La gracia de Dios es gratuita. Va más allá de las propias leyes. Lo supera todo. No depende de nuestra buenas obras porque todos somos justificados por su gracia en virtud de la redención realizada a través de Jesús. San Pablo lo recuerda perfectamente y, favorecido por esta gracia, su vida tomó un rumbo distinto. Saulo comprendió que su salvación —incluso también su felicidad porque el brillo humano de la salvación es la felicidad— era producto del gozo de la gracia.
Pero que la gracia de Dios sea gratuita no quiere decir que se venda a precio de saldo porque exige renovación constante. La gracia se gana y se pierde. Y Dios quiere que la renueve cada día, que despierte de mis modorras y parálisis cotidianas, que me baje del pedestal del orgullo y avive mi vida. Cristo se acerca a mi pobreza para espabilarla, me pide que en todo momento sea mendigo de su amor con el único fin de que su gracia misericordiosa me siga sanando, purificando y salvando.
No basta con ser bueno, no es suficiente con rezar, no vale pensar que mis buenas acciones me salvarán, no es suficiente con ir a Misa cada día, no basta con pedir el pan nuestro de cada día, no basta con pedir perdón de corazón…
Cristo quiere acercarse a mi pobreza. Quiere tomarla con sus propias manos para transformarla por completo. Y ese camino pasa por acercarse a los pies de la cruz y encontrarse con Él en mi propia cruz. Es en este encuentro entre el pobre y necesitado con el Señor de cielos y tierra donde todo se reconcilia, se transforma y se cambia.
La riqueza de Dios transita por mi pobreza personal y animada por la fuerza del Espíritu que me alienta, me sostiene y me llena de alegría. Y lo que dignifica mi pobreza es el amor de Dios que tiene su cúlmen en la lógica de la cruz, que es la lógica desbordante y maravillosa del amor de Dios.

orar con el corazon abierto

¡Señor, hazme comprender que la pobreza que tu quieres de mi es el despojo de todo aquello que me impide llevar una vida según la voluntad del Padre! ¡Ayúdame a abajarme para ser, como lo desea Dios, uno de tantos! ¡Ayúdame a tener un corazón pobre para que únicamente Dios todo lo llene, para caminar con las manos vacías con el fin que Él me disponga de lo necesario! ¡Ayúdame a descubrir que nada se pierde en la vida si te he ganado a Ti! ¡Ayúdame a elevar cada mañana los ojos al cielo y con las manos extendidas esperarlo todo del Padre! ¡Ayúdame a acoger en lo más profundo del alma la riqueza de Dios que siendo todopoderoso se hizo pobre por medio tuyo para enriquecerme con su pobreza! ¡Ayúdame a comprender que mi fortaleza es mi debilidad y que uno no es nada si se une a Aquel que todo lo conforta! ¡Ayúdame a comprender que uno debe ir descalzo por la vida porque pisa suelo sagrado! ¡Ayúdame a gastar la vida por el otro que es como gastar la vida por ti! ¡Ayúdame a aceptar las pérdidas que la vida presenta —esos seres que amas, tu seguridad económica, la salud antes de hierro y que ahora flaquea, el honor y prestigio que tanta seguridad genera…— aceptando siempre la voluntad de tu Padre ¡Ayúdame a revestirme de tu pobreza que te permite estar atento a las necesidades del prójimo y descubrir que hay quien necesita recursos materiales, pero también compañía, amor, entrega, reconocimiento, gratitud y esperanza! ¡Ayúdame a ser simplemente como tu, pobre en cosas materiales pero rico en el espíritu, a tener tus mismos sentimientos, quien hiciste de la humildad y la pobreza tu estilo de vida y no considerar el poder, la riqueza, el prestigio como los valores supremos de mi vida porque no responden a la verdad de mi espíritu!

Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro en la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro. En este día subrayamos el singular ministerio que el Señor confió al primero de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. Tengamos en este día muy presente en nuestras oraciones el pontificado del Papa Francisco y de corazón, también, a nuestro amado Papa emérito Benedicto XVI que desde el silencio de la oración vela por el bien de la Iglesia.

Ad te levavi, de Josef Rheinberger, hermoso motete para esta tiempo de Cuaresma:

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