¡Te bendeciré… y sé tú una bendición!

Una frase del Génesis que Dios dirige a Abraham me lleva a no vivir en la comodidad de la fe. «Te bendeciré… y sé tú una bendición». Me impresionan profundamente estas palabras. No estamos en este mundo únicamente para ser bendecidos por Dios, para ser felices con este regalo, sino para bendecir al prójimo. Cada una de nuestras bendiciones deben fluir amorosamente hacia el corazón del otro.
En cada bendición que dirigimos al prójimo Dios habla por nuestros labios y acoge también nuestras propias necesidades.
La grandeza de la bendición al otro, cuando surge de un corazón abierto, alegre, amoroso y misericordioso, es que Dios también bendice tu propia vida por que ¿acaso no dijo Jesús aquello de «dad y se os dará porque en la medida que deis recibiréis?».
Si hay algo extraordinario en mi vida, en mi hogar, en mi familia, en mi trabajo, en mi entorno social o laboral no es solo recibir la bendición de Dios sino que yo pueda convertirme como cristiano y discípulo de Cristo en alma de bendición.
Abraham recibió la bendición de Dios porque, desde la profundidad de su fe, fue capaz de discernir la bendición divina confiando plenamente en la presencia de Dios incluso en los momentos en que las circunstancias de su vida no invitaban precisamente a la claridad. Pero cuando más es uno bendecido por Dios, más espera Él que te vuelques en el prójimo, y así lo hizo Abraham, el padre de la fe. Con la bendición de Dios, Abraham puedo caminar confiado sabiendo que no estaba solo, consciente de que había un poder superior que velaba sobre Él.
Mi propósito hoy es disponer mi corazón para bendecir a aquellos con los que vivo, trabajo y me relaciono, para ser como la luz de Cristo que ilumine su corazón y mirarlos con la mirada de Jesús, especialmente a aquellos que me desprecian, me critican o sienten antipatía por mí. Estoy convencido que con mi bendición ambos recibiremos la gracia de Dios, su misericordia y su perdón.

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¡Señor, dices en el Génesis que «Te bendeciré… y sé tú una bendición»! ¡Con esta autoridad que me otorgas como hijo tuyo quiero bendecir a todos los que me rodean, especialmente a aquellos que me han hecho daño o yo he dañado, a los que me critican o yo he criticado, a los que sienten animadversión por mí o yo por ellos, a los que me han traicionado o yo les he fallado, a los que me hicieron mal y yo respondí con la misma moneda, a los que hirieron mi corazón y yo también les hice sufrir, a los que se alegraron de mis fracasos y yo no estuve a su lado cuando lo necesitaban, a los que me dejaron solo en los momentos de dificultad y yo me olvidé de ellos en sus necesidades! ¡Señor, bendícelos a todos ellos con tu amor! ¡Bendice, Señor, todo lo que mis manos hagan hoy para que se conviertan en bendición para los demás! ¡Bendice, Señor, cada uno de mis pensamientos para que sean como los tuyos y quieran el bien de los demás! ¡Bendice, Señor, mi propia vida y la de los demás, para que sea imagen tuya en la sociedad! ¡Bendice, Señor, mi corazón para que se convierta en fuente de bendición que transparente tu amor! ¡Bendice, Señor, el presente y el futuro de mi vida! ¡Bendice a mi pareja, a mis hijos, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo, a mis padres, a mis hermanos, a mi familia, a mis ahijados, a mi comunidad parroquial, a todos cuanto me encuentre hoy y siempre por el camino de la vida! ¡Bendice,Señor, cada palabra, pensamiento, actitud y sentimiento que surja de mi corazón! ¡Bendice, Señor, cada una de mis preocupaciones y sinsabores, cada alegría y cada triunfo! ¡Bendice, Señor, a los que no tienen donde cobijarse ni que comer, a los despreciados de la sociedad, a los abandonados del mundo! ¡Bendice, Señor, a tu Iglesia Santa, al Santo Padre, a los obispos y sacerdotes, a los consagrados y consagradas, a los misioneros, a los que dan la vida por ti, a los perseguidos por razón de la fe! ¡Bendice a los gobernantes y los políticos de mi país y del mundo entero para que persigan siempre el bien común! ¡Bendice a mi país! ¡Bendice a mi ciudad! ¡Bendice,Señor, cada uno de mis pasos para que me lleven pausadamente hacia la gloria celestial!

Jaculatoria a la Virgen en el mes de mayo: ¡María, Señora de la Misericordia, al igual que tu corazón bendijo a quienes te encontrabas, ayúdame de tu mano a ser bendición para el prójimo!

De bendición en bendición, cantamos hoy:

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Un comentario en “¡Te bendeciré… y sé tú una bendición!

  1. Inicio Oraciones

    ORACION DE MARIA A LOS PIES DE LA CRUZ

    Madre nuestra amorosa,
    tu que en la pasión de tu hijo,
    viste con los ojos de la fe,
    lo que a los ojos de los hombres era
    el Amor de Dios destrozado por el pecado.
    Tu que ante los hechos no perdiste la esperanza,
    tu que fuiste puente entre la Pasión de tu amadísimo
    y su Gloriosa Resurrección, a sabiendas de que:
    NO HAY AMOR MAYOR DEL QUE
    DA LA VIDA POR SUS AMIGOS…

    Aunque la oscuridad visite nuestro camino,
    y sofoque nuestras débiles linternas,
    haz que el brillo de la mañana
    sea para nosotros fuerza en cada día, y…
    aunque la Cruz pueda arrojar sobre nosotros una sombra
    que de momentos parece demasiado grande y oscura,
    intercede ante Dios nuestro Señor para que
    permanezacamos bajo la Cruz como tú,
    para que la mañana de la resurrección
    nos encuentre firmes en la fe.
    Amén

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