Preguntas que ponen en evidencia mi ser cristiano 

Allí por donde fuera Jesús irradiaba todo de su alegría, de su ternura, de su bondad, de su generosidad, de su verdad… ¿Actúo también yo así? Sus discípulos se maravillaban cada día con la dulzura y ternuras de sus gestos y de sus palabras. ¿Pueden decir lo mismo de mí? Jesús se mostraba gentil y bondadoso con quien se encontraba, impregnándolo todo con el aroma del amor. ¿Hago lo mismo yo que el Señor?
Jesús se ponía en la realidad del que tenía enfrente, comprendía su corazón y expresaba una auténtica comprensión y mostraba una compasión sincera con aquel que se cruzaba en su camino. ¿Son así mis actitudes respeto a los demás? No manifestaba Jesús lástima por el prójimo sino una tierna e infinita compasión que iba más allá de los límites del amor. ¿Siento lo mismo por el que sufre?.
La amistad de Cristo era auténtica pues sus ojos leían en lo profundo del corazón y la mente del que tenía delante para acoger su realidad. ¿Cómo es mi mirada respecto a los que tengo cerca? Además, Jesús comprendía a la perfección las necesidades de cada ser humana y era capaz de tener muy presentes cada uno de sus esperanzas y anhelos. ¿Son para mí prioritarias las necesidades de los demás?
No mostró Jesús jamás indiferencia ante el sufrimiento de las personas y una característica de su actuar era que les ayudaba y sanaba su aflicción sin que sintieran lástima de sí mismas. ¿Puedo decir lo mismo de mí?
La característica principal de Jesús era su capacidad de amar profundamente a cada hombre, a cada mujer y a cada niño sin juzgar ni mirar más allá de su pasado o de su realidad presente. ¿Cuál es mi percepción del otro, está impregnado del mismo sentimiento que Jesús?
Las gentes que le seguían confiaban plenamente en Jesús porque, fundamentalmente, el Señor manifestaba una enorme fe en las capacidades de cada ser humano sin pretender controlar su vida sino intentando que en base a su propia confianza fuesen capaces de cambiar su percepción de la vida. ¿Soy transmisor de estos valores o impongo mi carácter, mis necesidades, mis planes a los demás sin respetar su libertad?
Jesús tenía tiempo para el otro, la prisa no formaba parte de su cotidianidad porque para reconfortar al prójimo necesitas tiempo y dedicación. ¿Me preocupo por el bienestar de los que tengo cerca y procuro dedicarles tiempo sin prisas ni aceleraciones?
Con Jesús todos se sentían confortados, descansando su penas y sus sufrimientos, descargando sus agobios cotidianos porque Cristo sabía escuchar, sin escudriñar el alma del que tenía delante. ¿Soy yo capaz de confortar como hacía Jesús con palabras de amor, misericordia y perdón?
El amor de Cristo por el hombre era tan profundo que corregía con actitud fraterna. Cuando pretendía ayudar a alguien lo habitual era que Jesús le pidiera ayuda. ¿Como es mi corrección fraterna, como sos mis gestos con el otro, están mis actitudes impregnadas de soberbia y altanería o de amor y de ternura?
La vida de Jesús era un permanente sembrar amor, hacer el bien, dar la vida por el prójimo, servir sin esperar nada a cambio, perdonar con el corazón abierto, ayudar al otro desinteresadamente, abrir las manos con entrega de misericordia, sembrando alegría y felicidad, caminando con libertad para llegar al Padre. Hoy tengo que responder con sinceridad a muchas preguntas que ponen en evidencia mi ser cristiano.

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¡Señor, quiero hoy orar brevemente para interiorizar tantas cuestiones que abren en canal mi corazón pero sí te pido que me ayudes a valorar al prójimo, a escuchar siempre con amor, a acoger sus necesidades y sus palabras, a comunicar tu verdad con mi testimonio, a aprender a callar y no juzgar, a escuchar tu voz en el ruido del mundo! ¡Señor, envía tu Espíritu para tus enseñanzas, tus gestos, tus palabras y tus sentimientos se impregnen de verdad en mi corazón y aléjame del camino erróneo y falso de la vida! ¡Señor, quiero ser como tu, ser uno contigo! ¡Quiero, Señor, que puedan decir de mi: ahí va un auténtico cristiano que ama, perdona, se entrega, sirve y hace el bien como hacía Jesús!

Hermosa canción del buen samaritano cantada por el Grupo Compasión:

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