Avanzar con María hacia Jerusalén

Último sábado de febrero, en plena Cuaresma, con María en el corazón. En el camino de la cuaresma surge con sencillez, sobriedad y humildad la figura de la Virgen. Como todo en Ella, su discreción es fuente de inspiración.  María es la gran creyente que vivió este tiempo de preparación cuaresmal en el silencio de la oración, recorriendo interiormente el camino de su Hijo.
Uno comprende entonces que en el camino para vivir el misterio pascual del Señor hemos de caminar también al lado de la Virgen, nuestra Madre. Imitando su silencio y su actitud de interioridad, premisas fundamentales para la escucha de la Palabra, para la conversión interior, para nacer de nuevo a Cristo y encontrarse con Él, para meditar la Pasión, para despojarse de nuestros vestidos viejos y revestirnos de la vida nueva a la que nos invita Jesús.
Avanzar con María hacia Jerusalén haciendo el mismo camino de fe, comprometerse por el otro para alcanzar la plenitud de nuestra esperanza en la Resurrección, para anhelar como Ella el amor de Dios, para vivir intensamente la caridad, para imitar sus virtudes que tan bien enseñó al propio Jesús, para transformar nuestro corazón para que desborde misericordia, amor, paciencia, benignidad, esperanza, caridad con todos aquellos que nos rodean, para tener la fortaleza para vivir el camino de cruz, para dejarse guiar hacia ese Cristo que morirá por nuestra salvación y resucitará para darnos la esperanza de la vida eterna.
¡Caminar con María en la Cuaresma! ¡Que gran orgullo y cuánta alegría!

orar con el corazon abierto

¡María, Madre, quiero abrir el corazón para recibir tu amor y el amor de Dios! ¡Me presento con las manos vacías para que las tomes y abrirte mi vida! ¡En este tiempo de Cuaresma, quiero avanzar contigo como peregrino de la fe! ¡Quiero vivir como viviste Tu, siempre abierta a recibir el amor de Dios y seguir su voluntad! ¡Quiero tener tu misma confianza en Jesús! ¡Quiero tener tu misma esperanza en Dios! ¡En este tiempo de interiorización quiero abrir mi corazón para que lo lleves a Jesús! ¡Quiero recorrer contigo este camino a tu lado para hacerme servidor de Dios y de los demás, cambiar mi corazón1 ¡Enséñame a amar, Madre! ¡Ayúdame, María, a prepararme para vivir los misterios centrales de la redención: la pasión, la muerte y la Resurrección de tu Hijo! ¡Te quiero manifestar mi amor filial a Ti, Virgen María, que estuviste al pie de la Cruz y te convertiste en corredentora del género humano!

Tota pulchra es Maria, canto polifónico franciscano de 1749 de la «Cantilena del Convento di Niolo».

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