¿A qué me invita los brazos abiertos de María?

La alegría de la Pascua me permite evocar un momento muy relevante en el relato de la Pasión: «Y al pie de la cruz estaba su Madre». Jesús y María compartiendo unidos el sufrimiento. Jesús, en la cruz; María, a los pies de la misma, clavada su alma en cruz de dolor.
Impresiona contemplar la figura de María, en oración, con el corazón roto, al pie del madero santo. La Madre, la que modeló el corazón del Hijo, al que tantas veces debió advertir que se mantuviera fuerte ante las adversidades de la vida, allí estaba con sus brazos abiertos para tomar el cuerpo inerte de su Hijo muerto, desprendido de la cruz.
Los brazos de María, esos brazos que abrazaron al Niño Dios en Belén para dar vida a la vida, toman con el mismo amor en el Gólgota el cuerpo desangrado del salvador del mundo muerto por salvar a la humanidad del pecado.
En ambos casos, los brazos abiertos de la Virgen me invitan a tomar conciencia de mi condición de hijo suyo e hijo de Dios. Y me invitan a abrir mis propios brazos para abrazar y acoger al que sufre, al que nadie atiende, al que va cargado de penas, dolores y tribulaciones, al que necesita consuelo, al que es invisible a los ojos de muchos. Brazos para abrazar al prójimo para que se sienta a protegido, con un abrazo de ternura, de esos que te hacen sentir sostenido cuando los días se convierten en un camino empinado. Brazos que abracen para experimentar y transmitir el perdón. Brazos para cargar la cruz de aquellos que no pueden sobrellevarla.
Mis brazos, como los de María, pueden ser brazos amorosos que transmiten calor y esperanza, compromiso y fidelidad. El amor acompaña siempre los brazos abiertos. Cuando uno cierras los brazos al amor, se queda tan solo abrazándose a si mismo.

 

orar con el corazon abierto.jpg

¡Quisiera, María, tener unos brazos como los tuyos abiertos al prójimo, abiertos a acoger a Cristo con amor y con ternura! ¡María, Madre de la misericordia, ayúdame a abrir mis brazos tantas veces cerrados por el egoísmo y la falta de caridad hacia el hermano! ¡Ayúdame a abrir mis brazos como lo hiciste Tu, María, para acariciar al que sufre, para animar al que está triste, para sostener al que cae, para arropar al que duda, para reconfortar en las luchas cotidianas, para llenar de amor al que está solo! ¡Ayúdame, María, a abrir mis brazos al prójimo para que sean como los tuyos una prolongación del amor de Dios en la tierra! ¡Ayúdame, María, a alzar los brazos hacia Jesús, a través de tu corazón maternal! ¡Tómame, María, en tus brazos y hazme entender la grandeza de tu amor y el infinito amor de Jesús que sufrió por mi tantos tormentos y humillaciones hasta la muerte en Cruz! ¡Y dame, María, la fuerza para sobrellevar con paciencia y serenidad todos los dolores y sufrimientos y no permitas que me acomode en el pecado! ¡Que seas Tu, María, la luz de la esperanza encendida en mi corazón abierto!

Jaculatoria a la Virgen en el mes de mayo: ¡Dame tus fuerzas, María, para que pueda encontrar el camino que en Tu vida Dios nos quiso señalar!

Ella es… María, cantamos hoy con la hermana Inés de Jesús:

 

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