¿De qué manera traiciono yo a Jesús?

Jesús, en el momento de «pasar de este mundo al Padre», y durante su última cena con los discípulos, se estremeció profundamente.
Antes de hablar de traición, de negación, Jesús muestra su serenidad socavada. Jesús sufrió mucho pero el mayor de sus sufrimientos no fue el de la flagelación, la coronación de espinas, la carga de la cruz, su agonía, la muerte en la Cruz. Fue el de la traición.
Judas —aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato— le vendió por treinta míseras monedas de plata. Pedro, uno de sus amigos, al que había depositado la roca sobre la que edificará su Iglesia le negó tres veces antes de que cantara el gallo. Del resto de los discípulos, excepto Juan, nada se sabe durante la Pasión. ¿No es en estos tiempos, entonces, cuando más sufrió?
La traición, el abandono, el desaparecer tiene lugar entre el círculo más íntimo, el de los amigos, esos que durante tres años le han conocido y han tenido acceso a la intimidad de su corazón.
Jesús sabía que eso ocurriría. Sabe que ocurre también conmigo. Pudo haberlo evitado pero no lo hizo. Por el contrario, trató el episodio de Judas con tanta discreción que ninguno de sus discípulos se dio cuenta. Pedro no se imaginaba a sí mismo cayendo tan bajo pues de él solo escuchamos que estaba dispuesto a dar su vida por Jesús. Cuando Judas salió del cenáculo era oscuro. Es la oscuridad de la traición que tantas veces sometemos a Cristo. Hay sufrimientos que duelen tanto que preferimos guardarlos en lo oscuro de nuestro interior pero la Palabra nos da la luz y la Eucaristía y la vida de sacramentos nos iluminan.
¿De qué manera traiciono yo a Jesús? Cuando rompo unilateralmente esa relación de amor, amistad y fidelidad con Él porque la traición solo se produce cuando hay estima por medio.
Traiciono a Jesús cuando me lleno de oraciones pero en realidad no lo busco ni lo trato de llevar en mi corazón.
Traiciono a Jesús cuando lo solo acudo a él interesadamente para pedir que solucione mis problemas pero lo olvido cuando todo me va bien.
Traiciono a Jesús cuando le prometo me fidelidad pero olvido esas promesas cuando las cosas se han solucionado.
Traiciono a Jesús cuando lleno mi vida de tiempo, actividades, relaciones pero no tengo al día ni un minuto para Él.
Traiciono a Jesús cuando no soy capaz de verlo en el rostro atribulado del hermano que requiere mi atención y le vuelvo la espalda para no verme obligado a atenderlo.
Traiciono a Jesus cuando mi vida, mis palabras, mis pensamientos, mis acciones dicen lo contrario a lo que realmente predico en su nombre.
Traiciono a Jesús cuando proyecto mis mezquindades en nombre de Jesús.
Traiciono a Jesús cuando me hago llamar cristiano pero no permito que entre en mi corazón y transforme mi interior.
Traiciono a Jesús cuando no soy capaz de mostrar el rostro de la misericordia que ha tenido conmigo y ser misericordioso con los demás y tener entrañas de misericordia.
¡Señor que frágil soy y qué facilidad para entregarte! ¡Quiero apoyar toda mi fidelidad en ti, solamente en ti y tener la valentía de confesar todas mis debilidades en la transparencia de tu verdad!

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¿Cuántas veces te he traicionado, Señor? ¿Cuántas veces te he sido infiel, te he dejado solo, he antepuesto mis intereses a los tuyos? ¿Cuántas veces te he traicionado en uno de mis hermanos, amigos, compañeros? ¡Señor, reconozco mi condición humana y mis debilidades, confieso que te he negado como san Pedro tres veces, te confieso mi condición de pecador, de creerme seguro en mi fidelidad hacia Ti, en no contar con mis debilidades por mi autosuficiencia y mi soberbia, pero quiero ser transparencia tuya en medio del mundo! ¡Quiero, Señor, que lleno del Espíritu Santo que viene en mi ayuda no traicionarte con mis palabras, ni con mis gestos ni con mis acciones! ¡Quiero, Señor, abrir los ojos que iluminan mi corazón para ver la realidad desde el prisma de Dios y no el mío tan mundano! ¡Quiero ser persona de espíritu abierto, fiel, que viva según el Espíritu para realizar las obras según el Espíritu que es lo que Dios desea para mí! ¡No permitas, Señor, que me abone al conformismo, a acomodarme a lo fácil, al no arriesgar, a vivir sin confianza, a encerrarme en mi mismo, a no ser testigo de tu verdad, abierto siempre a la acción del Espíritu en mi! ¡Señor, no permitas que mi interés sea solo por lo material y no por lo espiritual, a estar interesado por lo que tu me enseñas, no dejes que el Evangelio sea un medio para mi propio fin personal y orgulloso! ¡Tu me conoces, Señor, hazme un cristiano comprometido con tu verdad, ayúdame a ser como Tu, no permitas que falte a tu confianza! ¡No permitas que nunca me aleje de Ti! ¡Ayúdame a ser más humilde y desde la humildad aprender a valorar la confianza que tienes en mi!

Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado:

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