«¡Alégrate, María!»

¡Qué hermosa es la oración del Regina Coeli que dedicamos a María en el tiempo pascual sustituyendo al Ángelus! ¡Qué bonito es unirnos a la Reina del Cielo para manifestar la alegría por la resurrección de Jesús!
Cantar cada día a María «¡Alégrate!» es para mí un motivo de alegría inmensa. Rezando cada día esta sencilla antífona mariana siento que me uno espiritualmente a María. Cantando —porque casi siempre lo hago cantando— esta hermosa y breve oración siento que a mi oración se le unen los coros angélicos y convierten estos breves minutos en una intensa expresión de la alegría pascual.
«¡Alégrate, María!». ¿Alguien puede dudar, aunque no lo digan los Evangelios, que a la primera que se le apareció Jesús fue a su Madre, la que se mantuvo firme al pie de la Cruz, a la que una espada le traspasó el corazón, la que lo conservaba todo en el corazón, la más fiel a Jesús y a la voluntad del Padre, la que tenía una fe firme y decidida?
«¡Alégrate, María!». Alégrate, porque Jesús ha resucitado y nos da la vida. Alégrate porque goza de las alegrías del cielo al que algún día espero llegar con tu inestimable ayuda. Alégrate como te alegraste el día de la Anunciación. Alégrate para ser causa de nuestra alegría. Alégrate para dar alegría al mundo tan necesitado de alegría. Alégrate para enseñarnos a ser como Tu y convertirnos en apóstoles de la alegría. Alégrate porque Tu siempre nos acercas a Jesús y con Él caminamos en esta Pascua con enorme alegría.  Alégrate porque asimilando Tu alegría haces que nuestra alegría se convierta en una santa virtud para comunicar a los demás la alegría del Resucitado. ¡Gracias, María, Reina del Cielo, por ser causa de nuestra alegría!

orar con el corazon abierto.jpg

¡María, Señora mía, tu eres causa de nuestra alegría! ¡Tú María has vivido como nadie la presencia de Dios en tu vida! ¡Muéstrame a mí a encontrarme cada día con Tu Hijo! ¡Enséñame a acercarme a la Verdad, a la Vida, a la Santidad, a la Justicia, a la Paz, al Amor y a la Misericordia! ¡Enséñame, María, a contemplar siempre la vida como un don de Dios! ¡Enséñame a ser como Tu, María, siempre agradecida, siempre alegre, siempre llena de gracia! ¡Ayúdame, Señora, a ser un instrumento útil en las manos del Padre y que a través mío sean muchos los que escuchen de mi boca melodías llenas de alegría! ¡Te presento hoy, María, a los que sufren soledad, a los que están tristes, a los que están alejados de la Iglesia, a los que blasfeman, a los pecadores, a los desesperados, a los perseguidos, a los desahuciados, a los enfermos, a los afligidos… para que les entregues un poco de tu alegría! ¡María, quiero ser un apóstol tuyo, quiero ser un apóstol de la alegría!

G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.

Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

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