Unido a los perseguidos por la fe

La Iglesia celebra hoy la memoria litúrgica de san Jorge, un día en el que en muchos lugares, pero especialmente en Cataluña, el hombre regala una rosa a la mujer y ésta un libro al hombre.
Es hermoso observar en Barcelona engalanada de rosas de intensos colores que testimonian el sentimiento vivo del amor que se profesan novios, esposos, hijos, nietos, amigos…
Aunque no existen muchos datos sobre san Jorge se sabe que fue un valeroso caballero capadocio al que la iconografía cristiana le representa venciendo a un dragón que amenaza la vida de la civilización. San Jorge es el patrono de Cataluña como también de Lituania, Grecia, Inglaterra, Génova, Portugal, Rusia…
La gesta de san Jorge como vencedor de un dragón que atemorizaba a los habitantes del lugar data de la Edad Media. La leyenda cuenta que los ciudadanos alimentaban a la bestia diariamente con dos corderos pero cuando éstos comenzaron a escasear se le entregaba por sorteo a una persona. Correspondía por sortea a la hija del rey pero Jorge acudió su rescate blandiendo la espada y degollando al dragón. De la sangre de aquel monstruoso animal brotó una rosa que san Jorge regaló a la princesa como signo de admiración.
San Jorge fue un verdadero seguidor de Cristo. Se enfrentó a las autoridades romanas, defendió la fe cristiana y cuando fue detenido por las tropas del emperador Diocleciano dejó claro que solo adoraría a Cristo y no a ídolos paganos. El emperador decretó azotarlo y por cada azote que recibía san Jorge recordaba la flagelación del Señor. A pesar del sufrimiento no manifestó queja alguna. Antes de morir, exclamó: “Señor, en tus manos encomiendo mi alma”. Su martirio fue consecuencia de su dimensión evangelizadora y ejemplo de una conducta caritativa arraigada en Cristo.
El ejemplo de San Jorge, como el de tantos mártires de la fe, testimonia el valor del vivir unidos a Cristo, injertados en Él y en comunión de vida con Él siguiendo la máxima del «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lc 9,23). San Jorge testimonio con su vida el llevar impresos en su corazón los rasgos de Cristo sabiendo que la cruz, el sufrimiento y la entrega son el sello de pertenencia a Dios por medio de Jesucristo.
Hoy es un día para tener presentes en el corazón y en la oración a tantos miles de cristianos perseguidos en nombre de Jesucristo en tantos lugares del mundo. Hermanos nuestros en los cuales la sangre de Cristo está presente en su corazón sufriente y que se hacen presentes cada día en el sacrificio de la Santa Misa, en la comunidad, en la Palabra, al darnos la paz, al recibir la Eucaristía. Ellos están entre nosotros. Todo este sufrimiento sería insoportable si no entendiésemos que Jesús, nuestro Hermano Mayor, el Hijo de Dios, es el primero de los mártires.
En este día festivo y comunitario no olvidemos a estos hermanos sufrientes, y en nuestra Eucaristía celebremos, conmemoremos y actualicemos toda la energía y la fuerza que surge de este martirio. Si tenemos la ocasión de comulgar vayamos al encuentro del Cristo sufriente pero también tengamos presente a estos hermanos en la fe que dan su vida por el ideal del Amor que es Jesucristo. En nuestras sociedades acomodadas no damos nuestra vida martirialmente, como estos pobres hermanos, pero si en el sacrificio que es la vida diaria, la vida de convivencia, la vida de hacer nuestras tareas bien hechas, siendo honrados, siendo puntuales… todos tomamos esta fuerza de Jesús.

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¡Señor, pongo sobre el alta a todos  los cristianos perseguidos por causa de la fe y por el amor que te tienen a Ti! ¡Señor, vierte sobre todos ellos tu infinita misericordia y dales la ternura de tu amor ellos que sufren por fidelidad a Ti! ¡Dales, Espíritu Santo,  la fortaleza para soportar el dolor y el sufrimiento y concédeles la serenidad interior para ser auténticos testimonios del Evangelio! ¡Dales, Espíritu Santo, el don del perdón, para construir puentes de amor y olvidar las afrentas recibidas! ¡Padre para que, con la fuerza de Tu Amor, sean fieles en su testimonio de fe y que su sangre derramada se convierta en semilla para nuevos cristianos! ¡Te quiero pedir, Padre, por los cristianos que no tienen posibilidad de manifestar abiertamente el nombre de Tu Hijo Jesucristo, para que esta persecución que están viviendo sea también simiente para la santidad para nuestra Iglesia! ¡María, Rosa Mística, Consoladora de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Reina de los mártires, que seas Tu el amparo de estos hermanos en la fe, tu que has sufrido el exilio, la persecución y el abandono! ¡María, Madre de bondad, dale a los perseguidores esa luz para descubrir la Verdad y la Justicia y que cesen en tantos delitos!

Y concluímos con un himno a San Jorge:

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