¿A qué están sujetas nuestra felicidad o infelicidad?

No es erróneo afirmar que muchos consideran que serán felices si encuentran a su media naranja, si tienen un trabajo maravilloso, si les toca la lotería, si se encuentran en el lugar adecuado en el momento oportuno, si su cuenta bancaria está repleta, si son admirados por lo que hacen y obtienen el reconocimiento social y, así, sucesivamente.
A medida que pasan los años uno comprende que nada de esto está más lejos de la verdad. Aunque es posible que la suerte ejerza una mínima influencia cuando encuentras a esa persona que te gusta, cuando obtienes el éxito económico, te ofrecen un trabajo atractivo y bien remunerado… nada de todo esto garantiza la felicidad. La persona perfecta se puede convertir de inmediato en una persona “gafe”. Si uno no está preparado para ese trabajo perfecto, si la persona que le gusta no reúne las condiciones que uno espera… es posible que esa persona se sienta desdichada. Y la fortuna económica nos puede causar tantas alegrías como problemas.
Es verdad que la felicidad auténtica se logra en gran medida por nuestra disposición a trabajar en pos de ella. Surge de un trabajo bien hecho, de nuestro compromiso con el prójimo y de hacer las cosas que nos empujan a sentirnos a gusto con nosotros mismos. Cada uno es el autor de su propia felicidad, con un elemento esencial: si Cristo está en el centro de nuestro corazón. Fundamentalmente porque la felicidad es un trabajo que surge desde dentro. Es difícil conseguirla cuando todo se mide desde la vara de lo humano; uno se siente derrotado, desalentado y desgraciado.
Además, nuestra felicidad o infelicidad están sujestas en cierta modo de la calidad de nuestras relaciones. El Señor nos desvela cuál es el principio para conservar unas relaciones bonitas. Lo que convierte una relación en algo bello y satisfactorio marcado por la libertad es cómo se manifiesta el amor. Aquí se observa la importancia de contemplar a Dios como la máxima expresión del amor, no como instrumento de poder. El amor es, ante todo, un acto de donación; el poder representa dominación. Una relación queda contaminada en el momento que uno pretende dominar al otro, manipulándolo e instrumentalizándolo, en lugar de darse y acogerle con el corazón.
Cuando las cosas se miran desde el prisma de Dios, reconociendo su carácter maravilloso y teniendo presente como su mano actúa en todas las circunstancias de nuestra vida es más fácil conocer la paz, la felicidad y el gozo verdadero. En esta sencilla lección reside uno de los secretos del cristiano para ser feliz.

orar con el corazon abierto.png

Por eso Espíritu Santo ¡expulsa de mi corazón todo pensamiento negativo o triste! ¡Ayúdame a no lamentarme y a no quejarme por las pequeñas tonterías de cada día! ¡Señor, te agradezco la alegría y la felicidad que me regalas en este día que ahora comienza! ¡Ayúdame a comprender el mundo como es y tratar de encajar bien en él! ¡Y cuando haya algo que no me agrade que mi lamento se convierta en agradecimiento a tu amor! ¡Espíritu Santo, ayúdame a dominar mis nervios, mis impulsos y mis sentimientos! ¡Ayúdame a trabajar con alegría y entusiasmo, disfrutando de los pequeños triunfos y aprendiendo de los fracasos! ¡Hoy quiero, Padre, tener plena confianza en Ti y hacer frente a todos los problemas con decisión y valentía!

En estos días que sabemos que Jesucristo ha resucitado Haendel nos ofrece esta bella obra titulada Ich weiß, daß mein Erlöser lebt (Yo sé que mi Redentor vive):

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s