Sentir la protección de Dios

Leo en el Salmo, con el que medito esta mañana, una frase que te sumerge en la esperanza: «Protégeme como a la pupila de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas».
Y pienso como, tantas veces, los miedos, las incertidumbres y los temores se te presentan en la oscuridad de la noche. En estos momentos te vuelves vulnerable, desprotegido, más consciente de tus debilidades. De ahí que, en estos instantes de inseguridad, sientas la imperiosa necesidad de sentirte amparado. ¡Cuánto sentido tiene entonces el «Protégeme como a la pupila de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas»!
El «escóndeme a la sombra de tus alas» es tomar conciencia de que bajo el cobijo de Dios —«a la sombra de tus alas»— nada hay que temer porque en Dios que es amor, se asienta la confianza y la esperanza… Dios no es un Dios de temor, ni de turbación ni, por supuesto, de miedo.
El «escóndeme a la sombra de tus alas» implica sentir la protección de Dios, es comprender como su manto protector te resguarda de las debilidades, de los miedos y las incertidumbres.
Dios conoce la debilidad del hombre. Conoce las dudas que le embargan. Los miedos que le paralizan. Las limitaciones que le impiden avanzar. Las carencias que no le permiten crecer. Las mediocridades que le imposibilitan valorar la razón de su existencia, su fe absoluta y su confianza. Y aún así, extiende sobre el hombre todo su amor y cubriéndole con «la sombra de sus alas» le otorga la serenidad del descanso, el sosiego necesario para cerrar los ojos en la oscuridad de la noche y velar para que a su corazón le llegue la serenidad que tanto anhela.
El «escóndeme a la sombra de tus alas» es un canto a la confianza. ¡Y hoy se lo lanzo a Dios para que borre de mi interior aquello que me impide sentirme cobijado bajo el manto de su misericordia!

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¡Señor, hay ocasiones que mi garganta se seca de tanto clamar, de tantos gritos de angustia que te piden que escuches mi plegaria! ¡Señor, hay ocasiones que mis ojos se hinchan por las la cantidad de lágrimas derramadas a la espera que atiendas mi llamada! ¡Señor, hay noches que me resulta imposible conciliar el sueño porque los miedos y las inseguridades me atenazan! ¡Señor, tu me observas en la oscuridad de la noche y contemplas mi soledad, mi tristeza y mi dolor por eso te pido que me cobijes con la sombra de tus alas! ¡Señor, alzo mi mirada al cielo y te suplico que me mires con ternura y amor y atiendas mis súplicas! ¡No permitas, Señor, que mi corazón se aparte de Ti y que en la oscuridad de la noche piense que me has fallado porque las cosas no salen como las tenía previstas! ¡Señor, escóndeme a la sombra de tus alas y escucha mi clamor pues hay veces que los miedos me embargan y los problemas que me acechan crean ante mi un desierto de desconcierto y soledad! ¡Señor, soy consciente de que Tú estás presente en mi debilidad y en mis dudas por esto te pido que me escondas a la sombra de tus alas! ¡Dame, Señor, por medio de tu Santo Espíritu la gracia de la paciencia, de la fortaleza interior, de la alegría de la esperanza! ¡Solo espero de Ti, Señor, que escuches mi clamor y mi llamada! ¡Basta con que me escondas en la sombra de tus alas para abrazar tu amor y tu misericordia!

Jaculatoria a la Virgen en el mes de mayo:  ¡María, Madre de la Divina Gracia!, enséñame el camino hacia el Cielo; Tú, llena de Gracia, conviértete en mi  Salvación. Amén.

Y lo que meditamos, también lo cantamos:

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Un comentario en “Sentir la protección de Dios

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