¿A qué me invita hoy la Virgen de Fátima?

Coincidiendo con la Ascensión del Señor hoy se celebra la festividad de la Virgen de Fátima. ¿Cómo me conciernen en un día como hoy estas apariciones y los mensajes que María transmitió a los tres pastorcillos portugueses? ¿Afectan en algo a mi vida de fe? La respuesta es contundente: «Sí».
La Virgen me invita a dirigir mi mirada a Dios y a convertirme cada día. Me invita a elevar la mirada al cielo, a orar con el corazón abierto y bendecir a Dios por las gracias que cada día recibo por su amor. Me invita a rezar el Rosario para meditar la vida de Cristo. Me invita a aceptar el sufrimiento en mi vida cotidiana. Me invita a ser santo porque la santidad, como demostraron los tres pastorcillos, no es una cuestión de edad sino de actitud. Me invita a ponerme al servicio del prójimo. Me invita a fortalecer mi fe. Me invita a poner a Cristo en el centro de mi vida. Me invita a la escucha de la Palabra. Me invita a convertir la Eucaristía en el momento más crucial de mi jornada. Me invita a seguir el Evangelio con radicalidad cristiana.
Pero hay más. La Virgen me invita a hacer de mi vida un ofrecimiento constante. a encontrar en la entrega el amor de Cristo. Me invita a ofrecerme a mi mismo para llegar a Jesús. Me invita a dejarme la piel por la causa de Cristo y por el Evangelio. Me invita a convertirme cada día, a un proceso de conversión que pase por la renuncia de mi mismo. Me invita a aceptar los desprecios y las humillaciones por declararme cristiano. Me invita a sufrir por Cristo y sufrir por Ella. Me invita a aceptar la cruz cotidiana. Me invita a ofrecer mi propia vida para unirme a Cristo en la cruz.  Me invita a no aceptar el mal en mi vida. Me invita a creer en la Resurrección de Cristo que vence al demonio y nos restaura a la vida.
Pero la Virgen va todavía más allá. La Virgen habla del cielo y del infierno, de evitar la tentación y el buscar la gloria eterna. De evitar la maldad y abrazar el bien. De rechazar las mentiras del mundo y acoger en el corazón las verdades del cielo. Me invita a rezar por la paz en los corazones y en el mundo, para que éste se convierta, para estar comprometido siempre en el camino de la paz y el amor, es así como me podrán llamar hijo de Dios. Me invita a que el Espíritu Santo se inserte en lo cotidiano de mi vida para llevar mi compromiso de amor, de paz, de perdón y de misericordia a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo, a la sociedad entera.
Fátima es un canto a la esperanza todavía vivo hoy porque es un dirigir la mirada al Corazón Inmaculado de la María, en el que pongo toda mi confianza, mis desvelos y mi esperanza. Si en el rostro de María brilla el rostro de Dios, todo lo que viene de Ella es entonces alegría.
Fátima me concierne y mucho porque puedo volcar todas mis dificultades, mis pruebas, mis preocupaciones, mis desvelos, mis temores y los de los que me rodean en su corazón materno y ofrecerme a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera mandarme como acto de reparación por los pecados por los cuales Él es ofendido, y como súplica por la conversión de los pecadores, yo el primero.

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¡Madre bendita, te apareciste a los tres pastorcillos de Fátima desde el cielo parar ofrecer la posibilidad de sembrar en el corazón de todos los que se acogen a Ti el Amor de Dios que arde en el tuyo! ¡Quiero hacer míos tus mensajes y unirme a tu corazón inmaculado! ¡No permitas, María, que me deje llevar por las tentaciones y el pecado; no dejes que mi corazón desprecie el sentido del pecado! ¡Al igual que los tres pastorcillos de Fátima, concédeme la gracia de hacer siempre la voluntad del Padre y llegar a ser más hermano de tu Hijo Jesucristo, más hijo de Dios y más abierto a la acción del Espíritu! ¡Concédeme, María, la gracia de llevar siempre una vida santa para la reparación de los pecados de los hombres! ¡Concédeme la gracia de peregrinar siempre en confianza hacia tu Corazón de Madre e intercede ante Tu Hijo por nuestras necesidades y las de la humanidad entera! ¡Que como en Caná de Galilea, cumpla lo que me mandas que es escuchar a Jesús y hacer lo que Él me diga y sentir como se derrama sobre mi el exquisito vino de Su misericordia! ¡Virgen Santa, en Fátima no nos prometías una felicidad en la tierra sino en el cielo, nos llamas a una misión trascendente basada en la oración, el rezo del Rosario y la penitencia por la conversión de los pecadores, ayúdame a cumplir tu voluntad en mi vida! ¡Ayúdame a convertirme en una alma de oración, capaz de abnegación para abrirme sin reservas a la voluntad de Dios, capaz de comprender que mis sufrimientos han de ir asociados a la Pasión de Jesús para la renovación del mundo! ¡Madre Santa, necesito que la luz de la salvación de Cristo ilumine mi vida, por lo que te pido que me ayudes a que no se apague de mi corazón la lámpara de la fe! ¡Ayúdame a sobrellevar las pruebas y el peso de la cruz, a amar a pesar de las ofensas, a esperar contra toda esperanza y a ser un instrumento inútil de Jesús, tu Hijo!

Jaculatoria a la Virgen María: ¡Oh, Jesús, te amo!… ¡Dulce Corazón de María, se la salvación mía!

Nos acompaña hoy el Ave María de Fátima:

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