Condenado por mis pecados

Siento con profundo dolor cuando el Sumo Sacerdote condena a Jesús porque «¡Ha blasfemado!». Desde mucho antes intentan condenarlo. El momento de la resurrección de Lázaro es el culmen final. Y se les presenta la gran ocasión con las treinta monedas de plata que demanda Judas. ¡Qué pocas monedas para tan grande traición!
Presentan falsos testimonios, y Jesús calla. Le abofetean y Jesús calla. Le insultan y escupen, y Jesús calla. Le conjuran para que diga que es Cristo, el Hijo de Dios y Él, con toda la dignidad de Rey, susurra: «¡Tu lo has dicho!». No son necesarios más testigos. Es la frase que necesitan para condenarlo a muerte. El teatro que se organiza en torno a Jesús sirve para que el Sumo Sacerdote se rasgue las vestiduras y tenga un motivo para declarar sacrílegas aquellas palabras.
Siento profunda culpabilidad y desazón por esta situación que vive Jesús. Soy consciente que, al igual que carga con la Cruz por mis pecados, es prendido y condenado por ellos. Mis miserias humanas, mis connivencias con el mal y mis pecados —y los de la humanidad entera— son la causa del proceso a Jesús.
¡Que soledad la de Jesucristo! Tanto que le aclamo cada día, que le declaro mi fidelidad y mi amor, tanto y yo soy participante de su condena. Soy uno de los que están ahí presentes en el sanedrín escuchando como lo odian, le pegan, le insultan, le desprecian.
«¡Reo de muerte!». Es lo que gritan con Jesús. Y lo grito yo también porque mis pecados son parte de esta condena.
Y mi beso en la mejilla, como el de Judas, también forma parte de esta trama. Como los gritos de tantos que se agolpan en las calles para ver como se lo llevan a Herodes y a Pilatos, entre golpes y empujones. Mis traiciones a Él también forman parte de esta escena.
Todo este proceso antes de que comience su via crucis me sirve para analizar mi propia vida, el por qué tantas de mis actitudes han sido motivo para el prendimiento de Cristo, su proceso de condenación y la causa de su muerte. Y siento profundamente la necesidad de reparar mis culpas, limpiar mi interior, purificarme por medio del sacramento de la reconciliación y hacer una buena confesión para adentrarme en la Semana de Pasión con el corazón puro, limpio, lleno de amor liberado de mis pasiones, de mis egoísmos, de mi soberbia, de mis intereses, de mi yo, de todas esas actitudes que llevan el sello de mis pecados y son causa del martirio de Jesús. Y hacerlo para mirar la Pasión de Jesús con otros ojos, con otra visión sabiendo que, pese a todo, en su soledad, Jesús me ama y cruza su mirada conmigo para perdonarme siempre.
¡Anhelo la santidad, quiero la amistad de Jesús, la gracia que viene del Espíritu para no ser motivo de sus padecimientos! ¡Quiero entrar en la Semana Santa con un corazón nuevo que se ha ido transformando en esta Cuaresma que está a punto de terminar! ¡Jesús, que no me acostumbre a verte crucificado!

 

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¡Señor, te pido perdón por mis faltas y mis traiciones que son causa de tu prendimiento y de tu injusta condena a morir en la cruz! ¡Quiero encontrarme limpio de corazón esta Semana Santa! ¡Necesito, Señor, que me perdones mis pecados y tantos abandonos! ¡Te contemplo en la cruz, veo tus padecimientos, tu flagelación, los insultos que recibes, los golpes que te propinan, el desprecio con el que te tratan y soy consciente de que cada uno tiene la impronta de mi comportamiento! ¡Perdona, Señor, por el trato que te doy y te doy gracias porque aún así sigues amándome cuando a mí me cuesta amar tanto al prójimo! ¡Señor, hazme consciente de mi miseria y mi pequeñez! ¡No permitas que la soberbia y la autosuficiencia me venza, que cada vez que contemple la cruz sea conscientes de que has muerto por mi! ¡Concédeme la gracia, Señor, de avanzar cada día un poco más en el camino de la santidad soñada de la que tan lejano estoy y no permitas que continúe siendo el motivo de todos tus sufrimientos! ¡Dame la gracia, Señor, por medio de tu Santo Espíritu, de aborrecer el pecado y de luchar cada día para ser testimonio de tu verdad!

Victimae Paschali Laudes, música de Wipo of Borgoña para acompañar la meditación de hoy:

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