¡Que mis debilidades sean vencidas por la fuerza del Espíritu!

Mis pasos se dirigen emocionados hacia Pentecostés recordando sin embargo la cobardía de los apóstoles, que representa tantas veces mi propia cobardía. La noche del Jueves Santo, el día de la institución de la Eucaristía, huyeron despavoridos en cuanto vinieron mal dadas. Dejaron solo al Señor. Uno lo traicionó y otro, que le había jurado lealtad, le negó hasta tres veces. De los otros nada dicen los Evangelios.
Algo cambió el día de Pentecostés. Aquella noche el fuego del Espíritu se derramó sobre ellos. El miedo y el temor desapareció de su corazón, no temían ser perseguidos ni ser reconocidos seguidores de Cristo. Se convirtieron en testimonios de fe y de las enseñanzas de Jesús, del mismo que habían abandonado dejándolo morir en la Cruz.
Cuando uno canta el himno Veni Creator Spiritus, compuesto en el siglo IX y con el que el papa León XIII consagró el siglo XX al Espíritu Santo, comprende lo que les sucedió a los apóstoles: «Enciende con tu luz nuestros sentidos; infunde tu amor en nuestros corazones; y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra débil carne». Es la enseñanza viva de la fuerza que el Espíritu Santo tiene en la vida del ser humano. Ilumina tu camino, la razón de tu existencia, llena de voluntad el corazón y fortalece nuestra existencia. Se pide que el amor llene el corazón, que el cuerpo sane y que las debilidades sean vencidas con la fortaleza del Espíritu.
Los apóstoles —todos nosotros, en definitiva, seguidores de Cristo— combatieron con sus flaquezas y sus miedos. La actitud de los apóstoles certifica que con la compañía del Espíritu es más factible avanzar en los caminos tortuosos de la vida. Con el apoyo del Espíritu es más fácil seguir a Cristo, seguir la voluntad de Cristo, ser amigo de Cristo.
Este tiempo de Pascua es muy propicio para estar más sensibilizado con la presencia del Espíritu Santo en mi corazón, para ser consciente de mis flaquezas y debilidades y de cómo Dios, en su infinita misericordia, me sostiene con su amor.
Si Pentecostés es ese momento en que el Espíritu Santo nos fortalece para avanzar y proclamar el amor de Dios en el mundo, la Pascua a la luz del resucitado es este tiempo propicio para adentrarme en mi propio interior y vislumbrar aquello que debo transformar de mi interior para hacer más santa mi vida.

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¡Espíritu Santo, te presentante ante María y los apóstoles como unas llamas de fuego, calienta mi existencia con el calor tu amor! ¡Espíritu Santo, que eres viento que ruge en mi corazón, dirige mis pasos hacia la santidad y hacia donde tus deseos quieran! ¡Espíritu Santo, que te presentas tantas veces como una brisa suave, dame la ocasión de respirar tus dones y tus gracias para renovarme interiormente! ¡Espíritu Santo, que vuelas con la libertad de una paloma conviérteme en una persona libre sin las ataduras del pecado! ¡Espíritu Santo, que en el bautismo me rociaste con el agua viva y me introdujiste a la Iglesia Santa de Dios, lávame de mi inmundicia interior para ir siempre con limpieza de corazón y de alma! ¡Espíritu Santo, cuyas llamaradas son luz que iluminan mis pasos, guíame siempre mis pasos! ¡Espíritu Santo que eres fuerza que sostiene, ayúdame a levantarme cada vez que caigo! ¡Espíritu Santo, que alimentas mi corazón y mi alma con tus siete dones no permitas que tu savia se seque en mi interior para darle siempre un sí decidido al Padre! ¡Espíritu Santo, que eres don y vida, dame la alegría de vivir acorde con las enseñanzas de Jesús! ¡Dame, Espíritu Santo, un corazón abierto a la verdad que está en Dios y no permitas que instale en mi propia verdad, en mi propia voluntad y en mis propias comodidades! ¡Dame siempre luz, Espíritu divino, para saber escuchar tus susurros de amor!

Veni Creator Spiritus, inspirador de esta meditación:

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2 comentarios en “¡Que mis debilidades sean vencidas por la fuerza del Espíritu!

  1. Que,alegría! Bendito sea Dios por el Don que te regala😇
    Bendiciones🙌🏻
    Ven, Espíritu Santo
    a visitar nuestro corazón,
    repleta con tu gracia viva y celestial nuestras almas que tú creaste por amor,
    Tú que eres llamado Consolador, don del Dios Altísimo y Señor, vertiente viva fuego, que es la caridad, y también espiritual y divina unción.

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