¡Estoy siempre contigo!

Ayer, festividad de la Virgen de Fátima, coincidió con un día muy importante en la vida de la Iglesia: la Ascensión del Señor. Tuve la ocasión de vivir el día de ayer celebrando la Primera Comunión de la hija pequeña de unos queridos amigos. Durante la oración, después de comulgar, me vino a la mente una idea recurrente, una voz del Señor que me susurraba: «Yo estoy siempre contigo». Lo siento verdaderamente porque lo puedo experimentar en mi comunión diaria y en mi vida de oración como también lo experimentará Carolina, la niña que ayer recibió con el corazón a Jesús por vez primera.
El «Yo estoy siempre contigo» ha regresado esta mañana a la oración pero con una perspectiva diferente. Jesús ascendió al Cielo, elevó la naturaleza humana a las profundidades de la vida espiritual y del Reino eterno, y ascendió al Cielo como hombre. Este evento tiene un gran relevancia para cualquier cristiano. Todos sabemos que nuestro viaje en esta tierra es breve y que llegará un día en que dejaremos este mundo y todo lo terreno que lo acompaña. Nuestro camino, nuestra Patria, nuestro verdadero lugar no está en la tierra sino donde el Señor ha ido. Dios no creó al hombre para el sufrimiento sino para acceder a la gloria eterna.
Puede parecer que al ascender al Cielo, el Señor abandona a sus discípulos o, lo que es lo mismo, a todos nosotros.Pero en su Ascensión los lazos espirituales permanecieron intactos. Es la constatación del «Yo estoy siempre contigo». Y estos lazos se transfiguraron cuando el Espíritu Santo apareció de nuevo y así lo podremos experimentar el próximo domingo en la jornada de Pentecostés. Y este lazo tiene un nombre que conforma la creación de Cristo: la Iglesia.
La Iglesia de Cristo es el Cuerpo de Cristo y lo más relevante en nuestra vida en la Iglesia es la comunión con la Sangre y el Cuerpo de Cristo, que es lo que experimentó por primera vez ayer Carolina y lo que a mí me emociona cada día al recibirle en la Eucaristía diaria.
La Fiesta de la Ascensión está marcada por la presencia eucarística porque somos testigos del misterio de la Comunión con el Cuerpo de Cristo. Del mismo cuerpo que fue atormentado en la cruz, que sufrió por la salvación del hombre y que ascendió a la gloria del cielo.
Y el «Yo estoy siempre contigo» me lleva a una meta final: mi alma, mi espíritu y mi corazón deben aspirar a ganar este Reino celestial porque allí es donde se encuentra el destino de mi vida.

 

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¡Señor, que siempre nos muestras el camino del cielo ayúdame a buscar los medios para acercarme más a Dios, para dejar de lado mis preocupaciones y mis sufrimientos y confiar plenamente en Ti para levantar los ojos al cielo y confiar plenamente en tu misericordia! ¡Que mi mirada hacia el cielo sea para contemplar la puerta abierta al reino de los cielos que debe ser mi meta como cristiano! ¡Dame la ilusión por luchar siempre, por no dejarme vencer por los problemas; dame el esfuerzo por alcanzar la santidad para llegar algún día al cielo en el que nos tienes preparados a todos un lugar; alimenta mi esperanza para que la fortaleza de mi fe no decaiga! ¡No permitas, Señor, que el temor me venza y haz que siempre sea en cualquier lugar testigo de tu amor infinito! ¡Te doy gracias, Señor, porque Tu estás en el cielo pero cada día puedo relacionarme contigo en la oración y en la Eucaristía; ayúdame a ser testigo de tu amor en el mundo, ser apóstol de tu Evangelio, discípulo de la alegría cristiana! ¡Hazme, Señor, un instrumento inútil de amor y envíame Tu Santo Espíritu para que haga en mí un hombre nuevo! ¡Y te doy gracias, Señor, por todos aquellos que en estos días de Pascua se acercan por primera vez a recibirte en la Eucaristía, haz de ellos templos del Espíritu Santo y guardianes de la fe en estos tiempos en los que Tu eres apartado de la sociedad y del corazón del hombre!

Jaculatoria a la Virgen en el mes de mayo: María, no permitas que me abandone en la lucha de esta vida, acompáñame en mi caminar cotidiano e intercede ante Jesús para que me otorgue la gracia de compartir eternamente el gozo de su victoria.

El se bajó hasta lo hondo, hermosa canción para acompañar la meditación de hoy:

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